Wilkar Ríos, poeta de pinceladas luminiscentes

Wilkar Ríos, un hombre de bien, un poeta de luces que eleva papagayos de colores para exaltar al viento su condición de bardo luminiscente.

Raúl Freytez (Fotos: Magaly Martínez)

 Wilkar Ríos, bardo de pinceladas luminiscentes. (Foto: Magaly Martínez)
Wilkar Ríos, bardo de pinceladas luminiscentes. (Foto: Magaly Martínez)

La pintura conmueve por esa razón de ser poeta, y abarca un mundo de colores donde la noche es gris y no cárdena, y refleja en el cielo su pentagrama de azules matutinos y añiles vespertinos. Los pintores con sus matices renuevan la sensibilidad humana. De ahí que entre texturas relajantes y tonalidades desgranan el color en transparencia de luces y sombras en pinceladas enmarcadas en lo imaginativo y lo real.

En alguna ocasión dijo el pintor francés Henri Émile Benoît Matisse: “todo está regido por una armonía entre los colores y las formas, la línea y el cromatismo”, y así pinta la vida un hijo de Boraure nacido en Independencia, en octubre de 1955: Wilkar Ríos, el poeta de las pinceladas luminiscentes.

Sus trazos estilizados revelan el color de las formas evolucionando en hermosas obras de arte, y ello proviene de su infancia, allá en Boraure por los años cincuenta, pues su niñez discurrió dibujando de memoria los trazos que observaba de la naturaleza circundante que a su vez habrían de penetrar en su alma infante ante la necesidad de cubrir de colores los hojas blancas de sus cuadernos escolares. De sus dos hermanas recibió el ejemplo artístico: Alba con su pasión por el teatro, la comunicación social y Carmenza, por su amor a la lectura.

Wilkar Ríos nació para ser artista. (Foto: Magaly Martínez)
Wilkar Ríos nació para ser artista. (Foto: Magaly Martínez)

Nace un artista

Cuando Wilkar cursaba el primer año de bachillerato en el Liceo Arístides Rojas, se inscribió en la Escuela de Arte Carmelo Fernández, “dada su facilidad por las líneas y la afición al color”, y de inmediato entra en contacto con los artistas plásticos Carlos Prada, César Álvarez, Wladimir Zabaleta y Policarpo Contreras, quienes serían sus maestros más allegados, y de los cuales no sólo obtuvo el apoyo para seguir adelante con sus inclinaciones artísticas, sino también los conocimientos que le harían tomar con seriedad la carrera del arte.

Con el correr de los años, desde Caracas, otros artífices del pincel llegaron a la Carmelo Fernández, egresados de la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, entre los que destacan Freddy Villarroel, Henry Marcano, Freddy Benavides y Freddy Reyes, legando sus nociones y técnicas a los estudiantes yaracuyanos, al tiempo de compartir sus experiencias con Wladimir Puche, Freddy Armas y Edgar Jiménez Peraza, siempre atento con las nuevas técnicas y exigencias del arte en Venezuela.

“La Constancia, dedicación y mucho trabajo fueron los pilares que me sostuvieron para lograr el cumplimiento de mis metas”, indica Ríos con orgullo, al tiempo de aseverar que durante su estadía en la Escuela de Arte para él fue como un nicho de paz donde pudo desarrollar sus habilidades con las líneas, el color, las texturas, modelos tridimensionales, cerámicas y esculturas, pues lo demás fue producto del esfuerzo propio para salir adelante en la tarea impuesta.

De esa fecha hasta entonces, ha realizado múltiples muestras y exposiciones a lo largo y ancho del territorio patrio, compaginando su pasión por el arte tan igual que con la docencia, el diseño gráfico, el dibujo, la fotografía y la escultura, a lo que se suman sus viajes de investigación y estudio por Alemania, Grecia, Francia, Italia, Ecuador y Colombia, haciéndose acreedor de innumerables reconocimientos, entre los que destacan el Premio Gran Mariscal de Ayacucho del Salón de Pintura Municipal de Cumaná, Sucre en 1981; Premio de dibujo del VII Salón de Artes Visuales “Carmelo Fernández”, en San Felipe; premio al I concurso de Proyectos para Esculturas de Gran Formato en San Felipe, 1997 y el primer lugar del 1er. Salón de Artes Visuales “Edgar Jiménez Peraza”, del Consejo Legislativo de Yaracuy en 2004, entre otros.

