Igual que la Cruz, el árbol es un templo

En el siglo III se empezó a usar la cruz, a pesar de ser el símbolo de tortura en el que padeció y murió Jesucristo, quizás como un modo de absolver del pecado capital al tablón teñido con la sangre bendita del Hijo de Dios.

Raúl Freytez / (Fotos: Victoria Patricia Proaño)

Del madero ceñido al cemento. De un tablón carcomido a la ahuecada Cruz de concreto. De un árbol caído al nido de pericos, en el símbolo cristiano de la Catedral. (Fotos: Victoria Patricia Proaño)
Del madero ceñido al cemento. De un tablón carcomido a la ahuecada Cruz de concreto. De un árbol caído al nido de pericos, en el símbolo cristiano de la Catedral. (Fotos: Victoria Patricia Proaño)

Muere el sol cada tarde para darle paso a la noche, por lo que no es tal expiración su agonía, sino un descanso en el tiempo para volver a brillar al día siguiente con la misma intensidad de siempre. Igual son las hojas de los árboles que caen, pero no para morir, sino para consentir su propia evolución en nuevos retoños. Son el abono de su misma existencia.

Mucha gente no ha logrado entender el significado de la muerte, porque pretenden explicarse esa desaparición física desde la óptica de la misma pérdida. Eso sucede cuando el ser que amamos ya no está entre nosotros. Entonces lloramos, damos rienda suelta al sufrimiento; luego sigue el desconcierto y al final hace su aparición la tolerancia. Pero no hay olvido.

Y esa desaparición física no es solo cuestión del destino, también la provoca la mano de los hombres, porque igual sucede con la destrucción de las casas, las calles, las iglesias, los árboles y las cruces que surgen para morir y mueren para nacer nuevamente. El final se produce en un instante, porque si hay algo verdaderamente seguro es la muerte que todo lleva a cuestas desde el mismo instante en que surge o nace, tal como lo afirma Serrano: “Son muchas y muy diversas las formas de cómo la muerte se anuncia: cambios en la corporalidad, en el entorno casero, en el medio ambiente; tanto elementos vegetales como animales pueden expresar la cercanía de estos momentos de la vida”.  (SERRANO, José Fernando. “Hemos de morir cantando, porque llorando nací”. 1998).

Así ocurrió con la vieja Iglesia Matriz de San Felipe, y recientemente con el árbol centenario y con muchos chaguaramos y apamates de la ciudad que han caído por la vejez, ventarrones o por la mano del hombre. Igual pasó con la cruz. También sucedió con muchas casas coloniales para convertir el lugar en centros comerciales. Todo tiene su final. Y su comienzo también.

La madera del árbol centenario aún no está seca, y pasarían muchos meses y quizás años para su óptimo aprovechamiento. (Foto: VPP)
La madera del árbol centenario aún no está seca, y pasarían muchos meses y quizás años para su óptimo aprovechamiento. (Foto: VPP)

La madera para la nueva Cruz

Se había dicho que la nueva cruz podría surgir del samán caído frente al portal del Parque Histórico Arqueológico San Felipe “El Fuerte”, pero su madera aún no está seca y pasarían muchos meses y quizás años para su óptimo aprovechamiento, pues antes debe ser sometida al traslado, aserrado y secado. Algunas personas arguyen que hasta hay un paso de luna específico para talar los árboles, pero este árbol no fue talado, sino que cayó por su propio peso, según indicó José Luis Terán, uno de los obreros que le hizo el mantenimiento preventivo a la segunda cruz de la Catedral, con la inspección del ingeniero William Mujica, director del Instituto Autónomo de Infraestructura (IAI) durante el gobierno de Carlos Giménez. Para entonces, se limpió el techo y el frente de la catedral con una hidrolimpiadora (Hidrojet), hace apenas unos diez años. Es decir, aún hay mucha tela para cortar en torno al tema.

