Los retablos del Viacrucis de la capilla El Cristo de San Felipe (Yaracuy)

El geólogo e historiador catalán, Enric Aragonés, asesor permanente de la Cronistatura de San Felipe, nos escribió desde Cataluña, España, para compartir el producto de sus indagaciones sobre la Fábrica de ornamentos de Iglesia y esculturas religiosas de Justo Burillo, (Valencia, España), donde elaboraron los retablos de las estaciones del Viacrucis situados en la capilla El Cristo, de San Felipe.

Enric Aragonés / Fotos: Magaly Martínez / Rafrequi

Bitácora del cronista. Data: Jueves 01de marzo de 2018. 9:00am

En la Capilla El Cristo, de San Felipe, hay trece retablos del Viacrucis, elaborados en yeso y madera, (uno fue sustraído por manos inescrupulosas). Fueron restaurados por el artista José Luis Díaz. (Foto: Magaly Martínez)
En la Capilla El Cristo, de San Felipe, hay trece retablos del Viacrucis, elaborados en yeso y madera, (uno fue sustraído por manos inescrupulosas). Fueron restaurados por el artista José Luis Díaz. (Foto: Magaly Martínez)

Las promesas deben cumplirse, y fue ése el empeño desde el instante en que el presbítero Arturo Rojas, Párroco de la Iglesia San Rafael Arcángel y Arcipreste de la parroquia sanfelipeña, nos dejó la tarea de investigar en torno a los valiosos retablos del Viacrucis restaurados en el taller del artista José Luis Díaz de la población de Albarico, parroquia del mismo nombre en el municipio San Felipe.

Tal solicitud la formuló durante la homilía para reinaugurar la Capilla El Cristo, el siete de octubre de 2017, cuando fuera bendecida con una solemne eucaristía presidida por el ilustrísimo Vicario General de la Diócesis de San Felipe y párroco de San Jerónimo de Cocorote, Presbítero Ángel Romero, en compañía de los sacerdotes de las iglesias sanfelipeñas y la vecindad de Cantarrana y zonas aledañas al sector El Oasis.

Por tal motivo dedicamos nuestro esfuerzo para investigar en libros y a través de la autopista de la información contenida en la Internet, a lo que se sumó el valioso respaldo del geólogo e historiador catalán, buen amigo y asesor permanente de la Cronistatura de San Felipe, Enric Aragonés, quien nuevamente nos escribió desde Cataluña, España, para compartir el producto de sus indagaciones, en esta ocasión, sobre la Fábrica de ornamentos de Iglesia y esculturas religiosas de Justo Burillo, de Valencia, España, donde elaboraron los retablos de las estaciones del Viacrucis situados en la capilla El Cristo, de San Felipe, al que respondí, a través del correo electrónico, que no tenía otra expresión que pudiera hacerle saber la satisfacción de tan preciada y profusa información, salvo la de Excelente, así en mayúscula. Gratitud, querido maestro Enric.

En la imponente Capilla que resguarda el sagrado Cristo de Cantarrana, se hallan trece retablos del Viacrucis elaborados en yeso y madera, finamente elaborados. (Uno fue sustraído por manos inescrupulosas).

El Vía crucis o Viacrucis, terminología que en latín significa “camino de la cruz”, se convirtió en una de las prácticas religiosas de oración más extendidas entre los seguidores de Cristo Redentor, y tiene que ver con las diversos momentos vividos por Jesús, que con el tiempo se denominaron estaciones donde se destacan los dolorosos instantes camino al Calvario desde que fuera aprehendido hasta el momento de su crucifixión, muerte y sepultura.

Fue de este modo como el camino atormentado del Hijo de Dios se convirtió avivadamente en la meta de multitudinarias peregrinaciones hacia los lugares sagrados por los que transitó Jesús. Al correr de los años se dieron a conocer nuevos escenarios o estaciones. “Varios autores (Riccoldo, Sanuto y Pipin), proponen algunas de ellas. Las primeras que toman cuerpo son las del Pretorio o Eccehomo, el consuelo de las mujeres piadosas o Nolite flere, el encuentro con su Madre o Pasmo de la Virgen y la del Cirineo, y al correr de los años, Félix Fabri añade en 1480 el episodio de la puerta judiciaria (la segunda caída), y divide el lugar del Calvario, considerado en conjunto hasta ese momento, en las cinco últimas estaciones, cada una con su propio lugar de oración y diferenciada de las demás (desnudado, clavado, levantada la cruz, el desconsuelo de la Virgen y el Santo Sepulcro. (…)Pero no todos los creyentes podían ir a Jerusalén a seguir los pasos de la Pasión de Cristo in situ”. (Historia del Vía crucis. Devociones de Estepa. 2011).

