Cayó un guardián de identidad de la vieja ciudad

Y ese árbol, gigantesco, robusto, hermoso en su magnífica presencia, resguardaba la entrada principal de la ciudad colonial San Felipe “El Fuerte.” Se desplomó el tallo pero los dedos vigorosos de la raíz siguen enterrados en el alma de ese suelo por siempre sagrado.

William Ojeda García / Fotos: WOG - Omar Yépez

Cayó el celoso vigilante del portal que resguarda los vestigios de la vieja ciudad de San Felipe "El Fuerte". (Foto: William Ojeda García)
Cayó el celoso vigilante del portal que resguarda los vestigios de la vieja ciudad de San Felipe "El Fuerte". (Foto: William Ojeda García)

Hace apenas unas horas, en breves segundos como aquel fatal terremoto del Jueves Santo en 1812, cayó un símbolo sagrado de la vieja ciudad de San Felipe “El Fuerte”. El samán centenario que había sobrevivido a la entrada del histórico Parque San Felipe “El Fuerte” sucumbió ante la furia de la naturaleza; se desplomó como el luchador que no soportó el fuerte embate de la brisa, un oponente más fuerte lo tumbó de un golpe. Muere así el viejo guardián de la ciudad del origen.

Cayó el árbol centenario que ocupaba ese espacio de identidad, de lucha tenaz, de infinito amor por el gentilicio, igual que el soldado “gigante” que custodiaba el templo de Nuestra Señora de la Presentación en el portón principal de la Iglesia. Con él muere también un poco de la memoria histórica de ese vergel de identidad.

Ya el cronista de la ciudad, Raúl Freytez, lo había escrito, refiriéndose a los vestigios de la ciudad del origen cuando conversamos él y yo sobre la creación de los “Guardianes de identidad”; una orden de honor para enaltecer los méritos de los personajes que le dieran a San Felipe y Yaracuy lo mejor de sí mismos en el arte, la cultura, la historia, el patrimonio. En fin, se creó la condecoración “Orden San Felipe El Fuerte, Guardianes de Identidad”, en su única clase, para honrar y distinguir a ciudadanos ilustres de la ciudad de San Felipe, y a quienes se destaquen o se hayan destacado en alguna actividad orientada al desarrollo de la investigación, estudio, conservación y difusión del conocimiento de la historia regional, o bien que se hayan destacado en la promoción y comprensión de los valores de identidad a través de los personajes, leyendas, costumbres, tradiciones, símbolos y valores municipales, y al fortalecimiento de la cultura y tradiciones del estado Yaracuy. Y ese árbol también fue uno de los guardianes de identidad igual como somos todos los sanfelipeños enamorados de nuestro gentilicio.

Muere un gigante verde, pero seguirá vivo eternamente en el recuerdo de los sanfelipeños.
Muere un gigante verde, pero seguirá vivo eternamente en el recuerdo de los sanfelipeños.

Se desploma un gigante

Y ese árbol, gigantesco, robusto, hermoso en su magnífica presencia, guardaba la entrada principal de la ciudad colonial San Felipe “El Fuerte.” Imponente, marcial, firme siempre aunque sus ramas se doblasen hacia el espacioso azul del cielo. Se desplomó el tallo pero los dedos vigorosos de la raíz siguen enterrados en el alma de ese suelo por siempre sagrado.

A San Felipe “El Fuerte” no le tronchó definitivamente la vida aquella sacudida sísmica en la hora de la homilía, en los salmos a Cristo en la iglesia de Nuestra Señora de la Presentación, porque la ciudad con todo aquel tumulto de huesos entre zanjas y escombros cargó con su dolor y llanto para perpetuarse como la ciudad que nunca murió.

Por eso sus guardianes siguen vivos. Hoy cayó sólo uno de ellos. Se desplomó uno de sus ídolos que la propia naturaleza puso en pie para cuidar lo que quedó en aquel escenario de historias, y así pudo tomar camino espléndido, alegre, festiva, con su lucha en voluntad de un pueblo yéndose hacia la victoria en guía de su sol que nunca lo abandona, tomando la ruta de su nuevo destino dándonos su ejemplo por encima de los designios divinos de las alturas.

Ese árbol dejó una siembra en aquel huerto de amor, de historia. La siembra que emerge en un bosque maravilloso que lleva la vida de la ciudad porque se sostiene con abono de ese amor que nunca se acaba.

Majestuoso, siempre verde, custodió el portal que da paso a los vestigios históricos de la ciudad del origen. (Foto: Omar Yépez)
Majestuoso, siempre verde, custodió el portal que da paso a los vestigios históricos de la ciudad del origen. (Foto: Omar Yépez)

Seguirá vivo en el recuerdo

Hay quienes dicen que la muerte es un camino con retorno, sólo un tránsito para seguir viviendo. Nuestro vals “Morir es Nacer” lo asoma en notas poéticas para la reflexión. La brisa furiosa y los mismos años, derribaron un árbol barbudo y enorme, que como celoso vigilante, contó las almas que se solazaron en su sombra exquisita como fiel testigo mudo del frondoso bosque, cuidando los retazos de San Felipe “El Fuerte”

Los vientos enfurecidos lo desplomaron, pero ni aquella saña inmisericorde de la hecatombe de la sacudió no pudo hundirlo todo ni esconder su vida bajo aquellos muros, porque la ciudad junto a ese bosque que floreció con el tiempo pudo imponer su carácter, la entidad de su ser, su vida, su fe. Aguantó con coraje y honor las horas del tiempo, los minutos de los años para sobrepasar el agujero del infinito.

Y la historia continúa, la lección continúa, el ejemplo de aquel pueblo sigue y sigue. Seguirá germinando el bosque regándolo con gotas de cariño y cada árbol en su lenguaje continuará contando la epopeya de San Felipe “El Fuerte”, de los grandes personajes que es su pueblo que siempre anda adelante sobreponiéndose a obstáculos porque ese mismo pueblo sostiene su tarea perenne para ayudarla a caminar y será siempre la ciudad aguerrida, luchadora, bella, noble y hospitalaria que podemos colocar orgullosos ante los ojos del mundo. Cayó un árbol, pero seguimos de pie muchos más de nosotros los árboles vivos del pueblo. La crónica no te abandonará querida ciudad.