1ero de mayo buen día para exaltar el gentilicio

El 1ero de mayo es significativo para los sanfelipeños, pues se conmemora el Día del Apóstol Felipe, y también celebramos el día de la ciudad de San Felipe (287 años); recordamos el paso a la historia de Venezuela del coronel José Joaquín Veroes (208 años), y aplaudimos los 108 años del nacimiento del ilustre médico Félix Pifano Capdevielle.

Raúl Freytez / Fotos: Magaly Martínez

La ciudad de San Felipe, capital del estado Yaracuy, conmemora tres fechas relevantes de su historia. (Foto: Rafrequi)
La ciudad de San Felipe, capital del estado Yaracuy, conmemora tres fechas relevantes de su historia. (Foto: Rafrequi)

Grato el instante para conmemorar un día tan importante para toda la ciudadanía de San Felipe y sus barriadas, así como las parroquias San Javier y Albarico; todos de júbilo por el hecho histórico que marcó pauta en el acontecer político, social, económico, cultural y religioso de este suelo bendecido por Dios Todopoderoso.

Y no es para menos, pues se conmemoran tres fechas muy significativas y relevantes para los sanfelipeños, Yaracuy y Venezuela. En primer término el primero de mayo se cumplen 287 años de un acontecimiento evidentemente revolucionario para la época, cuando las autoridades del primer Cabildo instalado en el sitio de Valle Hondo decidieran pasar por encima de una orden real al cambiarle la designación de ciudad del Cerrito de Cocorote, calificada así por la Real cédula del 6 de noviembre de 1729, firmada por el Duque de Anjou, nieto de Luis XIV, mejor conocido en la historia como el rey Felipe V, monarca español en 1700.

Pasar por encima de una orden real era considerada de alta traición juzgado con la pena de muerte, y a ese riesgo se expusieron y enfrentaron los primeros regidores del Cabildo el 1ero de mayo de 1731 cuando decidieron cambiar la designación de la Real Cédula del 6 de noviembre de 1729 para asumir el nombre de Ciudad de San Felipe “El Fuerte”, en honor al evangelista Felipe como Patrón Espiritual, día que corresponde -según el Santoral Católico- a los Apóstoles San Felipe y Santiago, y se ha dicho que en agradecimiento al rey Felipe V por haberle otorgado condición de ciudad al Cerrito de Cocorote y se puede inferir que para evitar cualquier represalia de la corona española por violentar una disposición real.

Lo del calificativo “El Fuerte”, se debe a la perseverancia de las familias fundadoras que no escatimaron esfuerzos para fundar su propio pueblo desligados de los atropellos del gobierno de la Nueva Segovia de Barquisimeto, cuyas autoridades echaron por tierra los primeros intentos fundacionales en 1710, 1717 y finalmente en 1724, violentando sus hogares y plantaciones en los espacios geográficos del Gran Valle de Vararida.

Río Yaracuy a su salida al Golfo Triste del mar Caribe en el sitio de Boca de Yaracuy. (Foto Magaly Martínez)
Río Yaracuy a su salida al Golfo Triste del mar Caribe en el sitio de Boca de Yaracuy. (Foto Magaly Martínez)

La salida al Mar Caribe

Aquí es muy válido preguntarnos ¿qué buscaban las autoridades del Cabildo español anclado en Barquisimeto? Para nadie es un secreto que las tierras del Yaracuy son muy fértiles, y además está surcado por un majestuoso torrente hídrico que unía tierra firme con el mar para mercantilizar con los buques de banderas inglesas, españolas y holandesas a través del lugar conocido como Boca de Yaracuy, en el Golfo Triste del Mar Caribe.

Se trataba del río Yaracuy, para entonces majestuoso ancho y profundo por donde bogaba la economía a raudales, que muy bien podría haber sido utilizado por el gobierno español desde Barquisimeto hasta Valencia, pasando por este lugar que aún no tenía nombre. Es decir, era una estrategia eminentemente de tipo política y económica impedir que aquí se produjese asentamiento poblacional alguno. Esa razón y evitar el auge del contrabando fue lo que impulsó al gobierno español acantonado en Barquisimeto a impedir que las familias de origen canario levantaran un poblado en tierras caquetías.