En síntesis, la tradición extendida desde el siglo IV, durante el mandato del emperador Constantino, bien pronto tuvo problemas debido a la distancia que dificultaba viajar a los peregrinos, por lo que el papa Inocencio XI concedió a los Franciscanos (1686), el derecho de establecer Estaciones en sus templos y enunció que “todas las indulgencias anteriormente obtenidas por visitar devotamente los lugares de la Pasión del Señor en Tierra Santa, las podían en adelante ganar los Franciscanos y otros afiliados a la orden haciendo las Estaciones de la Cruz en sus propias iglesias según la forma acostumbrada. Inocencio XII confirmó este privilegio en 1694 y Benedicto XIII lo extendió en 1726 a todos los fieles, extendida posteriormente hasta nuestros días con el fin de aproximar más esta acción de fe y piedad al pueblo cristiano”.

Los retablos del Viacrucis durante la etapa de restauración en el Taller del Maestro José Luis Díaz, población de Albarico. (Foto: Rafrequi)
Los retablos del Viacrucis durante la etapa de restauración en el Taller del Maestro José Luis Díaz, población de Albarico. (Foto: Rafrequi)

Marchamo, señal de procedencia

En 10 de febrero próximo pasado me solicita mi apreciado amigo Raúl Freytez, cronista oficial de San Felipe, información sobre el taller de Justo Burillo, sito en Valencia (España), cuyo marchamo se encuentra en el reverso de una de las estaciones del viacrucis de la capilla El Cristo de la ciudad de San Felipe, y me adjunta unas fotografías que dan una idea de la obra. Las imágenes muestran seis retablos en proceso de restauración, además del marchamo de la empresa valenciana. Son: “Ecce Homo” (I), “Con la cruz a cuestas” (II), una de las caídas (III, VII o IX), “Crucifixión” (XI) y “Descendimiento” (XIII); no están numeradas los números se añadieron posteriormente. Me consta que el conjunto no se encuentra completo, a falta únicamente de la estación VII, y que las piezas están obradas en madera y yeso. (B. González, comunicación personal). Es uno de los bienes protegidos de la capilla, junto con el Cristo crucificado que le da nombre, el busto conocido como el Cristo de limpias y la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

En la prensa digitalizada y en la red general hemos encontrado las fuentes de los datos requeridos, con los que esperamos satisfacer la demanda de información. La capilla El Cristo, en sus conocidas Bitácoras, el Cronista nos ha contado la azarosa historia de este lugar de culto, recientemente rescatado del abandono, que pasamos a resumir. Precariamente construida en 1935 como una sola nave con piso de cemento por unos particulares, la “Sociedad del Cristo Crucificado”, fundada en 1939 recibiría posteriormente en donación el terreno sobre el que se asienta. Por recomendación episcopal, empezó a registrar sus actas en 1943, constando en ellas la donación gubernamental de dos campanas construidas en el astillero de Puerto Cabello, y en 1958 una imagen de la virgen de Fátima solicitada por la Sociedad.

En los años 80 la capilla sólo se abría en Jueves Santo para la procesión del Santo Cristo, lo que dejó el lugar prácticamente abandonado hasta que se nombró una celadora, Virginia Capdevielle, en 1987. Su colaborador, Betulio Olmos, donó en 1988 el busto del Cristo de Limpias, al que sacaban en romería. En 1987 se realizaron algunas ampliaciones y compras; se restauraron los retablos y el Cristo. Pero en 1998 el techo estaba deteriorado y no se logró apoyo para su restauración, quedando en condiciones deplorables durante más de tres lustros. Con el derrumbe de una pared durante unas obras realizadas en el exterior, la capilla quedó a merced de los ladrones, desapareciendo la campana pequeña mientras el techo se caía a pedazos.

