Yaracuy, ruta deportiva para Venezuela y el mundo

El profesor Ramón Parra Pinto solicitó al Dr. Rafael Caldera que Yaracuy fuese la sede de los Juegos Nacionales Juveniles, en correspondencia que entregó en la ciudad de Barinas en 1994, siendo testigos de este hecho Mireya Suárez, instructora de kárate y Luis Omar Martínez, entrenador de taekwondo, entre un gentío.

Raúl Freytez / Fotos: Magaly Martínez

Trofeos, medallas y muchos reconocimientos dan testimonio de la capacidad y esfuerzo de Ramón Parra Pinto en la arena deportiva. (Foto: Magaly Martínez)
Trofeos, medallas y muchos reconocimientos dan testimonio de la capacidad y esfuerzo de Ramón Parra Pinto en la arena deportiva. (Foto: Magaly Martínez)

La música asombró por la calidez de identidad convertida en la canción de los Juegos Nacionales Juveniles Yaracuy 97, letra y música de Miguel Ángel Castillo, interpretada por el Grupo Luango de Venezuela: “Oro, plata y bronce”, con la participación especial de Simón Díaz, Cecilia Todd, Xiomara Coll y Francisco Pacheco.


un abanico de testimonios abrió el compás de recuerdos representados en libros, revistas, periódicos, trípticos, afiches y cientos de recortes de notas de prensa. (Foto: Magaly Martínez)
un abanico de testimonios abrió el compás de recuerdos representados en libros, revistas, periódicos, trípticos, afiches y cientos de recortes de notas de prensa. (Foto: Magaly Martínez)

Abanico de recuerdos

Fotografías de memorias familiares, óleos del histórico Samán de Guama de diversos artistas, placas de reconocimientos, trofeos y medallas, forman parte del ambiente de confianza y amistad donde nos recibe el profesor Ramón Parra Pinto, junto a su esposa Irma Ramírez de Parra, en la casa de la avenida Alberto Ravell. La calidez de su bienvenida se congració con el grato aroma que envolvió el lugar, perfumándolo de café en esa fresca mañanita sanfelipeña.

Sobre la mesa del comedor, un abanico de testimonios abrió el compás de recuerdos representados en libros, revistas, periódicos, trípticos, afiches y cientos de recortes de notas de prensa que revelan la vasta trayectoria de este guameño con la actitud de un joven de 23, ataviado de una dilatada experiencia de 50 que suman 73 años, muchos al servicio de la educación como profesor en el área de Ciencias Sociales, y otros tantos en la arena del deporte, bien como practicante de las disciplinas de béisbol, voleibol y atletismo, promotor y reconocido gerente deportivo a nivel regional y nacional.

Parra Pinto: "Mi familia ha sido el soporte de mi existencia, mis éxitos son de mis hijos, de mi esposa y de mi querido Yaracuy".
Parra Pinto: "Mi familia ha sido el soporte de mi existencia, mis éxitos son de mis hijos, de mi esposa y de mi querido Yaracuy".

Educación, historia y deporte

Aunque en sus años del Liceo Arístides Rojas, donde estudió la secundaria, surgió la vocación hacia la docencia, que lograría cumplir al egresar del Pedagógico de Barquisimeto, no fue sino el deporte que lo envolvió para volcar sus energías de adolescente, y no primordialmente para competir sino también para compartir y crecer al calor del pueblo del cual surgió en la Guama rural, en una casa muy humilde, siempre con la orientación de sus padres Juan Ramón Parra y María Concepción Pinto de Parra, que le vieran nacer el 10 de abril de 1943.

Parra Pinto creció entre las faenas del campo, pues su padre era agricultor; de ahí la querencia por la tierra y su experiencia en el manejo de los instrumentos y maquinarias agrícolas, afecto que aún se mantiene vigente con una parcela de su propiedad que él limpia, cosecha, abona y riega con el apoyo de su familia. “Recuerdo de mi niñez las ganas de cumplir seis años pues en ese entonces era el requisito que se exigía para ingresar al primer grado, y para mí era cada vez más apremiante aprender a leer y escribir al ver a mis compañeros de juego salir de clases, lo cual era motivo de satisfacción para mis padres, pues siendo ellos analfabetas, desde siempre notaron mi espíritu de superación y mi capacidad para trabajar el campo”.