Por tal motivo es relevante destacar la perseverancia manifiesta de estas familias fundadoras, quienes soportaron atropellos y vejaciones de toda índole pero jamás cesaron en su empeño por hacer realidad el anhelo de tener un pueblo propio. Y sobrellevaron con fortaleza la primera arremetida en 1710 cuando les destruyeron las siembras y los ranchos, e igual en 1717 en otro lugar del Gran Valle de Vararida con la destrucción de los labrantíos y rancherías, hasta que finalmente se asentaron a cuadra y media del pueblo de Misiones de San Jerónimo de Cocorote en una colina que la misma población denominó El Cerrito. Ese lugar creció vertiginosamente por el esfuerzo de sus fundadores; gente preparada para las faenas del campo llegados de las Islas Canarias y de Andalucía en una aventura que inició en la isla de Cuba para luego regar su simiente en Santo Domingo, Puerto Rico, México y Venezuela.

Los vestigios sacrosantos de la ciudad del origen, aún cuentan su maravillosa historia. (Foto: Magaly Martínez)
Los vestigios sacrosantos de la ciudad del origen, aún cuentan su maravillosa historia. (Foto: Magaly Martínez)

Vestigios de identidad

A esas familias se debe el carácter perseverante de los sanfelipeños; gente noble, invariablemente persistentes para lograr sus objetivos, y aunque El Cerrito fue vilmente arrasado a sangre y fuego, el 8 de septiembre de 1724, los pobladores se armaron de valor y en la misma noche de la violenta agresión y días posteriores, abandonaron el pueblo arruinado rumbo al sitio de Valle Hondo, que en 1699 habían comprado al acaudalo agricultor Juan Francisco Montpalau y Solé.

En Valle Hondo iniciaron una nueva vida, y empezaron a construir espaciosas y hermosas casas alrededor de la Iglesia dedicada a la advocación de Nuestra Señora de la Presentación, esta vez con los permisos concedidos por el Gobernador Interino Don Gerónimo de Rada, el 7 de marzo de 1725, ratificado luego por el Gobernador Tutelar Don Diego Portales y Meneses el 25 de febrero de 1726.

Lo que quiere decir que cuando llegó la Real cédula del 6 de noviembre de 1729, ya los pobladores estaban en el sitio de Valle Hondo hacía cinco años, y dos años después el Capitán General y Gobernador de la Provincia de Venezuela designó el primer Ayuntamiento del nuevo poblado sin nombre conformado por el Teniente Justicia Mayor, Juan Ángel de Larrea; como Alcalde Mayor fue designado Jerónimo Montañés y Machado; el Segundo Alcalde, Depositario General y Regidor, fue Manuel Jerónimo Tovar; como Regidor Decano, fue escogido Bernardo de Matos; mientras que como Fiel Ejecutor nombraron a Marcos de Figueroa; Escribano, a Francisco de Viñas y Sargento Mayor con poder de Procurador General, a Sebastián Ramos Morada.

Esos primeros cabildantes reescribieron la historia con la acción revolucionaria de cambiarle el nombre de Cerrito de Cocorote por el de Ciudad de San Felipe El Fuerte, el 1ero de mayo de 1731, y hoy con honor y orgullo lo celebramos 287 años después con el apóstol Felipe a quien por cierto el pueblo conmemora con manifestaciones religiosas en su honor desde el año de 1949 con las festividades que al pasar de los años lograron cualidad de Feria de Mayo con el Dr. Alfonso Bortone Goitía como su primer presidente.

La feligresía sanfelipeña acompaña a su patrono espiritual, el Apóstol Felipe, cada primero de mayo por las calles de la ciudad. (Foto: Freyvan Orozco).
La feligresía sanfelipeña acompaña a su patrono espiritual, el Apóstol Felipe, cada primero de mayo por las calles de la ciudad. (Foto: Freyvan Orozco).

