"UNA" historia para ser contada

Ese compromiso fue asumido en Yaracuy, un año después de la fundación de la UNA el 27 de septiembre de 1977, específicamente en julio del año 1978, con la designación del profesor Ramón Ignacio Lunar, impulsor de esta maravillosa propuesta innovadora de educación superior en suelo caquetío.

 

Raúl Freytez / Fotos: Archivo UNA / Magaly Martínez

El Prof. Ramón Lunar, fundador de la UNA en Yaracuy, honra al Padre de la Patria en compañía de María Isabel Hernandez, Isbelia Morillo, Ilsa de Freytez y Roger Padilla. (Archivo UNA).
El Prof. Ramón Lunar, fundador de la UNA en Yaracuy, honra al Padre de la Patria en compañía de María Isabel Hernandez, Isbelia Morillo, Ilsa de Freytez y Roger Padilla. (Archivo UNA).

Nuestra vida es un lienzo de retazos donde están dibujados todos nuestros recuerdos; son aquellas memorias propias y las de nuestro entorno. Es entonces cuando la crónica reaviva esos instantes para dar a conocer los hechos resaltantes, y más allá de esa realidad surgen los detalles como volutas de humo o como pompas de jabón; esas pequeñas referencias que pasan inadvertidas para la mayoría de las personas y que son tan vitales por la importancia que representan, pues con esas referencias se enhebra un agradable relato. UNA historia. 

"Los hombres pasan, las instituciones quedan". Con algunos pormenores de este viejo axioma, reconoceremos que nada escapa a la magia y al encanto de la crónica.

Esta hermosa edificación que resguarda y difunde conocimientos, es un fiel testimonio; es la casa de las letras, de tres específicamente, pero que contienen todo el abecedario para formar ciudadanía a través de la excelencia. La UNA: Universidad Nacional Abierta.

En la década del 70 la educación en Venezuela sólo se circunscribía a los centros universitarios presenciales, y de paso en determinadas entidades, con el egreso de un significativo número de nuevos bachilleres a quienes se les dificultaba estudiar fuera de su lugar de origen, y más allá de esa realidad, el hecho cierto de adultos ansiosos de ilustrarse, para entonces de manos atadas por las limitaciones de sus responsabilidades laborales o familiares, que les impedían superarse académicamente, hasta que se produjo la creación de un centro educativo universitario que logró despuntar tras romper las barreras en la forma habitual de estudiar, con programas de educación a distancia hacia la formación de profesionales en áreas prioritarias para el avance del país. 

Educación a distancia en tiempos donde los artefactos tecnológicos más reconocidos eran el fax y las máquinas de escribir, manuales y eléctricas, aparte de que la costumbre era la formación en el aula con un docente determinado para un plantel definido de estudiantes que en esta naciente y moderna modalidad de estudios, el compromiso del aprendizaje recaía directamente sobre el educando para proyectar y organizar su tiempo y así lograr responder a cabalidad y con éxito a las exigencias de lo que se denominó Universidad Nacional Abierta, mejor conocida como la UNA. Tres letras. Una sigla hecha institución.

A los estudiantes se les facilitó material instruccional impreso y el seguimiento de profesionales de reconocidos conocimientos en diversas áreas del saber. (Archivo UNA).
A los estudiantes se les facilitó material instruccional impreso y el seguimiento de profesionales de reconocidos conocimientos en diversas áreas del saber. (Archivo UNA).

Yaracuy asumió el compromiso

A nivel nacional fue un movimiento innovador, transformador en el ámbito educativo, único en el país, en un proceso de formación dirigido por el mismo estudiante, con el respaldo de material instruccional impreso y el seguimiento de docentes y profesionales acreditados de reconocidos conocimientos en diversas áreas del saber y solvencia moral; un proyecto formativo que bien pronto tomó cuerpo y aliento en miles de estudiantes, a nivel nacional, que con el tiempo aplicó nuevas y estupendas estrategias pedagógicas haciendo de este centro universitario, el núcleo de la educación a distancia con múltiples reconocimientos nacionales e internacionales.

Ese compromiso fue asumido en Yaracuy, un año después de la fundación de la UNA el 27 de septiembre de 1977, específicamente en julio del año 1978, con la designación del profesor Ramón Ignacio Lunar, impulsor de esta maravillosa propuesta innovadora de educación superior en suelo Caquetío, acreditado por las primeras autoridades, para entonces con el Dr. Luis Manuel Peñalver, como Presidente del Consejo Universitario, así como del Dr. Miguel Casas Armengol, rector de la UNA; el Vicerrector Académico Miguel Escotet; la Dra. Elizabeth Yabur de Caldera, Vicerrectora Administrativa y el Dr. José Félix Rivas, como Secretario.