Rápidamente se cumplieron sus anhelos y aprendió las primeras letras en la Escuela Rural número 43, ubicada en el caserío Pereira, de Guama. Posteriormente ingresó al Grupo Escolar “José Tomás González”, donde obtuvo el sexto grado; luego pasó a la Escuela Normal “Alberto Ravell”, en San Felipe, con equivalencia al Liceo Arístides Rojas para obtener el título de Bachiller en Humanidades. Posteriormente ingresó al Instituto Universitario Pedagógico de Barquisimeto del que egresó como profesor de Historia.

La pasión por el estudio, investigación, escritura y difusión de la historia se la debe, en gran medida, a sus profesores del Liceo Arístides Rojas, con quienes se identificó plenamente por ese entusiasmo de preservar nuestros valores y el orgullo del gentilicio yaracuyano, tal como lo pregonaban y demostraron Fernando Ramírez, Olga Pajuelo, y Carmen de Ramírez, mientras que de esas andanzas estudiantiles recordó al profesor Chacón, de Castellano y Literatura, y al también guameño Ponciano Sánchez, el cantinero del “Arístides Rojas”, “con su calidez de buena gente mientras nos vendía las empanadas, los “cortaos”, los caramelos saca muelas, la colita Dumbo y la Chicha A1 -según aseveró- tiempos inolvidables cuando los educadores tomaban en cuenta el promedio de notas. Había que estudiar mucho para ser promovido al grado inmediato superior”.

Le apasionaba el beisbol, el voleibol y el atletismo, y su fuerza juvenil la dedicó con tal empeño que jamás “jugó banco”. (Foto: Magaly Martínez)
Le apasionaba el beisbol, el voleibol y el atletismo, y su fuerza juvenil la dedicó con tal empeño que jamás “jugó banco”. (Foto: Magaly Martínez)

Nunca “jugó banco”

Mientras estudiaba en el Pedagógico de Barquisimeto se desempeñó en el área deportiva del Grupo Escolar Padre Delgado, del Barrio Italven, de la cual fue fundador junto a otros docentes, y posteriormente fue cofundador de la Escuela Técnica Industrial de San Felipe que habría de convertirse en el Ciclo Combinado Juan José de Maya, en el que laboró como profesor de Historia para fundar la Cátedra Bolivariana. “Fue una muy hermosa etapa de mi vida, pues logramos llevar a un grupo de estudiantes a la ciudad de Caracas a visitar y conocer la historia del Panteón Nacional, la Plaza Bolívar, la casa natal del Libertador, el Museo Bolivariano -y apuntó- que con apenas dos bolívares recorrimos varias estaciones en el recién creado Metro de Caracas; un lujo, pues, para esa muchachada y para mí como docente”.

Para entonces ya el joven Ramón se destacaba como atleta en varias disciplinas deportivas. Le apasionaba el béisbol, el voleibol y el atletismo, y su fuerza juvenil la dedicó con tal empeño que jamás “jugó banco”, pues siempre estuvo en la arena profesional, y esa habilidad le permitió formar parte de la selección del estado en varias competencias, hasta llegar al punto de inclinarse por la dirigencia deportiva, de donde surge el vínculo con el maestro José Parra, autor del Soneto Yaracuy y del Himno del Deporte, entre otras obras literarias de significativa importancia que le privilegian en el ámbito de la cultura yaracuyana.

Los yaracuyanos debemos conocer y honrar nuestros símbolos, como raíz de identidad. El Himno del deporte lo hizo el yaracuyano José Parra.
Los yaracuyanos debemos conocer y honrar nuestros símbolos, como raíz de identidad. El Himno del deporte lo hizo el yaracuyano José Parra.

Promover la identidad regional

Las palabras de Parra Pinto se convierten en agradables arengas de identidad al exhortar a los docentes, padres y representantes para que desde las primeras letras cultiven en los estudiantes el amor por nuestros orígenes, con el respeto y conocimiento de los himnos, y no sólo el canto oficial de los venezolanos, “Gloria al bravo pueblo”, sino también el cántico del estado Yaracuy y del municipio San Felipe, “tal y como se hacía en las escuelas de la región, razón por la cual apoyo el trabajo de la Oficina del cronista de San Felipe, que ha estado impulsando el Programa de los Cronistas Escolares para enaltecer nuestras raíces de identidad a través del conocimiento del Escudo, el Himno y la Bandera, los símbolos que realzan nuestro gentilicio, y más allá de esa realidad, tenemos el deber de conocer, cantar y respetar el Himno del estado Yaracuy, letra del guameño Pedro María Sosa; impulsarlo también, retomar los lunes cívicos que existía, donde las escuelas recibían a los escolares con un acto especial entonando los Himnos de Venezuela y del estado Yaracuy, como una exaltación al sentido de territorialidad los diez primeros minutos antes de entrar al aula de formación.”

