Docentes sanfelipeños realizaron Congresillo relacionado al terremoto de 1812

El ímpetu tesonero que impulsaría a San Felipe como la zona productiva por excelencia en el ámbito nacional e internacional, se vio bruscamente truncada por el terremoto del 26 de marzo de 1812, y lo que no logró el constante amedrentamiento de las autoridades del Cabildo de Barquisimeto por su voracidad dominante de poder imperial, finalmente lo hizo la naturaleza que deshizo el panorama geográfico local dejando la reluciente ciudad colonial en un deplorable escenario de llanto y pérdidas humanas.

Prensa Oficina del cronista SF / Fotos: Marilyn Sáez

Con la obra teatral de los docentes y escolares de la EIB Orasil Hernández y UE Tiuna del Circuito 62, municipio San Felipe, se dio inicio a la actividad.
Con la obra teatral de los docentes y escolares de la EIB Orasil Hernández y UE Tiuna del Circuito 62, municipio San Felipe, se dio inicio a la actividad.

Con una obra de teatro enmarcada en la Semana mayor, protagonizada por los docentes y escolares de la CIB Orasil Hernández y UE Tiuna del Circuito 62, ambientada en los hechos fatídicos del sismo que asoló la ciudad de San Felipe “El Fuerte”, los maestros cultores, directores y estudiantes asistieron al Congresillo: “Consecuencias del terremoto del 26 de marzo de 1812”; un pasaje por la historia de Venezuela, Yaracuy y San Felipe para develar los acontecimientos, causas y consecuencias de la convulsión telúrica, ocurrida apenas a dos años de los hechos del 19 de abril de 1810, con la expulsión de Vicente Emparan y Orbe, el último capitán general de Venezuela. 

La actividad fue realizada en la sala de usos múltiples del Instituto Técnico Rómulo Gallegos, bajo la coordinación de Laura Muñoz, enlace de cultura del municipio escolar de San Felipe, y la participación de los directores y docentes cultores de las diversas instituciones de esta jurisdicción, para escuchar y socializar la charla del cronista oficial de San Felipe, Raúl Freytez, en conmemoración de los 206 años del sismo del 26 de marzo de 1812.

Los docentes de San Felipe durante el Congresillo sobre el terremoto del 26 de marzo de 1812, atentos a la charla del Cronista oficial de San Felipe.
Los docentes de San Felipe durante el Congresillo sobre el terremoto del 26 de marzo de 1812, atentos a la charla del Cronista oficial de San Felipe.

Cepa de fundadores

La ponencia inició con un paseo histórico relacionado al nacimiento de la ciudad del origen, originalmente conocida como el Cerrito de Cocorote, que luego de ser devastada a sangre y fuego el 8 de septiembre de 1724, los vecinos decidieron trasladarse al lugar de Valle Hondo, donde finalmente fundarían el nuevo asentamiento humano que bien pronto se arraigaría con la cepa y  perseverancia de sus colonizadores hasta lograr la real cédula del 6 de noviembre de 1729, y que el primer cabildo de la nueva urbe la convertiría en la ciudad de San Felipe “El Fuerte”.

Desde entonces San Felipe “El Fuerte” prosperó, ya sin la amenaza constante del Cabildo de Barquisimeto, por lo que su producción agrícola y comercial repuntó con marcado éxito a través de la fundación de nuevas haciendas de cacao y caña de azúcar para la fabricación de papelón, desde San Javier y Albarico, pasando por San Felipe y Guama con grandes plantaciones del oro marrón colonial, coincidiendo con el establecimiento de la Compañía Guipuzcoana en 1728, que asumiría el monopolio de la comercialización para los productos que salían y entraban a la Provincia por el cauce del río Yaracuy, afluente vital de lo que habría de ser uno de los centros económicos de mayor importancia en Venezuela que despuntaría con la llegada de los vascos, aseguró Freytez.