Los pasos seguros de Lunar hicieron realidad esta nueva práctica pedagógica en la entidad, específicamente en el Grupo Escolar República de Nicaragua, de la ciudad de San Felipe, cuando su directora, la profesora Francisca “Panchita” Herrera, cedió un espacio en la Biblioteca de ese centro educativo para convertirse en la morada inicial donde se comenzó a captar a los interesados en formarse bajo esta innovadora modalidad pedagógica.

De este modo, Lunar de inmediato empezó a incentivar a las autoridades de la Gobernación, Asamblea Legislativa, Concejo municipal, Curia Diocesana, Cámara de Comercio, medios de comunicación social y gremios profesionales, entre muchas personalidades de la región, a los fines de solicitar apoyo para instituir y desarrollar este proyecto en el estado Yaracuy, ya bajo el lema: “Del pueblo venimos y hacia el pueblo vamos”.

La Universidad Nacional Abierta desplegó sus alas hacia los cuatro puntos cardinales del estado Yaracuy, y en esa perspectiva ya el cielo era el límite. (Archivo UNA).
La Universidad Nacional Abierta desplegó sus alas hacia los cuatro puntos cardinales del estado Yaracuy, y en esa perspectiva ya el cielo era el límite. (Archivo UNA).

Edificio Chimborazo

Luego del positivo impacto que causó esta nueva variante en el modo de formar profesionales universitarios, y con la creación de 19 Centros Locales en el país, con sus respectivas Oficinas de Apoyo, la UNA Yaracuy estrenó sede en el Edificio Chimborazo, ubicado en la Avenida Caracas, entre las esquinas 9 y 10 de la ciudad capital. Desde allí se proyectó lo que fue reconocido como el avance académico de mayor trascendencia en Yaracuy, pues para entonces sólo existía el Instituto Universitario de Tecnología del Yaracuy (IUTY), que ofrecía carreras técnicas, mientras que la UNA logró inscribir una matrícula de 1.300 estudiantes, integrantes de la primera cohorte del Curso Introductorio, bajo la coordinación del profesor Ramón Ignacio Lunar.

A partir de ese paso trascendental, ya la Universidad Nacional Abierta había desplegado sus alas hacia los cuatro puntos cardinales del estado Yaracuy con el ofrecimiento de las carreras: Educación Preescolar; Educación, mención Dificultades del Aprendizaje y Educación, mención Matemática. A esta oferta educativa se sumó la formación en Ingeniería Industrial y de Sistemas; Administración de Empresas y Contaduría. También se incluyó en el pensum Contaduría, mención Riesgos y Seguros, y un poco más tarde se creó la Carrera Educación Integral, mención Lengua y Sociales, de excelente acogida por la masiva presencia de docentes en servicio ansiosos de formarse en el ámbito de la educación universitaria, que luego de cumplir exitosamente con la carga académica, fueron promovidos como profesionales integrales de la docencia, para la primera y segunda etapa de Educación Básica, lo que le otorgó mayor preponderancia a la UNA. En esta perspectiva, ya el cielo era el límite.

Con la llegada de nuevas autoridades, bajo el rectorado del Dr. Héctor Isava, el profesor Ramón Lunar fue llamado a Caracas para dirigir el Centro Local Metropolitano (Caracas y Estado Miranda), para luego desempeñarse como Coordinador del Área de Educación; luego, Coordinador del Subprograma Ciencias del Hombre y Supervisor Académico Regional; también profesor de Postgrado y, paralelamente, asumió la Presidencia de la Asociación de profesores de la universidad (APAUNA), para reivindicar y defender los derechos del personal académico de la Universidad Nacional Abierta.

Durante la gestión del primer Alcalde del municipio San Felipe, Prof. Domingo Aponte Barrios, se consiguió el terreno para construir la sede propia de la UNA . (Archivo UNA).
Durante la gestión del primer Alcalde del municipio San Felipe, Prof. Domingo Aponte Barrios, se consiguió el terreno para construir la sede propia de la UNA . (Archivo UNA).

La UNA tiene sede propia

Son remembranzas que seguramente viajan a través de las redes sociales, y por ende son del conocimiento público, pero muy pocos conocen el valor de la gente que forjó este nombre en la entidad, y por esa razón vale destacar aquellos detalles que son significativos también porque tienen que ver con el sentido de identidad de los sanfelipeños y sobre todo de la yaracuyanidad, pues la UNA, nuestra querida Universidad Nacional Abierta, fue fundada e impulsada a través del esfuerzo y dedicación de gente nuestra, para forjar esta obra de arte hecha institución académica, que recuerda con afecto, también, a los primeros trabajadores: Lucinda Mejías, Ilsa Moreno de Freytez, Roger Padilla y Pedro Alejos, por muchos años administrador de este centro local en su primera etapa. 