Parra Pinto afirmó que con el poeta José Parra también se está cometiendo una injusticia por no darle el justo reconocimiento a su obra literaria, que tiene muchas, entre las que destaca la letra del Himno Nacional del Deporte, creado por él en 1949, cinco años después de haberse fundado el Instituto Nacional del Deporte (IND), en 1954, luego de las deliberaciones de un jurado calificador de reconocida trayectoria en el ámbito de la cultura y la música. “Yo creo que debería ser obligatorio el canto del Himno del Deporte en los eventos deportivos cualquiera sea su jerarquía, bien sea de carácter regional, nacional e internacional, con el mismo afecto y respeto con que entonamos el Himno Nacional, pero primero hay que promocionarlo, darlo a conocer desde el ámbito escolar, para lo cual estoy a la orden: Yo tengo la partitura del Himno Nacional del Deporte”, certificó.

Parra Pinto durante la inauguración de la “Universidad Iberoamericana del Deporte”, en San Carlos. En otro aspecto con Florentino Oropeza, Francys Terán y Oswaldo “Papelón” Borges.
Parra Pinto durante la inauguración de la “Universidad Iberoamericana del Deporte”, en San Carlos. En otro aspecto con Florentino Oropeza, Francys Terán y Oswaldo “Papelón” Borges.

Gerencia en el ámbito deportivo

Parra Pinto durante muchos años compartió experiencias gremiales con periodistas y directores de diversas disciplinas deportivas, e incluso llegó a presidir la Asociación de Atletismo con el comunicador social Luis León Guerra, donde hizo amistad con grandes glorias del atletismo nacional entre las que recuerda a Rafael Romero, Arquímedes Herrera, Hortensio Fusil, Gisela Vidal, Héctor Tomas, Horacio Esteves y Héctor Caravaca.

Y esa vitalidad, entusiasmo, organización y proyección en los torneos deportivos fue tomado en cuenta por los dirigentes y deportistas, quienes le consideraron con méritos para que presidiera la Asociación de Baloncesto del estado Yaracuy, y funda, junto a otros entrenadores yaracuyanos, el baloncesto femenino.

Años antes, con apenas 15 años de edad, ya estaba en un sitial de honor en el béisbol doble A, en el Estadio Sandino, de Guama, tiempo en el que fue admirado por su desenvolvimiento en la palestra deportiva, y uno de estos entusiastas admiradores fue el doctor Pedro Saturno Canelón, Gobernador del estado Yaracuy en 1963, quien al pasar de los años le apoyaría al designarle en el cargo de Monitor de educación física, en Yaritagua, la tierra de la miel y del bravo Peña, lugar donde inicia su flamante carrera de dirigente deportivo al presidir las Asociaciones de natación, de baloncesto y atletismo del estado Yaracuy, así como la fundación de la Asociación de entrenadores de la entidad, hasta que en 1982 concursó para el cargo de Director de Deportes del estado Yaracuy, que gana sin dificultad alguna.

Anteriormente había ocupado la Secretaría ejecutiva del Concejo Nacional Electoral, así como la Dirección de Educación y Cultura del estado Yaracuy, durante el Gobierno de Luis Herrera Campins, en la gestión de Juan José Caldera. Luego, en el mandato de su paisano José Antonio Cordido Wohnsiedler, se incorpora como Secretario ejecutivo en la organización del Año Bicentenario del Nacimiento de Don Andrés Bello.

Pero aun con todas esas responsabilidades, mantuvo con firmeza su horizonte hacia la gerencia deportiva regional, y es designado, por concurso, Director de Deportes del estado Yaracuy, adscrito al Instituto Nacional de Deportes (IND), ratificado para un segundo mandato en la Dirección de Deportes del estado Yaracuy en la gestión de Nelson Suárez Montiel, que nombra la Comisión Regional de Deportes para crear el Plan de Gestión Deportiva y la Fundación para el Desarrollo Deportivo del estado Yaracuy (Fundey); comisión que presidió Parra Pinto, conformado además por yaracuyanos amantes y conocedores del deporte yaracuyano.