Felipe Apóstol

Como se sabe, San Felipe entra como ciudad en la historia de Venezuela, el 1ero de mayo de 1731, durante la instalación del primer cabildo, cuyas autoridades decidieron cambiarle la designación de la real cédula por el de San Felipe "El Fuerte", y ser orgullosamente reconocidos como sanfelipeños; el gentilicio surgido de un santo convertido en patrono espiritual para honrar el sagrado nombre de Jesucristo.

Cada primero de mayo, el pueblo sanfelipeño conmemora el aniversario de su Patrono espiritual, Felipe Apóstol, con una misa solemne y luego una multitudinaria procesión por las principales calles de la ciudad con el fervor de la feligresía. Felipe fue el quinto pastor de almas escogido por el propio Mesías para predicar la palabra de Dios (Mateo 10:2-4, Marcos 3:14-19, Lucas 6:13-16), después de los dos pares de hermanos, Pedro y Andrés, Santiago y Juan, y quien al parecer ocupó un lugar privilegiado entre los apóstoles (Mateo 10:3, Marcos 3:18; Juan 6:5-7; 12:21, 22; 14, 8, 9, Hechos 1:13).

El apóstol Felipe jamás doblegó sus fuerzas morales y espirituales ofreciendo la palabra del Hijo de Dios en su infatigable peregrinación por Grecia y Frigia, y aunque fue protagonista de importantes milagros y sanaciones, sufrió vejaciones de toda índole por los seguidores de las autoridades romanas; y en su afán de predicar la palabra de Jesús, llegó a Hierápolis, conocido también como Cesárea de Filipo, cuyos pobladores adoraban a ídolos, asentada a 40 km del norte del Mar de Galilea. Allí trató con tenacidad de devastar la oscuridad de la idolatría para que resplandeciera la verdad en la paz del Evangelio, alejando a los paganos del mal camino, para luego morir -como indica la tradición apostólica- crucificado cabeza abajo y posteriormente apedreado por órdenes de Nicanor, el Alcalde del poblado en tiempos del emperador Dominiciano. Se dice que luego de tres días de haberse derramado la sangre de San Felipe Apóstol, en el lugar crecieron arbustos de uvas, como signo de que El Evangelista ofreció su sacrificio en el nombre de Jesucristo, el 1ero de mayo del año 94, según reveló el historiador y Cardenal italiano César Baronio, aunque otros afirman que San Felipe murió en el año 71 d.C. a los 87 años.

Coronel José Joaquín Veroes, luchó con valentía para emancipar a Venezuela del yugo español. (Dibujo Ingrid Estrella 2014)
Coronel José Joaquín Veroes, luchó con valentía para emancipar a Venezuela del yugo español. (Dibujo Ingrid Estrella 2014)

Coronel José Joaquín Veroes

El primero de mayo también es una fecha muy significativa para los sanfelipeños y para Venezuela toda, pues se cumplen 208 años de cuando el joven zambo José Joaquín Veroes se alistó como soldado raso (1810), en el Ejército republicano para luchar en la Campaña de Coro al mando del Marqués del Toro. Está escrito que Veroes luchó en las batallas de Pedregal, Sabaneta de Carapa, Cañizos, San Antonio y Chivacoa, entre muchos relevantes enfrentamientos bélicos, en una rutilante carrera militar que inicia el 1 de junio con el rango de cabo y a sargento, el 7 de noviembre de 1810.

Luego de haber participado en la Guerra a Muerte, estuvo en  los combates de Los Taguanes, de Bárbula y Las Trincheras, cuyas tropas derrotaron los batallones de Domingo de Monteverde en 1813, cuando fue ascendido a oficial con la jerarquía de subteniente, y un año después al mando de Luciano D'Elhuyar le otorgaron el grado de teniente en el sitio de Puerto Cabello.

Este humilde hombre, hijo de la afrovenezolana Antonia Verois y de un indígena olvidado por la historia, luchó con el alma para conquistar la gloria de la libertad al lado de los generales patriotas Mariano Montilla y José Félix Ribas en las Batallas de Aragua de Barcelona, Los Colorados y Urica.

