Y Se Quedarán los Pájaros Cantando

En Obonte íbamos a jugar pelota sabanera, en el sano disfrute de pasar por esa laguna de “Martin Garrido”, comer jobos y mamones en los caminos de la Esmeralda donde vivía Don Ubaldo Ochoa, ciertamente curador de picados por culebra.


José Gregorio Cárdenas / Fotos: Magaly Martínez

El cronista José Gregorio Cárdenas durante la presentación de la profesora Noris Pineda, en la Biblioteca Félix Pifano, promovida por la Oficina del Cronista de San Felipe, el Centro de Historia del estado Yaracuy y los cronistas egresados de la UNEY.
El cronista José Gregorio Cárdenas durante la presentación de la profesora Noris Pineda, en la Biblioteca Félix Pifano, promovida por la Oficina del Cronista de San Felipe, el Centro de Historia del estado Yaracuy y los cronistas egresados de la UNEY.

Tengo en mis manos un sencillo libro, ameno y lleno de relatos agradables; con sabor a mango maduro y ciruela de hueso. Me aproximo al tibio y profundo amor con que fue hilvanada y resuelta esta cálida historia local, un primigenio pueblecito de nuestro estado Yaracuy. Me refiero a la obra de la Licenciada y cronista Noris Pineda. ¡Ahí vienen los de Obonte!

Quizás el título de esta historia local resuene a susto, sorpresa o tal vez, grito desde la distancia para la advertencia. Seguramente es una expresión que todavía resuena entre los pobladores más ancianos de la localidad de Obonte, al oírseles tal exclamación a los de Guama; cuando los primeros iban en tropel por el agua, apta para el consumo, que fluía lánguidamente en las pilitas de servicio para aquel entonces (1930-1950). En nuestros centros con mayor población.

Leyendo la obra en cuestión, me pregunto una y otra vez: qué sentido de pertenencia ha podido sostener las esperanzas y los sueños de todos estos hombres, mujeres, niños y niñas, para aferrase a esta tierra árida y lejana de los centros poblados. Su autora nos da la respuesta a tan grave interrogante. Las familias fundadoras forjaron la solidaridad, el respeto mutuo, la convivencia y las necesidades, en verdaderos valores de familia. El triunfo de uno, era de todos, alegría y el entusiasmo  por la vida diaria; era el trofeo existencial de cada uno de sus habitantes.

Los Vargas, Sánchez, los Díaz, Fuentes, Espinoza, Castillo, Almeida, entre otros apellidos, han sido familias que a través de los tiempos se mantienen hermanados con fuertes vínculos materiales e inmateriales, haciendo más llevadero el día a día en este lar obonteño. Entonces las necesidades terminan convertidas en fortalezas.

La cronista Noris Pineda, compartió gratas experiencias y conocimientos con los amantes de la lectura y la historia yaracuyana
La cronista Noris Pineda, compartió gratas experiencias y conocimientos con los amantes de la lectura y la historia yaracuyana

Amigos Obonteños, en el recuerdo aún pervive la pilita del barrio el cementerio, ubicada frente a la casita de Ramón Castillo. Está en medio de una pequeña plazoleta, diagonal a la casa que fue de Justina Avendaño (con parientes en Obonte). La otra pilita que estuvo frente a la casa de Don Bautista Alejos, ya no existe.

Cabe destacar, que gracias a esta hermosa investigación, elaborada con calor humano y mucha abnegación y respeto, nos permite conocer a viva voz la importancia que tuvo la implementación de este sistema, un tanto arcaico, de surtidores de agua potable y su trascendencia en el desarrollo y crecimiento de otras comunidades. Actualmente, Obonte es un poblado considerado de creciente pujanza en la agricultura y otros rubros económicos. Deseo que sus moradores respeten y quieran aún más este pedazo de tierra que tantos sobresaltos ha tenido para pervivir en el tiempo y el espacio.

En Obonte íbamos a jugar pelota sabanera, en el sano disfrute de pasar por esa laguna de “Martin Garrido”, comer jobos y mamones en los caminos de la Esmeralda donde vivía Don Ubaldo Ochoa, ciertamente curador de picados por culebra. Lo conocí, era papá de Úrsula y Juan Simón Ochoa. En la actualidad, todo ese largo trayecto, incluido el cauce de la quebrada El Rosario están siendo objetos de construcción de viviendas. El tiempo nos dirá si ha valido la pena en cuestión perder el hábitat natural de esta zona geográfica.

Gracias cronista por este maravilloso recorrido histórico y anecdótico. La Sabana de Palito Blanco y todo Boraure, pertenecieron al municipio Sucre hasta 1993. Los políticos (si los hay) de Sucre han subestimado esta pérdida y lo sostengo. Sucre, es cada día más pequeño y sin espacios alternativos, por la indolencia.

Ahí vienen los de Obonte, libro de Noris Pineda, dedicado al pueblo donde las aves colorean el paisaje con sus plumas de ensueño
Ahí vienen los de Obonte, libro de Noris Pineda, dedicado al pueblo donde las aves colorean el paisaje con sus plumas de ensueño

Gracias cronista por nombrar calles, lugares, topónimos, casas, especies silvestres y personajes en el desarrollo y consolidación de Obonte. Gracias por mencionar a mi abuelo paterno: José Rodrigo Fernández, en su papel de curandero. Muy agradecido contigo, con la historia contada y con todos los obonteños y obonteñas que un día de mi vida conocí siendo maestro de aula integral en la escuelita de Obontico en el año de 1975. Gracias Noris, gracias Obonte y sus cantos de pájaros.

MADRE                                                          

“Te digo, al llegar, madre / Que tú eres como el mar; que aunque las olas de tus años se cambien y te muden, / Siempre es igual tu sitio, al paso de mi alma”.

Juan Ramón Jiménez. (1958)