Esta Fundación fue derogada según Gaceta Oficial de la Asamblea Legislativa del estado Yaracuy (ALEY), el 27 de diciembre de 1995, momento en que ocupa por primera vez la presidencia la señora Carmen Segovia. La institución se mantuvo hasta el año 1997, al culminar los XII Juegos Deportivos Nacionales Yaracuy 97 en la administración de Eduardo Lapi García, y se declara Única porque existía el Director Regional de Deportes y la Presidencia del Instituto Regional de Deportes creándose “Fundey”, con personalidad jurídica y patrimonio propio independiente del Ejecutivo del estado Yaracuy, adscrito al Gobierno estadal, con la potestad de organizar, dirigir, coordinar, planificar, estimular, proteger, fomentar y supervisar las actividades deportivas que se realicen en la región, de conformidad con los lineamientos y planes de desarrollo en la región.

En Barinas, sede de los Juegos Nacionales de 1994, Ramón Parra Pintó le solicitó al Presidente Rafael Caldera que Yaracuy fuese la sede para las competencias de 1997.
En Barinas, sede de los Juegos Nacionales de 1994, Ramón Parra Pintó le solicitó al Presidente Rafael Caldera que Yaracuy fuese la sede para las competencias de 1997.

Florentino Oropeza encendió el pebetero

La Ciudad Deportiva nace con la realización de los Juegos Deportivos Nacionales Juveniles Yaracuy 1997, obra monumental del Dr. Rafael Caldera que en su periodo de gobierno patrocinó cuatro justas de representación nacional: Barinas 1994, Sucre 1995, Trujillo 1996 y Yaracuy 1997.

Fue en Barinas, en 1994, cuando el profesor Ramón Parra Pinto solicitó al Dr. Rafael Caldera que Yaracuy fuese la sede de los Juegos Nacionales, en correspondencia que entregó en esa ciudad al Primer mandatario nacional, siendo testigos de este hecho Mireya Suárez, instructora de kárate y Luis Omar Martínez, entrenador de taekwondo, entre un gentío.

Ese mensaje dio resultados satisfactorios, pues pasado un tiempo el presidente Caldera recorrió en autobús las distintas áreas deportivas para cerciorarse personalmente del avance de la infraestructura, en el espacio geográfico que forma parte del eje de la avenida Alberto Ravell donde se encuentra el Estadio de béisbol, Casa del ajedrez, Gimnasio “Nicolás Ojeda Parra”; el Complejo de bolas criollas, el Complejo de Piscina olímpica, el polideportivo “Florentino Oropeza”, y el Estadio de softbol y kikimbol, mientras que en la Avenida Intercomunal José Antonio Páez se destaca la Ciudad Deportiva "Horacio Estévez", donde se practican varias disciplinas en un área de siete hectáreas, así como las instalaciones donde se encuentran el Polígono de tiro y la Manga monumental de coleo “Don Pedro Maya”, edificados para formar a los atletas yaracuyanos, preparados por expertos en diversos ambientes deportivos para competencias de carácter regional, nacional e internacional.

la escultura en bronce "Oro, plata y bronce", obra de Carlos Prada, engalana la Ciudad deportiva "Horacio Estévez".
la escultura en bronce "Oro, plata y bronce", obra de Carlos Prada, engalana la Ciudad deportiva "Horacio Estévez".

Oro, plata y bronce

En esta memoria histórica tiene mucho que ver Ramón Parra Pinto, pues fue Director de administración de los Juegos Deportivos Yaracuy 97, que germinaron en la administración de Nelson Suárez, gran promotor junto a Rafael Caldera, que culminó e inauguró Eduardo Lapi, entre una multitudinaria representación de atletas de numerosas regiones del país, muchos invitados especiales junto al presidente de la República. En ese momento las gradas repletas del pueblo observaron y aplaudieron la regia inauguración con diversidad de expresiones culturales venezolanas, y el orgullo se estremeció en ovaciones cuando el legendario maratonista yaracuyano Florentino Oropeza, catorce veces Campeón nacional, encendió el pebetero del desafío competitivo venezolano.

La música asombró por la calidez de identidad convertida en la canción de los Juegos Nacionales Juveniles Yaracuy 97, letra y música de Miguel Ángel Castillo, interpretada por el Grupo Luango de Venezuela: “Oro, plata y bronce”, con la participación especial de Simón Díaz, Cecilia Todd, Xiomara Coll y Francisco Pacheco, preciosa armonía que determinó a nuestra región como la entidad deportiva del país, conjugando armoniosamente con la escultura en bronce del mismo nombre, obra de Carlos Prada, que engalana la Ciudad deportiva "Horacio Estévez", ubicada en la Avenida Intercomunal José Antonio Páez.