Lucinda, conocida por todos como Lucy, bella, amable y siempre dispuesta a servir, estaba encargada de la recepción, excelente funcionaria y amiga confiable de cientos de estudiantes y docentes durante su estadía en la UNA; Roger, es imposible olvidarle. Pertenecía al plantel de obreros como operario de servicios generales; era muy servicial y atento; arreglaba pequeños desperfectos, hacía limpieza del local y se encargaba del multígrafo. Era el amable “utilitis” de la UNA.

De Ilsa Moreno de Freytez no es difícil hablar, ya que es, fue y seguirá siendo ejemplo de pulcritud en el cumplimiento de sus responsabilidades. Fue la primera secretaria ejecutiva de la Universidad Nacional Abierta en Yaracuy; la mano derecha del coordinador Ramón Ignacio Lunar, y durante muchos años, de los coordinadores de este centro del saber en la región, que igual que sus compañeros de trabajo ayudaba en los procesos de inscripción, atendía todo lo relacionado a correspondencias que se enviaba o recibía del nivel central; archivaba, se ocupaba con celo de la caja chica; apoyaba en la contratación de los profesores que aplicaban las pruebas presenciales, y fue la creadora del archivo general del Centro Local. Fueron cuatro personas entregadas con pasión para el surgimiento próspero de esta casa que hoy luce fuerte, orgullosa, viva y esplendente, como alma máter de cientos de generaciones de estudiantes surgidos orgullosamente de este centro de luces, en el lugar que ahora ocupa el Banco Nacional de Crédito (BNC).

Se cumplieron, entonces, cuarenta años de la creación de la Universidad Nacional Abierta a nivel nacional, al conmemorar el 27 de septiembre de 1977, y estamos solemnizando también los treinta y nueve años de cuando sus aulas virtuales se abrieron en el estado Yaracuy, en 1978. Y aquí surge el recuerdo del Liceo Arístides Rojas (LAR), pues en sus aulas, facilitadas por la Zona Educativa del estado Yaracuy y las autoridades del Liceo, los estudiantes presentaban la prueba presencial antes respaldados por los módulos de estudio y el afianzamiento de sus conocimientos mediante la asesoría presencial en el Centro Local UNA, los viernes y sábado, de acuerdo al calendario aprobado para tales fines.

El Prof. Domingo Aponte Barrios, fue primer Alcalde electo por el voto del pueblo y juramentado el tres de enero de 1990, quien ubicó un terreno en las adyacencias de la urbanización San Antonio.
El Prof. Domingo Aponte Barrios, fue primer Alcalde electo por el voto del pueblo y juramentado el tres de enero de 1990, quien ubicó un terreno en las adyacencias de la urbanización San Antonio.

Honor a quien honor merece

Imposible pasar por alto que desde siempre el Prof. Ramón Lunar luchó por conseguir la construcción de la sede propia de la Universidad, lo que al fin se logró durante la gestión del Prof. Domingo Aponte Barrios, primer Alcalde electo por el voto del pueblo y juramentado el tres de enero de 1990, quien ubicó un terreno en las adyacencias de la urbanización San Antonio, al Sur de la ciudad de San Felipe, con el respaldo de la cámara municipal que para ese tiempo presidía el periodista y cronista William Ojeda García. Fue de este modo que se empezaría a construir en 1998 la primera etapa de esta regia y hermosa arquitectura que alberga sueños, saberes y logros muy importantes para el personal y la matrícula de estudiantes yaracuyanos.

Y en ese permanente afán de contribuir en la formación educativa, Lunar llevó también una propuesta al Nivel Central para fundar una Oficina de Apoyo en Tucacas, lo cual se hizo realidad con la inscripción inicial de 200 estudiantes. Posteriormente se creó la Oficina de Apoyo de Puerto Cabello, con una matrícula de 300 alumnos, bajo la Coordinación del Centro Local Yaracuy, con significativos logros. Esta Oficina la dirigió Aracelis Freytez.

