La nueva cruz de la Catedral resurgirá del samán caído

Pero los años pasaron inflexiblemente y los enormes tornillos oxidados ya no soportaron el peso de la cruz carcomida por una plaga de termitas, por lo que se considerarán las previsiones inmediatas que el caso amerita para evitar que el nidal de insectos devoradores de madera, invada el interior del templo sanfelipeño.

Raúl Freytez / Fotos: Amir Vásquez - Pedro Hernández - Victoria Proaño

Los enormes tornillos oxidados ya no soportaron el peso de la cruz, carcomida por una plaga de termitas. Los bomberos la derribaron para evitar una tragedia. (Foto: Amir Vásquez)
Los enormes tornillos oxidados ya no soportaron el peso de la cruz, carcomida por una plaga de termitas. Los bomberos la derribaron para evitar una tragedia. (Foto: Amir Vásquez)
La composición gráfica de William Ojeda y Pedro Hernández, testimonian los hechos históricos del 16 de febrero.
La composición gráfica de William Ojeda y Pedro Hernández, testimonian los hechos históricos del 16 de febrero.

De un gigante resurgirá la cruz

Son cosas del destino. Hace pocos días un ventarrón y los años a cuestas derribaron al vigilante colosal que resguardaba la entrada a la ciudad del origen. Moría así uno de los árboles emblemáticos de ese lugar de eternidades resguardado en el Parque Histórico Arqueológico San Felipe “El Fuerte” para dar paso a una nueva vida desde el ámbito espiritual, al destinar su corazón de samán bicentenario, colosal como la historia que escudó por más de cien años, pues podría ser convertido en la cruz de la cúpula de la Catedral, ya que la señal distintiva donde martirizaron a Cristo está carcomida, en fase terminal, plagada de termitas, tanto así que se había transformado en nido de periquitos cara sucia.

La mañana del jueves 16 de febrero sucedieron dos hechos históricos. Por una parte el municipio Cocorote escogía a su primer Cronista oficial, que resultó ser Marcelino Salcedo, reconocido profesional de la docencia, de la crónica y la radiodifusión yaracuyana. Y mientras tanto los bomberos de Yaracuy, con el apoyo de una brigada de sus pares barquisimetanos se vieron obligados a derribar la cruz de madera de samán negro situada en la cúpula de la Catedral hacía ya treinta años, ahora carcomida por una comparsa de insectos, bajo el sol, la lluvia y los años. Unos días antes, había caído el corpulento samán de frondosa capucha verde; el celoso guardián de identidad del Parque Histórico Arqueológico San Felipe “El Fuerte”.

El presidente del ICEY, José Rafael Naranjo, aportó la información en compañía de los artesanos locales. (Foto: Pedro Hernández).
El presidente del ICEY, José Rafael Naranjo, aportó la información en compañía de los artesanos locales. (Foto: Pedro Hernández).

Elaborarán nueva cruz

Pero la muerte no es eterna cuando se inmortalizan los recuerdos. Tanto el samán negro como la cruz podrían resurgir al recordar las frases de William Ojeda García en la crónica “Cayó un guardián de la vieja ciudad” (febrero, 2017): “Ese árbol dejó una siembra en aquel huerto de amor, de historia. La siembra que emerge en un bosque maravilloso que lleva la vida de la ciudad porque se sostiene con abono de ese amor que nunca se acaba”, y tal aseveración es ahora más real que nunca cuando el presidente del Instituto de Cultura del estado Yaracuy, José Rafael Naranjo, recibió instrucciones del primer mandatario regional, Julio León Heredia, para que ordenara la elaboración de una nueva cruz surgida del corazón del árbol centenario, que podría reaparecer apuntando su tablón hacia el infinito azul del cielo, de las manos de los artesanos Mario Rafael Rico y Mauricio Lovera Peña.

La Casa de Dios en San Felipe en dos etapas, albergue de la fe sanfelipeña.
La Casa de Dios en San Felipe en dos etapas, albergue de la fe sanfelipeña.