Entre la muchedumbre se desplazaba la figura de un enorme tapir que designaron como la figura del certamen deportivo; así fue el surgimiento de “Danty”, cuya imagen resultó ser la ganadora en el concurso promovido para escoger la mascota entre un grupo de animales silvestres en la que participaron la iguana, el venado, el loro y la danta que resultó la vencedora.

Yaracuy destino deportivo

Una infraestructura de primera dejaron los Juegos Nacionales Yaracuy 97, única en el país, por lo que con sobrada razón se reconoce a nuestra entidad como la ciudad deportiva de Venezuela, pues las diversas áreas competitivas se encuentran en espacios muy cercanos unas de otras, e incluso la urbanización Prados del Norte, del municipio Independencia, era la villa donde fueron hospedados los atletas durante las competencias de ese año.

Esas inmensas estructuras de hierro y concreto deben ser aprovechadas en toda su extensión, y no solo con los atletas yaracuyanos, sino para las competencias nacionales e internacionales, según reflejó una nota de prensa en el Diario Yaracuy al Día bajo el título: Yaracuy debe ser el destino deportivo para Venezuela. “La infraestructura deportiva de la región que se construyeron para los Juegos Nacionales Yaracuy 1997, (…) y que es considerada entre las más completas de América Latina, puede ser aprovechada como centro de este proyecto deportivo”.

En la información, firmada por la periodista Yecenia Medina, se refleja la propuesta que le presentó Ramón Parra Pinto al Gobernador Julio León Heredia, en el sentido de que “estas instalaciones deportivas puedan convertirse en un gran centro de preparación para la selección de los atletas de alto rendimiento que nos representen en los Juegos Bolivarianos, Centroamericanos, Sudamericanos, los Panamericanos y las Olimpíadas de 2020. (…) Yaracuy puede adelantarse y proponerse ante el Ejecutivo nacional como el espacio idóneo en el cual se pueda germinar la semilla que dé abundantes cosechas de medallistas y atletas de óptima calidad”.

Lo cierto es que tenemos excelentes entrenadores deportivos de alto nivel en la región, y pudiéramos tener -afirmó Parra Pinto- una dirigencia actualizada, con una planificación responsable y seria para engrandecer el destino deportivo del estado Yaracuy y Venezuela.

El documento histórico original con las firmas respectivas, lo tiene la familia Parra Ramírez, muy bien resguardado. (Foto: Magaly Martínez)
El documento histórico original con las firmas respectivas, lo tiene la familia Parra Ramírez, muy bien resguardado. (Foto: Magaly Martínez)

Una Universidad para Yaracuy

Durante muchos años, la Plaza Bolívar de San Felipe fue la parada del autobús en la que esperaban varios grupos de bachilleres rumbo a la Universidad de Carabobo, bien tempranito, esto para los estudiantes que no tenían facilidad ni recursos para vivir en una residencia en la ciudad de Valencia. Así fue como se vieron en la necesidad de fundar la “Asociación de Estudiantes Yaracuyanos de la Universidad de Carabobo”, con miras a buscar las posibilidades de crear en Yaracuy un centro universitario.

Mucho tiempo antes los estudiantes no disponían de este servicio, y tenían que viajar por ferrocarril que abordaban en la estación de La Marroquina. Luego se bajaban en el terminal cercano a la Refinería de El Palito para bajar hasta la autopista y “cazar una colita” que los llevara hasta el Puente de Bárbula, en Valencia. Toda una odisea.

En ese afán de tener una universidad se redactó el “Manifiesto yaracuyano sobre la creación de la Universidad de Yaracuy”, que dirigieron al Senador Cristóbal Fernández Daló, para entonces Presidente del Congreso de la República de Venezuela, firmada el siete de agosto de 1996 por más de ciento cuarenta mil ciudadanos. Fue el primer paso.