En 2014 el Cronista consiguió llamar la atención sobre el caso del edil responsable de Patrimonio, así como del Instituto de Patrimonio Cultural de Yaracuy. Tras inspeccionar el edificio se elaboró un informe con el fin de conseguir los recursos necesarios, al amparo del artículo 99 de la Constitución. El mobiliario y las imágenes trasladadas a la Catedral sanfelipeña. (R. Freitez, 2014: La Capilla del Cristo. Crónica de una realidad inocultable). El gobierno del Estado, a través del Instituto de Vialidad y Obras Públicas, se encargó de restaurar la capilla, lo que exigió la construcción de una nueva cubierta y el acondicionamiento y embellecimiento general, manteniendo intacta la característica fachada de estilo colonial. (R. Freitez, 2015: El renacimiento de la capilla El Cristo). Tres años después, se inauguró el renacido templo en 7 de octubre del pasado año. (R. Freitez, 2017: La Capilla El Cristo fulgura en un oasis de paz. Noticia de la inauguración en Yaracultura, 9/10/1917).

Aviso publicitario de la Fábrica de Tejidos de seda y Ornamentos de Iglesia Justo Burillo.
Aviso publicitario de la Fábrica de Tejidos de seda y Ornamentos de Iglesia Justo Burillo.

Noticia del taller valenciano de Justo Burillo

Corriendo el año 1898, el emprendedor aragonés Justo Burillo Serón creó en la ciudad española de Valencia la sociedad en comandita “Ornamentos de Iglesia El Espíritu Santo Burillo y Monzón”, sita en Luis Vives, 5, entresuelo y Paz, 5. En 1901 se anunció la sociedad en el periódico local “Las Provincias”, pero ya en 1902 cambió el nombre a “Fábrica de Tejidos de seda y Ornamentos de Iglesia ‘Justo Burillo’”. Más adelante constituyó una sociedad comanditaria con Martín Casanova Dalfó, de ahí que apostillara el título con “en Cta.” (1910-1913) y posteriormente “& Cía.” (1914-1925). El éxito empresarial llevó a Burillo a la tesorería de la Cámara de Comercio entre 1911 y 1913, si bien es cierto que en 1917 hubo de lidiar con el Sindicato de la Aguja por el despido improcedente de 8 trabajadoras, a las que tuvo que readmitir i aumentar el sueldo. Tras la muerte de Casanova, Burillo prosiguió la andadura en solitario, manteniendo siempre la misma ubicación ciudadana. A finales de 1931, pocos meses después de la proclamación de la República, cesan bruscamente las noticias sobre dicha industria, acaso por fallecimiento del fundador -don Justo desapareció sin dejar rastro y al parecer ya no vivía cuando murió su esposa en 1932-. En 1940, tras un paréntesis de ocho años que termina con el inicio de la postguerra civil, aparece en el mismo domicilio y bajo la dirección de uno de los hijos de don Justo “Ornamentos Burillo, S. L.”, cuya actividad se prolongó durante al menos treinta años.

En la prensa valenciana de la época se encuentran múltiples referencias elogiosas a los productos de la primera época del taller, dedicado principalmente al bordado de suntuosos ornamentos religiosos (capas, túnicas, casullas, ternos, estandartes), empleando para ellos los más exquisitos materiales, incluyendo la plata y el oro, que merecieron diversas distinciones en certámenes nacionales e internacionales -dos medallas de oro en la exposición de París de 1925, entre otras-, así como un encargo de los reyes -un suntuoso manto de terciopelo para la virgen de la Cabeza (1917)-, y la visita del Nuncio Francesco Ragonesi en 1919. Sus trabajos se diseminaron por toda España y llegaron también a América. Así, en 1909 trabajó un estandarte o guión de terciopelo bordado en oro fino para una de las catedrales de Méjico.

En 1919, los anuncios de la casa rezan: “exportación a las Américas”. Según el diario “Las Provincias” (28/04/1919), sus productos se dieron a conocer en países tan lejanos como México, Buenos Aires, Santiago de Chile, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Venezuela, Argentina y otros muchos puntos. En 8/10/1928 recibió el taller la visita del obispo de Guayana Miguel Antonio Mejía, acompañado del deán de Mérida José Clemente Mejía primo suyo y del cónsul venezolano Pedro V. Ruiz de Miranda.