De la Iglesia Matriz a la Catedral

José Policarpo Reyes-Zumeta, relató en el diario La Religión, bajo el pseudónimo de Felipe de Villafuerte el 20 de Noviembre de 1954, que “(…) fue tan precaria y desconcertante la evolución arquitectónica, religiosa y cultural de San Felipe, pasada su tragedia de 1812, que sólo después de 52 años de tesonero empeño pudieron sus habitantes ver perfilado al fondo de la nueva Plaza mayor, el Templo de armoniosas líneas de ambiente post-colonial que remata su fachada con la euritmia de un arte nuevo muy nacionalista, para marcar indeleblemente en tierras yaracuyanas la perdurabilidad de la piedra sempiterna de Pedro”, al constituirse en la tercera manifestación arquitectónica cristiana de nuestra historia en la imponente Iglesia Matriz, uno de los íconos de mayor abolengo, consagrada el 13 de Agosto de 1864 en el San Felipe renacido, “por el Ilustrísimo Señor Doctor Silvestre Guevara y Lira, Arzobispo de Caracas y Venezuela”, que sería derribada para construir en su lugar la imponente Catedral de San Felipe; la solemne Casa de Dios que dejó sus humildes ropajes de bajareque, piedras, maderos y tejas para engalanarse con las vestiduras del progreso ceñida de acero y concreto, elevando al arco celeste una inmensa cruz de corazón de samán negro de más de dos mil kilogramos, extraído, según se ha dicho, de las selvas de Guayana, apuntando hacia el infinito como muestra de que el cielo es real para quienes comulgan con la fe, morada celestial de las almas nobles.

La Catedral de San Felipe fue inaugurada el 7 de julio de 1973, obra del arquitecto Erasmo Calvani, inspirada en la Capilla de Ronchamp de Le Corbusier, Francia, luego de la creación de la Diócesis de San Felipe, cuyo apostolado asumiría Monseñor Tomas Enrique Márquez Gómez como el primer Obispo que ocupó el cargo el 27 de febrero de 1967.

Esta mole de concreto en obra limpia, es sin duda un testimonio fiel de los avances tecnológicos en el campo de la ingeniería y arquitectura nacional, constituida por perfiles cilíndricos y prismáticos de concreto armado con piedras de mármol gris y negro en el piso. En el centro se encuentra un Cristo de 8 metros de altura, mientras que en el interior de la nave principal, de más de 200 metros cuadrados, se observan hermosos vitrales con representaciones bíblicas elaborados en vidrio francés de St. Gaubin, ahogados en concreto, obra de los artistas Luis Guevara Moreno, Guillermo Márquez y González Boguen.

La cruz de la Catedral fue nido de termitas y pericos cara sucia, pero siempre bendijo los días de los sanfelipeños que jamás la olvidarán. (Fotos Pedro Hernández, Amir Vásquez y Victoria Proaño)
La cruz de la Catedral fue nido de termitas y pericos cara sucia, pero siempre bendijo los días de los sanfelipeños que jamás la olvidarán. (Fotos Pedro Hernández, Amir Vásquez y Victoria Proaño)

La cruz no tendrá olvido

Pero los años pasaron inflexiblemente y los enormes tornillos oxidados ya no soportaron el peso de la cruz carcomida por una plaga de termitas, por lo que se considerarán las previsiones inmediatas que el caso amerita para evitar que el nidal de insectos devoradores de madera, invada el interior del templo, según afirmó Naranjo junto a los funcionarios de Protección Civil, el Cuerpo de Bomberos del estado Yaracuy y sus pares del vecino estado Lara.

Hoy el tiempo renueva su fuerza por encima de las pretensiones de los hombres y entonces afloran a la memoria las letras de Jesús Martín Cepeda, “Bajo el silencio de la vida”, Ciudad de México, 2013: “miro arriba el zenit inmenso que nos abrasa y la superficie se torna en un espejo brillante (…), el tiempo pasa y poco a poco percibo que mi tiempo se agota, el tiempo se me acaba…miro al horizonte y el sol parece ocultarse tras la montaña”, y es entonces cuando avistamos al Chimborazo que ilumina a San Felipe con la brillantez de su verdor sempiterno. Sería entonces el renacer del samán que vigilaba la ciudad del origen y ahora podría resguardar el arco añil del cielo sanfelipeño. Reaparecerá con la fuerza de la fe ante la vista de todos. Que así sea.