También batalló junto a los generales José Francisco Bermúdez y Bartolomé Salom, con tanto coraje y valentía que sus ascensos en el campo de batalla fueron relampagueantes como Capitán, Sargento Mayor y Teniente coronel, y por sus dotes de alto espíritu militar el propio Simón Bolívar le firmó el nombramiento de Coronel del Ejército Libertador, grado con el que se retiró a su lar nativo, donde partió a los horizontes de la eternidad el 8 de Enero 1855 a los sesenta y seis años. Venezuela honró su patriotismo en 1914, al trasladar sus restos mortales al Panteón Nacional.

Desde 1941 hasta su muerte, el Dr. Félix Pifano fue profesor titular de la cátedra de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Desde 1941 hasta su muerte, el Dr. Félix Pifano fue profesor titular de la cátedra de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Dr. Félix Pifano Capdevielle

Un astro brilla en el firmamento yaracuyano, surgido del vientre sanfelipeño para realzar nuestro gentilicio. Se trata del Dr. Félix Pifano Capdevielle, un paisano de dimensión universal, hijo de la ciudad de San Felipe desde el 1 de mayo de 1912; un coloso de la ciencia, hijo de Carmelo Pifano, de origen italiano y de Josefina Capdevielle, también yaracuyana, hija del francés Domingo Capdevielle y Emilia Puyano, originaria de San Pablo.

El periodista, escritor y cronista sentimental de Yaracuy, Cruz Ramón Galíndez, escribió del eminente médico sanfelipeño: “Félix Pifano obtuvo el título de bachiller en 1929, y seis años después, en julio de 1935 alcanzó el grado de Doctor en Ciencias Médicas, en la Universidad Central de Venezuela, a los 23 años de edad. Desde 1935 hasta 1939 fue médico rural en Yaracuy y Jefe del Servicio de Medicina Interna del viejo Hospital San Agustín; médico Jefe de la Estación de Malariología de San Felipe; desde 1939 hasta 1941, Protozoólogo del Instituto de Higiene del Ministerio de Sanidad de Asistencia Social, en Caracas. En Caracas también, de 1941 a 1958, fue médico Jefe de la Sección de Investigaciones Parasitológicas del Instituto Nacional de Higiene, Ministerio de Sanidad y Asistencia Social".

En el marco de la docencia, en 1932, fue profesor de biología del Liceo San José, en Los Teques, Estado Miranda, y de 1934 a 1935 fue Monitor de Clínica Médica y Obstétrica e Interno del Hospital Vargas, de Caracas. Desde 1941 hasta su muerte fue profesor titular de la cátedra de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Entre 1944 y 1946 fue Decano de la UCV, y desde 1947, fundador y director del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela, que hoy lleva su ilustre nombre.

Pifano fue individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina, y miembro de sus similares venezolanas en Brasil y Colombia, integrante del Comité de Expertos en Enfermedades Parasitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y miembro de las Sociedades venezolanas de Gastroenterología, Cardiología y Anatomía Patológica. Impartió enseñanzas a más de 15 mil estudiantes de medicina y dos promociones llevaron su egregio nombre en 1957 y 1972, según apuntes de Cruz Ramón Galíndez.

Félix Pifano desapareció físicamente el 8 de agosto del año 2003, a los 91 años, para ingresar al sagrado Panteón de los Inmortales, porque su nombre y ejemplo siguen vigentes con la misma fortaleza que a diario nos guía el himno de Yaracuy: "Alto la fama pregona,/ mis gloriosas tradiciones,/ la opulencia de mi zona,/ la virtud de mis varones".

De modo que el 1ero de mayo es de mucho valor para los sanfelipeños, motivo de orgullo por conmemorarse el Día de Felipe Apóstol quien ofreció su vida para redimirnos del pecado tras seguir el ejemplo del Hijo de Dios, al que debemos honrar en la fe de los cristianos. También celebramos el Día de la ciudad de San Felipe (287 años), una fecha que debemos celebrar éste y todos los días con nuestro trabajo y amor en cada espacio donde nos toque servir, con honor, altivez y respeto por el gentilicio. Se cumplen 208 años del paso a la historia de Venezuela del coronel sanfelipeño José Joaquín Veroes, y los 108 años del nacimiento del ilustre médico Félix Pifano. Brindo por ello. Que Dios bendiga a San Felipe.