Ese documento fue firmado por muchos estudiantes y gente del pueblo; trabajadores de empresas públicas y privadas; docentes, concejales, legisladores, deportistas, amas de casa, empresarios y políticos de todas las toldas partidistas. Y entre ese impresionante grupo de firmantes estaban tres educandos de la Universidad de Carabobo (UC), impulsores de este proyecto: Hiram Luis Carlos, Adrián y Raudy Parra Ramírez, hijos del profesor Parra Pinto, quienes de inmediato formalizaron el “Acta constitutiva y Estatutos del Comité Pro-Universidad para el estado Yaracuy de los estudiantes de la Universidad de Carabobo”, hacia la conquista de una justa aspiración: “Impregnados de un intenso deseo de cristalizar los planes y proyectos que propendan al más fehaciente desarrollo de nuestro estado Yaracuy, hemos fortalecido nuestra lucha de manera organizada para la conservación definitiva de una Universidad para Yaracuy, animados por la convicción de contar con su más firme apoyo para que esta aspiración se concrete en el presente quinquenio gubernamental dignamente presidido por un ilustre hijo yaracuyano. (…) El Comité estudiantil Pro-Universidad para Yaracuy, solicitó a la ilustre Asamblea del estado, para que conjuntamente con las Alcaldías, Cámaras municipales y demás sectores, participáramos en una Sesión especial y extraordinaria para suscribir el presente “Manifiesto yaracuyano”, en el que estamos solicitando que a través de su investidura presidencial se logre de manera prioritaria, solicitar la más efectiva acción a las autoridades a quienes compete la obligación de ejecutar lo concerniente a la materialización de la Universidad, y que se diligencie con suficiente apremio ante el clamor de una región que asistida por el derecho constitucional, exige avanzar con el mismo paso con que avance su educación”.

Esa inquietud, hecha ovación pública, obtuvo el efecto deseado, pues no hubo restricciones de ninguna índole sino sólo las inmensas ganas de que Yaracuy tuviera su propia universidad, por lo que desde el mismo instante en que se le entregó la correspondencia al Senador Cristóbal Fernández Daló, se logró la aprobación de la solicitud y se produce entonces la creación de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY), por resolución del presidente Rafael Caldera. El documento histórico original con las firmas respectivas, está en manos de la familia Parra Ramírez, muy bien resguardado.

La Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY), fue creada el 29 de enero de 1999, para ofrecer a los bachilleres de Yaracuy y Venezuela carreras en diversas áreas del conocimiento a través de los espacios académicos Ciencia y Cultura de la Alimentación, Ciencias del Deporte y Diseño Integral, y ya al correr de los años, esta casa de estudios ha contribuido a la concienciación hacia la cultura del turismo a través del Centro de Estudios para la Hospitalidad y el Turismo (Cehotur), con el Diplomado en Servicios Turísticos. De igual modo se incorporaron los Programas Nacionales de Formación (PNF) en Diseño Integral Comunitario, Turismo e Instrumentación y Control, a lo que se sumó el Diplomado “Gilberto Antolínez” para la Formación de Cronistas, único en Latinoamérica para la instrucción de los guardianes de la identidad de los pueblos, ya con el egreso de tres cohortes para otorgarle un rango académico universitario al cronista venezolano, así como la primera Maestría en Historia de Venezuela que se realiza en el estado Yaracuy, en convenio con la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (Unerg).

Debemos buscar los medios para que los recuerdos perduren a través del tiempo. (Foto: Magaly Martínez)
Debemos buscar los medios para que los recuerdos perduren a través del tiempo. (Foto: Magaly Martínez)

A un salto de garrocha

Son elementos éstos dignos de ser reconocidos, pues no se habían escrito, por lo que debemos buscar los medios para que los recuerdos perduren a través del tiempo, si no fíjense que iniciamos con un agradable aroma de café recién colado, y terminamos con el conocimiento de los hechos que estaban adormecidos en la memoria de Parra Pinto, muchos de estos recuerdos desconocidos para la mayoría del pueblo y que marcaron pauta en el ámbito deportivo municipal, regional y nacional, que también señalaron el nacimiento de la UNEY y surgió un exhorto al pueblo hacia la querencia de nuestra raíces de identidad, tanto así que ahora podríamos estar a casi un salto de garrocha para catapultar nuestro nombre, Yaracuy, aún más allá de las fronteras del país como entidad deportiva de Venezuela, lo que nos lleva a reflexionar que cuando el hombre ambiciona un mejor porvenir para sí mismo y para los suyos, la mujer que busca mejores derroteros en abrazo de paisanidad, siempre conseguirá el camino que le llevará al éxito. Pero hay que intentarlo.

Ramón Parra Pinto es una clara demostración de que cuando se quiere se puede. Él lo logró. Todos podemos hacerlo por humilde que sea nuestro origen. “La juventud requiere de humildad, sencillez y perseverancia, así como de mucha dedicación para la formación personal, y aunque algunas veces tengamos que pasar por cosas duras, jamás debemos desviar nuestro horizonte, siempre en la búsqueda del bienestar propio y el de nuestros seres queridos”. Depende, pues, de cada uno de nosotros.