Los vestigios arqueológicos por siempre amados de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación.
Los vestigios arqueológicos por siempre amados de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación.

Vestigios de identidad

Pero ese ímpetu tesonero que impulsaría a San Felipe como la zona productiva por excelencia en el ámbito nacional e internacional, se vio bruscamente truncada por el terremoto del 26 de marzo de 1812, y lo que no logró el constante amedrentamiento de las autoridades del Cabildo de Barquisimeto por su voracidad dominante de poder imperial, finalmente lo hizo la naturaleza que deshizo el panorama geográfico local dejando la reluciente ciudad colonial en un deplorable escenario de llanto y pérdidas humanas que sobrepasaron las tres mil almas, destruida su arquitectura histórica pero inmortalizada en el recuerdo colectivo.

El movimiento telúrico ensombreció aún más el panorama de las filas patriotas por la pérdida de la primera república, pues, según el historiador Néstor Rivero (2015), “Dos hechos, que no entraban en los cálculos iniciales de Monteverde, favorecieron su ‘golpe de fortuna’. El primero, el sismo del 26 de marzo de 1812, que repercutió en la caída de la Primera República, por dos circunstancias: una, la destrucción de inmuebles, incluso cuarteles militares, como sucedió en Barquisimeto, donde ese día perdieron la vida oficiales y numerosos soldados. Y la segunda circunstancia responde a la tergiversación que hicieron numerosos frailes al exponer como causa del fenómeno natural “la ira de Dios” por haber sido proclamada la República y desconocer al Rey; en una población profundamente creyente y temerosa de las expresiones del púlpito, tales señalamientos retrajeron adhesiones a las autoridades republicanas”.

Tito Salas plasmó en el lienzo la épica pictórica del sismo, con la obra: El terremoto de Caracas de 1812
Tito Salas plasmó en el lienzo la épica pictórica del sismo, con la obra: El terremoto de Caracas de 1812

Si la naturaleza se opone...

El aterrador terremoto había cobrado alrededor de 20 mil vidas humanas al azotar Caracas, La Guaira, Mérida y San Felipe, que produjo también considerables daños en Valencia, La Victoria, El Tocuyo y Barquisimeto, entre otras ciudades; a saber, el peor sismo que haya soportado Venezuela (8 grados de intensidad en la escala de Richter), con epicentro en Caracas y zonas limítrofes. En ese entonces Bolívar estaba en Caracas, en su casa de la esquina de Las Gradillas, y se acercó a la plaza de San Jacinto donde un grupo de religiosos predicaban a la horrorizada muchedumbre haciéndole creer que el terremoto era un castigo de Dios por haberse separado la Provincia de Venezuela de la autoridad del Rey de España. Se dice que Bolívar trepó entre la ruinas e indignado se situó muy cerca de los frailes predicadores para explicar a la muchedumbre que aquel lamentable fenómeno sísmico era un simple hecho natural ajeno a las ideas religiosas y políticas. Y terminó su intervención con las palabras: «Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca».

Es rigurosamente cierto que, a pesar de la desventura por la que transitaron los residentes de la ciudad mártir, el espíritu afanoso de los sanfelipeños no se desmoralizó, pues luego del rugido de la naturaleza que el 26 de marzo de 1812 irrumpiera con la furia del terremoto para asolar la floreciente ciudad de San Felipe “El Fuerte”, los sobrevivientes, aún con el espanto reflejado en sus rostros, hicieron lo indecible para remover los escombros a fin de rescatar al mayor número de víctimas en una extenuante jornada de varios días, junto al Vicario Bernardo Mateo Brizón, Cura Párroco de la localidad, de quien afirman textos históricos, consagraba la homilía en el Templo de Nuestra Señora de la Presentación ese infausto día en que la naturaleza colérica desfiguró el escenario en una zona de horror y sombras, para levantarse luego de sus propias cenizas con la fuerza de la persistencia, puntualizó Freytez.