Tras la guerra civil, la casa renace bajo el nombre de “Fábrica de Ornamentos de Iglesia. Ornamentos Burillo, S. L”, pero sus productos dejan de ser noticia de prensa. Continúa laborando en el sector de la aguja hasta, por lo menos, 1971. En la red hemos allegado noticias sobre algunos de sus trabajos: un estandarte y un manto para el paso de la Dolorosa de la Hermandad de San Joaquín de Zaragoza (1940), unos centros para casullas encargados desde la isla de Mallorca (1946), unas dalmáticas para la iglesia de la Font de la Figuera (1946), una vara de mando para la cofradía del descendimiento de Requena (1954), un palio (1958) y un manto (1959) para la hermandad de los Dolores de Gandía, de otro manto para la Virgen del Lledó (1961), encargos no precisados para la iglesia de Beniarrés (1963, 1966), unos estandartes para la hermandad de la Caridad y Oración en el Huerto de Totana (1967), otro estandarte para la Hermandad de la Dolorosa de Gandía (1969) y un manto para la Virgen de los Desamparados de Orihuela (1971). En 2005 y 2006 la agencia tributaria citó a los representantes de la empresa ante la imposibilidad de practicar una notificación. (Diari Oficial de la Generalitat Valenciana, nº 5.042 del 5/07/2005 y 5.181 del 20/01/2006).

La iglesia de Jesús en el Huerto (1934), posee el grupo escultórico que le da nombre al templo. Procede de la casa Burillo desde mediados del siglo pasado. (Foto: Magaly Martínez)
La iglesia de Jesús en el Huerto (1934), posee el grupo escultórico que le da nombre al templo. Procede de la casa Burillo desde mediados del siglo pasado. (Foto: Magaly Martínez)

Obra escultórica

Poco se sabe de la obra escultórica de la casa Burillo. A nivel personal, consta que don Justo poseía dos pasos que prestó para las procesiones del Santo Entierro: “Jesús y la Samaritana” (1913) y “La Verónica” (1914, 1915), cuya procedencia ignoramos. Los encargos escultóricos que han trascendido no fueron muchos y, por lo que hace al ámbito español, tan sólo tenemos noticias de los que se despacharon para el archipiélago canario: la imagen de Jesús Nazareno para el viacrucis monumental de La Laguna (Tenerife, ca. 1912), un monumento para Semana Santa para el cabildo de Las Palmas (1913), un proyecto de altar para la parroquia de La Concepción de Los Realejos que no se llegó a construir; sendos altares para las capillas de Nª. Sª. del Carmen de la Catedral de Santa Cruz de Tenerife y para la imagen del Sagrado Corazón de Jesús de dicha ciudad (1917). En 1931 despacha otras varias estatuas para Tenerife: una Santa Cecilia para la sociedad “La Filarmónica”, de tamaño natural y buen acabado; una Dolorosa de estuco hecha en serie para la parroquia de Santa Cruz (lámina III), un San Cayetano y una Nª. Sª. de las Nieves para la Orotava; noticias todas ellas publicados en la Gaceta de Tenerife. De la relación especial que mantuvo Burillo con las islas da fe el hecho de que en 1915 se interesara por la excepcional colección de tapices flamencos existentes en la parroquia de Santa Úrsula de Adeje (Tenerife), que finalmente no se vendieron, una parte de los cuales puede contemplarse hoy en la vecina iglesia del antiguo convento de San Francisco. (J. Pérez Morera, 2013: El azúcar y su cultura en las islas Canarias: Tenerife, vol. I. Ed. del Cabildo Insular de la Palma).

