Gerardo Aular se fue a dar serenatas al cielo

Aular, desde joven se apasionó por la música, y la falta de recursos no fue impedimento para que tuviera sus propios instrumentos musicales pues lo fabricaba él con latas de manteca "Los tres cochinitos" y un pedazo de madera que convertía en diapasón acariciando los espacios sin trastes de la tosca varilla, para sentir las musicalidades desde su alma porque las cuerdas eran de pabilo.

Raúl Freytez / (Fotos: Magaly Martínez)

Bitácora del cronista. Data: Martes 18 de septiembre de 2018. 09:23am

El "Cámara" Gerardo Aular fue discípulo del maestro Rodrígo Riera, y se hizo cómplice de las noches serenateras. (Foto: Magaly Martínez)
El "Cámara" Gerardo Aular fue discípulo del maestro Rodrígo Riera, y se hizo cómplice de las noches serenateras. (Foto: Magaly Martínez)

La madrugada del lunes 17 de septiembre de 2018 enmudeció la guitarra del Cámara Aular. Las cuerdas callaron sus melodías; lloran tangos, valses peruanos y venezolanos, milongas y boleros. ¿Cuántas lunas escucharon su acento, y cuántas ventanas se abrieron en la nocturnidad para agradecer las serenatas? Esas respuestas se las lleva con él, pero aquí pervivirán en el recuerdo de los serenateros sanfelipeños.

Para los noctámbulos de las oscuras noches serenateras sanfelipeñas siempre fue grato escuchar los acordes melodiosos surgidos de la “tabla” del “Cámara” Gerardo Aular; sí, la “tabla”, así llamada también la guitarra que siempre le acompañaba para interpretar tangos, milongas, valses, boleros y muchas piezas musicales del chueco Rodrigo Riera.

Fueron incontables esas tenidas nocturnas, e innumerables también los amigos a quienes acompañó en infinitos cancioneros junto a las guitarras de Enriquito Tirado Espinoza, Ennio Jiménez Emán, William Alvarado y José Luis Gutiérrez, junto a diversas voces, y su inconfundible acento cuando interpretaba los tangos con la mano diestra suelta rasgando las cuerdas de su guitarra, bien al pie de una ventana o en agradables tertulias caseras.  

Gerardo Aular siempre llevó la música en el alma y su estilo era inconfundible, diestro en la guitarra.
Gerardo Aular siempre llevó la música en el alma y su estilo era inconfundible, diestro en la guitarra.

Llevó siempre la música en el alma

Aular, desde joven se apasionó por la música, y la falta de recursos no fue impedimento para que tuviera sus propios instrumentos musicales pues lo fabricaba él con latas de manteca Los tres cochinitos y un pedazo de madera que convertía en diapasón acariciando los espacios sin trastes de la tosca varilla y sentía la música dentro de su alma porque las cuerdas eran de pabilo.

Hasta que esos sueños se hicieron realidad, pues al cumplir 15 años había comprado con su primer salario una guitarra, instrumento que lo llevó a ser un músico de reconocido talento en el ámbito regional y nacional, gracias a los conocimientos que adquirió de su primer maestro, el guitarrista barquisimetano Martín Giménez.

Con Giménez no solo aprendió lo básico de este hermoso instrumento musical, sino también a rescatar del olvido innumerables piezas musicales que ya casi nadie cantaba y que él revivió con talento y hermosura, por lo que muy pronto se dio a conocer entre sus allegados y amigos acompañando el cálido acento de artistas yaracuyanos, tal como el caso de Faridy Freytez quien afirmó que “él cantaba y acompañaba en segunda voz las canciones de Armando Arteaga, de Juan Ramón Barrios y muchos boleros entre los que destacaban: Tres palabras, Cómo me gustas, Amorcito corazón, La gloria eres tú y Labios rojos. Llevó siempre la música en el alma. Fue un hombre bueno, honrado y gentil. Que en paz descanse”.

 Se hizo conocer por su don de gente y por el rescate de muchas canciones que casi nadie cantaba. (Foto: Magaly Martínez)
Se hizo conocer por su don de gente y por el rescate de muchas canciones que casi nadie cantaba. (Foto: Magaly Martínez)

Serenatas en el cielo

Luego de Martín Giménez, conoció al maestro guitarrista Rodrigo Riera, y con él afinó la habilidad con la que bien se daría a conocer en el mundo artístico, entre amigos y admiradores. Su talento fue muy reconocido en la época y cumplió compromisos profesionales en matrimonios y cumpleaños, pero también en la radio y lugares nocturnos como ambientación musical en vivo, junto a varios grupos entre los que se destacó el renombrado trío “Los Galanes”, integrado entonces por Efraín Guevara, Ramón Salcedo, Luis Garranchán y Armando Arteaga, pero se dio a conocer mucho más con el dueto que formó al lado del gordo Jorge Alcalá.

Y entre sus sempiternos amigos se destacan los asiduos visitantes de la granja “La Chapa” del reconocido empresario y amigo Carlos Torrealba; un lugar donde se reunían al menos 30 guitarras en una sola tenida musical con melodías latinoamericanas de todos los tiempos en una zona que en la actualidad es la urbanización Arcoíris hasta la posada Momentos cercana a la avenida Alberto Ravell del municipio Independencia.

Y entre sus muchos amigos que hoy le despedimos con afecto al horizonte eterno, se recuerda a Rudy Kreubel, Enrique Tirado Espinoza, Norma Velarde, Raúl y José Luis Gutiérrez, Pablo y Enrique Tirado Reyes, Alberto Puche, Nicolás Ojeda García, Nicolás Capdevielle, Luis Garranchán, Héctor “Tico” Camacho; Raúl Ramos Giménez, Nelson “Conejo” Bortone, Ramón Galíndez, Enrique Domínguez Capdevielle, Los hermanos Pifano Garrido, Luis Camero Peña y Héctor Carabaño, entre muchos “cámaras”, muchos de los cuales ya partieron al horizonte eterno.

Su presencia fue muy activa en la “Granja Ladera” del Dr. Enrique Domínguez, en la actualidad Valle del Río, donde cantó y acompañó al tenor de Venezuela Alfredo Sadel, lugar de obligatoria presencia para los amantes de la bohemia.

Largas y agradables tenidas musicales se escenificaron en el salón Alberto Ravell del Colegio Nacional de Periodistas seccional Yaracuy, con el “cámara” Aular, rodeados de Pablo y Enrique Tirado Reyes, así como de Rafael Zárraga, Nicolás Capdevielle, Oriol Parra, Alberto Rubio y este servidor (al turno en guitarra con Enriquito Tirado Espinoza), mientras se escuchaban los tangos a dos voces con Zárraga y Aular: “Tomo y olvido”, “Volver” y “Por una cabeza”.

Su avanzada edad, y la condición de salud no le dieron más chance y su último aliento lo dio en la tierra que más amó: San Felipe. Nuestro abrazo fraterno a sus hijos María Luisa, Nancy y Gerardo. Ahora el "Cámara" dará las hermosas serenatas en el cielo.