Y en ese pasaje por los recuerdos de Ilsa de Freytez, Magaly López de Valles, Faridy Freytez e investigaciones propias, rememoramos la calidad del personal académico, excepcional por intelecto, dedicación y experiencia, así como también al personal administrativo consagrado a servir a la comunidad estudiantil con afecto y entrega total. Es así como recordamos a Elena Useche de Flores, a Expedita Navarro, Luisa Peña de Castillo y Yajaira Sánchez; a Julieta Torrellas, Indira Hernández y Betsabé Tovar. De igual modo a Lérida Narváez y María de los Ángeles Castro, fundadores del servicio de computación; también de las primeras Bibliotecarias: SoraIma Rivero, Zorayma Freytez e Iris Roa; al primer almacenista, Carlos Garrido y María Leonor Mejías, como recepcionista, así como a Migdalia Camacaro de Almarza, Administradora del Centro Local, y Nelis Piña, secretaria de Administración. 

Y entre una maravillosa lista de gente bella y hacendosa, titulares de la plantilla del personal académico asesor de cada especialidad, todos rigurosamente seleccionados, refulgen: Dionisio López, Rosa Latouche, Elio Salcedo, Marina Castillo, Diógenes Hernández, Carlota Díaz y Sirse Pulido; Jesús Acevedo Chapeta, Rafael Ávila, Wilma Yajaira Pérez, Katherine Mora, Charito Rojas y Dilia Altuve; Carlota Contreras de Díaz, Frank Herrera, Sonia Álvarez, Jorge Israel Milla y Rafael Mayora; Juan Pico, Iraima Rodríguez y María Elena Martín; María Isabel Hernández, Isbelia Morillo y Magaly López de Valles; Gladys Bastidas, Francisco Daza, Carmen Castillo de Roa, María de los Ángeles Yaguaraima, Milángela Castillo y Aura Almarza.

La UNA participó en los Carnavales turísticos del año 1995, entre otras actividades sociales y culturales. (Archivo UNA).
La UNA participó en los Carnavales turísticos del año 1995, entre otras actividades sociales y culturales. (Archivo UNA).

UNA es arte

Y como seguimos hablando de institución, y de la gente que la hizo grande e inolvidable, es imposible empacar las memorias del hecho cultural que lleva implícito este hogar universitario, pues cada aniversario fue conmemorado con el arte en las exposiciones pictóricas de la "Escuela de pintura Prof. Manuel Freytez", para exhibir el talento de sus alumnos, cuyas obras son reconocidas más allá de la fronteras patrias.

A estas actividades se unieron también las acciones sociales y deportivas, pues los trabajadores de la UNA participaron en los Juegos Deportivos Universitarios, conquistando valiosas preseas en softbol, futbolito, bolas criollas, ping pong y dominó, y su unión con la comunidad fue permanente con la entrega de alimentos y medicinas a los albergues geriátricos. Ya se decía entonces que la UNA éramos todos.

Pero la cultura también tuvo su asiento de primera fila en la UNA, con la participación de Faridy Freytez en el "Primer Festival de Canto para Empleados Universitarios", en julio de 1996, realizado en el auditorio de la Universidad de Oriente (UDO), en la ciudad de Puerto La Cruz, obteniendo el tercer lugar entre numerosos representantes de la UC, UCLA, UCV, UDO, UNEFM, UNELLEZ, UNEG, UNERG, UNEXPO, ULA y LUZ, entre otra decena de centros universitarios. Lo recuerdo como si fuese hoy, pues le acompañé la canción de Luis Laguna "Poeta", con la guitarra que nos prestó Andrés Fernando Rodríguez, reconocido cantautor de la agrupación musical "Luango de Venezuela", Patrimonio Cultural del municipio San Felipe, desde el seis de noviembre del año 2012.

La UNA conmemoró los 40 años de su fundación con un justo homenaje a los trabajadores jubilados. (Fotos: Magaly Martínez)
La UNA conmemoró los 40 años de su fundación con un justo homenaje a los trabajadores jubilados. (Fotos: Magaly Martínez)

UNA de 40 años

Hermoso el auditorio que honra el nombre de la Dra. Carmen de Roa, un buen instante para hacer mención de la nueva generación de funcionarios de la Universidad Nacional Abierta, tal como las trabajadores de la Biblioteca, hasta ahora sin nombre, atendida por las profesionales en las Ciencias de la información Siomer Hidalgo Serrano y Erika Oropeza, quienes aportaron sus conocimientos sobre el manejo y gerencia de las unidades de información para redimensionar y acoplar a la Unidad de recursos Múltiples de la UNA Centro Local Yaracuy, bajo los estándares de organización establecidos a nivel mundial en cuanto a las bibliotecas universitarias.