El P. Benito Cañas encargó en octubre de 1918 otras obras de la casa Justo Burillo en Venezuela para la Parroquia de la Guaira: un pabellón y una nueva urna con el fin de exponer el Cristo de la Salud a la devoción de los devotos, gracias a dos importantes donativos. Todo lo pidió a la casa de Burillo y Cía. de Valencia (España), resultando un conjunto muy digno. También adquirió una artística imagen de Nª. Sª. Del Rosario y un grupo de la Oración del Huerto para el Domingo de Ramos, ayudado por almas generosas. Para la misma capilla adquirió el P. Feliciano en 1924 en casa Burillo las nuevas imágenes de San José, la Inmaculada y San Agustín. Para la Iglesia y Casa de San Agustín (Caracas) construyó Burillo el Altar Mayor, dorado todo él, resultando una verdadera obra de arte. (F. Alonso del Carmen y P. Martínez del Carmen, 1948: Los padres agustinos recoletos en Venezuela, Caracas).

El Museo Arquidiocesano de Mérida conserva una capa pluvial firmada por Burillo, fechada erróneamente en el siglo XIX, probablemente relacionada con la visita episcopal de 1928. (“100 años del Museo Arquidiocesano de Mérida”. Boletín Arquidiocesano de Mérida, 12(34): 189-194. 2010).

Otra preciosa obra de la Casa de Justo Burillo se encuentra en la propia ciudad de San Felipe, específicamente en la iglesia de Jesús en el Huerto, edificada en 1934 a escasa distancia de la capilla El Cristo, que posee el grupo escultórico que le da nombradía y que se saca en procesión los domingos de Ramos. Se sabe que procede de la casa Burillo por la placa que se incrusta en los laterales, y que desde mediados del siglo pasado permanece en su capilla del barrio Caja de Agua. (Yaracultura, 27/03/2013).

Conclusiones

A pesar de que la principal actividad de la casa Burillo fue el bordado, tenemos pruebas de su producción de esculturas, altares y otras piezas para el culto, para lo cual hubo de contar con un taller especializado. Sabemos de esculturas fabricadas hacia el final de su primera época, especialmente tras anunciar en la prensa, hacia 1919: Esculturas: Altares de todos precios. Imágenes en madera, artísticamente tallada y en madera artificial indulgenciable […] Exportación a las Américas; no en cambio durante la segunda, lo que no quiere decir que abandonara dicha actividad. En los años 30 y 40 la casa Burillo, junto con los talleres de Olot, adquirieron un importante protagonismo en el mercado, proporcionando obras de escaso valor artístico, pero a un precio más bajo que lo que costaba una imagen realizada por escultor, factor imprescindible teniendo en cuenta la época. (Hernández Abreu, P., 2013: “Templo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de Los Realejos: su devenir arquitectónico, devocional y artístico entre 1900 a 1978”. Actas de las V Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, Tegueste, 2013, p. 249-265).

No ha sido posible asociar la firma de Burillo con un viacrucis como el de la Capilla El Cristo; de hecho la única referencia encontrada a una obra de esas características se refiere a un escultor valenciano llamado José Tena, fallecido en 1929, construida para el santuario del Castañar de Béjar (Salamanca) en 1917. Por otra parte, se ha comprobado que Burillo no era desconocido en Venezuela, dado que suministró diversas obras escultóricas a instituciones religiosas venezolanas entre 1918 y 1924, y que su taller fue visitado por dignidades eclesiásticas guayanesas y meridanas en 1928.

Al parecer, no hay datos sobre la época en que el viacrucis de El Cristo ingresó en la capilla, pero si no hay constancia de ello en el libro de actas, podría suponerse anterior a 1944, por la misma época en que llegó el paso procesional a su iglesia de Jesús en el Huerto. En cuanto a la fecha de su fabricación, no podría descartarse totalmente que fuera anterior, dado que no tenemos la seguridad de que procedieran directamente del fabricante –podrían proceder de otras instituciones religiosas, en donación o en depósito-. Así podría deducirse a primera vista de la comparación del marchamo del viacrucis con el de la Dolorosa de 1931, ambas con el mismo texto correspondiente a la primera etapa de la firma, anterior a 1940; sin embargo las diferencias factuales (letras impresas sobre aluminio en el primero; en relieve en el segundo) sugieren que nuestro viacrucis es posterior a 1931 y anterior “Ornamentos Burillo” (1940), si bien es cierto que no puede descartarse del todo que en la nueva etapa se aprovecharan rótulos de la anterior. En cualquier caso, debe descartarse de plano la atribución de los retablos de El Cristo al siglo XIX. La fecha aproximada de su fabricación debe situarse en los años 30 o 40 del siglo XX.