En relación a la cruz, en necesario buscar la raíz del problema y eso tiene que ver con el exterminio de las plagas de termitas que pueden estar anidadas en los árboles de apamates que circundan la Catedral. Y luego se puede entonces tratar el tema de plantar una nueva cruz, y esta vez de un tronco más fuerte y no del histórico samán como se había planteado en primera instancia, sino de una madera más dura que podría ser de nogal, bálsamo, roble o teca; un tablón más resistente a las inclemencias del tiempo y al ataque de los insectos.

Quizás uno de los maderos más valorados y apropiado, es el denominado “Gateado”, proveniente del árbol del mismo nombre (Astronium graveolens), conocido también como ronrón o ciruelillo, veteado con bandas longitudinales oscuras, muy apreciado por la fortaleza para soportar las inclemencias del tiempo, al ataque de insectos y a los elementos de la naturaleza; tanto así que es usado para construir la quilla de los barcos, postes, vigas y armazones en áreas marinas, bien denominado el mármol de las maderas. Pero en cuanto a la escogencia de la madera adecuada ya anda la gente del Instituto de Cultura del estado Yaracuy (ICEY), según afirmaciones de José Rafael Naranjo, proyectando la construcción de la nueva cruz con un árbol seco de samán aserrado en la zona de Jobito, en San Felipe.

La primera representación gráfica de la Cruz fue el “grafito de Alexámenos”, luego el Ictus (ichtus o ichthys), con la silueta de un pez; posteriormente el Crismón, simbolizado en las letras griegas Χ y Ρ entrelazadas, hasta llegar a la Santa Cruz.
La primera representación gráfica de la Cruz fue el “grafito de Alexámenos”, luego el Ictus (ichtus o ichthys), con la silueta de un pez; posteriormente el Crismón, simbolizado en las letras griegas Χ y Ρ entrelazadas, hasta llegar a la Santa Cruz.

Al principio fue un pez, no la cruz

Hay muchas interrogantes sobre este símbolo cristiano, pero se sabe que tuvieron que pasar muchos siglos para que los cristianos decidieran representar su devoción al Cristo Redentor con el emblema de la Cruz, pues antes fue considerada como un instrumento de castigo y tortura para los judíos, asesinos y esclavos rebeldes en la que morían lentamente, indigno y enormemente triste, además, por el martirio que padeció el Hijo de Dios. Y por tal razón los creyentes se anunciaban en secreto con la silueta de un pez: el Ictus (ichtus o ichthys), que en griego significa “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”. (Dölger, Franz Joseph. ICHTHYS 1. Metzler Peter Verlag 1999- 2000).

Esta previsión -de mantener en secreto la creencia en la fe cristiana- se mantuvo vigente por mucho tiempo pues los cristianos fueron perseguidos, acosados, martirizados y linchados, hasta que se originó el Edicto promulgado en Milán en el año 313, firmado por Constantino I “El Grande” y Licinio, regentes de los imperios romanos de Occidente y Oriente, para establecer la libertad de religión en el Imperio romano, propiciando el fin del acoso a los cristianos y la sorprendente expansión del cristianismo en el mundo.

Para entonces el emperador Constantino popularizó el uso del Crismón, simbolizado en las letras griegas Χ y Ρ entrelazadas en una delgada barra vertical horizontal, que fueron consideradas como iniciales de Cristo. Paralelamente -en el siglo III- se empezó a usar la cruz a pesar de ser el símbolo de tortura en el que padeció y murió Jesucristo, quizás como un modo de absolver del pecado capital al tablón teñido con la sangre bendita del Hijo de Dios. “Ya se hablaba de ´los religiosos de la cruz’ al referirse a los cristianos. En los primeros íconos se muestra a Jesús triunfante saliendo de la cruz; recién en la edad media se representa a Jesús sufriendo o fallecido en el crucifijo. Es digno de mencionar que no se conservan vestigios del uso del ícono de la cruz durante los dos primeros siglos del cristianismo, pues representaba un método de tortura especialmente doloroso”. (History of the Christian Church. J. F. Hurst, Nueva York, 1897).