Y con el permiso de ustedes invoco el nombre de un ciudadano ejemplar. Se trata del profesor Domingo Aponte Barrios, primer Alcalde electo por el voto del pueblo en el año 1990, quien forma parte de nuestra historia, pues no sólo ofreció el terreno para que se construyera la sede de la UNA, pues fue además el 5to Cronista Oficial del municipio San Felipe; sabio maestro de generaciones, cuya humildad le caracterizó, tan igual como su don de gente y fiel creyente en la palabra de Dios. Con el permiso de ustedes, propongo el nombre del Profesor Domingo Aponte para la Biblioteca de la UNA, con lo cual honraríamos al ciudadano virtuoso y a esta institución ejemplar.

Saludo también con aprecio a la nueva generación de forjadores de identidad y patria a través de esta casa de saberes, a los funcionarios de la Unidad Administrativa: Milányela Castillo, Edward Guerrero, Lisbeth Montilla, Gaudy Torrellas y Greisi Mejías.

Mi saludo afectuoso a Lérida Noguera y Gaumar Rodríguez, de la Unidad de Registro y Control de Estudios, así como también a Carmen Célis, Yasmín Torres, Victor Pérez, María Vizcaya, Katherine Sánchez, Mary Rodríguez y Francis Leal, de la Unidad de Computación.

Destaco de igual modo la pasión y entrega de los profesores de las diversas áreas académicas, la nueva generación de profesionales comprometidos con la educación de calidad: Geraldine Chacín, Emimar Acosta, Juan Riera, Marisela González, Carlos Ordoñez, Ada González, Egilmar Alvarado, Miguel Torres y Ángel Ruiz, todos ellos junto a ese valioso equipo de docentes fundadores, bajo la guía del profesor Carlos Pérez, como Jefe de la Unidad Académica; grande como gente, y gigante como amigo y profesional.

Si acaso omití, por error, algún nombre, ruego me disculpen, pero pueden creer que están de primeros en mi corazón y en el alma de los yaracuyanos.

Así que para mí es un placer ofrecer estas palabras en homenaje a los cuarenta años de nuestra querida Universidad Nacional Abierta, con el agradecimiento muy especial a la Coordinadora de la UNA Centro Local Yaracuy, Elba de Medina, y a todos ustedes por la invitación; honrado además pues aquí hay historia viva que preservo como guardián de las memorias sanfelipeñas. Créanme, es un privilegio sentirme como en mi propia casa, en este cálido hogar de saberes que nos cobija en el nombre de Dios.

Visión, misión, pasión, profesionalismo, sentido de pertenencia y entrega total, son baluartes de identidad. Por eso mi reconocimiento a ustedes, los arquitectos de sueños; la gente que levantó esta morada y la moral de la Universidad Nacional Abierta, por el bien de San Felipe, Yaracuy y Venezuela.

Y vaya nuestro agradecimiento fervoroso para todos, con deferencia a los coordinadores de la UNA en la entidad: Ramón Ignacio Lunar, María Isabel Hernández, Isbelia Morillo, Aura Almarza de López, Carmen Castillo, Jorge Israel Milla, María de los Ángeles de Yaguaraima, Magalys López de Valles y Elba de Medina. Para ellos nuestro aplauso y reconocimiento.

Ya para finalizar, reafirmo que ese axioma de "los hombres pasan y las instituciones quedan", es real, pues en verdad las oficinas, las aulas, la biblioteca, los pasillos perviven; quedan sus sólidos muros de concreto y la dignidad de su nombradía, pero se mantienen vivas por el empeño y amor de quienes tatuaron sus siglas, su imagen, su puesto de honor en la historia, pues la gente, nuestra gente, son las bases y los pilares que sustentan las instituciones, que como la UNA se yergue fuerte, altiva como las maporas sanfelipeñas.

Por eso en cada pared de esta armazón de concreto y acero, hay un corazón palpitando con fuerza; y aunque hoy muchas de esas preciosas personas ya no están con nosotros físicamente, existen eternamente en nuestros recuerdos, y en cada rincón siguen vivas las miradas, los abrazos y suspiros inmortalizados en el esfuerzo del deber cumplido por cada uno de los profesionales egresados y de sus cofundadores. 

Hoy es un hermoso día para celebrar los primeros cuarenta años de este centro de luces eternas. Así que Feliz cumpleaños querida UNA. Eres UNA en un millón. Hoy, más que nunca, podemos reafirmar que la UNA es una preciosa historia metida en el alma de los yaracuyanos; que la UNA es sinónimo de prestigio, que la UNA es la sumatoria de millones de profesionales, en fin, que la UNA somos todos. Que Dios les bendiga.

(Discurso para conmemorar el 40 aniversario de la UNA. Sábado 7 de octubre de 2017)