La primera representación gráfica de la cruz y el martirio de Jesucristo el “grafito de Alexámenos”, fue descubierta en 1857 en una pared de la edificación denominada “Domus Gelotiana”, desenterrada en el Monte Palatino, durante el mandato del emperador Domiciano (año 85-95 d.C.). “Pocas personas saben que una de las representaciones más antiguas que conocemos de la crucifixión de Cristo no es una hermosa imagen del Señor, ni siquiera un intento piadoso de los primeros cristianos por recordar a Jesús en su Pasión. Es, por el contrario, una burla: un crucificado con cabeza de asno. Se encuentra en Roma, y fue dibujada por algún desconocido para burlarse de Alexámenos –un joven cristiano– por su fe en Cristo. Debajo del dibujo aún se puede leer la siguiente inscripción en griego: “Alexámenos adorando a su Dios”. (Kenneth Pierce. “Alexámenos adorando a su Dios”. 2015).

La Cruz fue el hogar de una pareja de pericos cara sucia (Aratinga pertinax). Discutir el por qué y el cómo, es el plan de la lucha por la razón.  (Fotos: VPP)
La Cruz fue el hogar de una pareja de pericos cara sucia (Aratinga pertinax). Discutir el por qué y el cómo, es el plan de la lucha por la razón. (Fotos: VPP)

El árbol es mi templo

Y de ese pueblo cristiano surgieron también nuevas voces unidas al rescate de este bien cultural, con texto y fotografía, bien por la caída del viejo samán y del derribamiento de la cruz de la Catedral: “La madera es eterna, se renueva con el padre fuego y madre tierra. Ver un samán guardián de tierras sacudidas sobre una iglesia es el logro de toda alma originaria. La madera posee el ADN de un guerrero bendecido por el Sol, por las aguas; sacudido por los cuatro vientos y parido de la tierra mágica. Un árbol es la verdadera bendición para un pueblo. Es la real fe. Un árbol es un cuerpo. Es vehículo. Es mujer y hombre. Cuando logremos sentir que todos los días son nuevos, cuando recuperemos la memoria ancestral, nos despojaremos de todos los miedos que hoy son renovados por las termitas. Discutir el por qué y el cómo, es el plan de la lucha por la razón. Mi visión y sentir por los símbolos se basan en el amor y aporte a la evolución humana. No contienen el dominio de un sistema. Soy una creadora autónoma al servicio humano. Recuerden siempre esa fecha, es historia. El árbol es mi templo.” (Victoria Patricia Proaño. “El árbol es mi templo”. Febrero 2017).

De modo que la cruz de la Catedral de San Felipe, como símbolo de la fe que tenemos en Dios, fue noticia en San Felipe y sigue siéndolo en el alma de los feligreses, pues muchos vecinos se sintieron atribulados pues desconocían el motivo de la “destrucción” de ese bien cultural, y no rescatado como era lo lógico, que ya se explicó con detalles en la crónica “La nueva cruz de la Catedral resurgirá del samán caído” (bitacoradelcronistasf.jimdo.com febrero 2017), lo que motivó a la Oficina del cronista a compartir estas reflexiones sobre la importancia de rescatar, preservar y difundir los recuerdos del ayer pero también los del presente que bien pronto pasaron a formar parte de la historia regional y municipal. Y por ello el respetuoso exhorto a las autoridades regionales y municipales con competencia en materia de prevención y mantenimiento de nuestros bienes patrimoniales, y que sea esta una lección para evitar futuras tribulaciones en el alma del pueblo que desea mantener intacto su patrimonio cultural y arquitectónico, que es igual hablar sobre la protección de nuestro gentilicio, y aunque surjan nuevos obstáculos todos estemos unidos en un solo objetivo, preservar el sentido de la yaracuyanidad por los siglos de los siglos en nombre de la Santa Cruz.