Mujer danzarina. Técnica mixta. Pintura industrial sobre tela. (Foto: Magaly Martínez)
Mujer danzarina. Técnica mixta. Pintura industrial sobre tela. (Foto: Magaly Martínez)

El color a fuego lento

Las expectativas creadas en el alma del artista se crecieron con el tiempo, ya que jamás abandonó la idea de culminar sus estudios de bachillerato, pues en la mañana se dedicaba al arte y en la noche a sus responsabilidades estudiantiles, siempre cultivando la pasión por el hecho artístico en la Escuela de Arte “Carmelo Fernández”, con libertad y motivación para expresarse a través de las líneas y el color en una gran ebullición cultural, que tan igual para muchos jóvenes artistas ésta se había convertido en la meca de la creación; un destino inequívoco para todo aquel que quería vivir del arte y percibir las nuevas propuestas artísticas que a fuego lento se cocinaban en Yaracuy, la tierra donde Dios vertió las luces del arcoiris y el verde tiene la mayor gama de tonalidades de Venezuela.

Con esa libertad donde impera el color por la que avanza Wilkar Ríos, sigue comprometido con la proyección figurativa de sus obras de grandes formatos donde predomina el dinamismo conceptual de las formas plásticas policromáticas que perfilan su estilo inconfundible.

La obra de arte Santísima Trinidad en la entrada de Boraure. (Foto: Magaly Martínez)
La obra de arte Santísima Trinidad en la entrada de Boraure. (Foto: Magaly Martínez)

Del Museo Vial Religioso…

Para Wilkar Ríos, la imagen de los paisajes siempre verdes de Boraure, fue el sello inicial que habría de marcar al niño hacia la pasión por la libertad del color reflejada en la naturaleza exuberante de sus alrededores, que hoy día sigue siendo un factor determinante en sus obras, y no solamente de Boraure, Cocorote, San Felipe o Independencia, sino también de Bruzual expresada en la belleza de sus montañas encantadas con el mito de María Lionza, según asevera el artista.

Pero todo no se queda en el lienzo, porque su proyección va más allá del caballete y los pinceles al enfrentarse a la realización de obras de mayor envergadura, tal como lo dejó plasmado en las imponentes esculturas del Museo Vial Religioso a través de las figuras de San Rafael Arcángel, patrono del municipio Independencia; San Gerónimo de Cocorote, patrono del municipio Cocorote y La Santísima Trinidad, a la entrada de Boraure. Destaca de igual modo la escultura en hierro denominada “Árbol negro”, situada en la avenida intercomunal de San Felipe esquina de la calle 32, que junto a las esculturas de Aléxis Lugo y Jorge Muhlemann, engalanan algunos sectores de la ciudad de San Felipe.

"Estado de gestación". Técnica mixta. Petróleo, pintura insdustrial sobre tela.
"Estado de gestación". Técnica mixta. Petróleo, pintura insdustrial sobre tela.

Policromía del petróleo

Wilkar Ríos trabaja con técnicas mixtas por la mezcla de muchos materiales donde intervienen el carboncillo, óleo, acrílico, tinta china y pintura industrial, con los cuales se identifica para lograr sus trazos de indiscutible valor artístico, al ensamblar armónicamente los colores con las formas policromáticas del petróleo con un sitial preferente en su compromiso artístico cuando indica que “este material es tan importante en mi trabajo que es definitivamente extraño que el mismo no se encuentre en la superficie de mis obras, tan igual que las pinturas industriales”, por la textura inconfundible que le otorgan a sus obras de gran fuerza pictórica, y que representan un hito en la historia de la plástica en Yaracuy, pues esta  técnica fue heredada del artista plástico Edgar Jiménez Peraza decretadas en los salones del Centro Experimental de Talleres Artísticos, CETA, donde compartió experiencias con poetas, creativos, artistas de teatro, escritores y fotógrafos.

 

"San Gerónimo de Cocorote", escultura del Museo Vial Religioso.
"San Gerónimo de Cocorote", escultura del Museo Vial Religioso.

El arte en la docencia

Los artistas yaracuyanos no han mostrado egoísmos al momento de expresar sus conocimientos a la nueva generación, y este ha sido el norte de su carrera como docente en el Instituto Universitario Politécnico Monseñor Arias Blanco, en el área de Artes Plásticas, así como en los colegios Andrés Bello y Trinidad Figueira como profesor de Dibujo Técnico, al tiempo de ser colaborador e ilustrador de diversos diarios y revistas del país, tal como en el Papel Literario de El Nacional y la revista yaracuyana “La oruga luminosa”, entre otras, e incluso incursionando en el medio radial como moderador del espacio “Cultura hoy”, por el Fuerte 100.5FM, al lado de la periodista Alba Ríos moderadora del programa “Quién dijo tarde”.

Wilkar Ríos sabe que todo artista lleva dentro de sí esa pasión por ilustrar a las nuevas generaciones, sin egoísmos, sobre todo para que aborden con conocimiento de causa la técnica de su agrado, porque un artista plástico debe estar por encima de la aplicación de una técnica en particular; también debe congeniar con su entorno y estar al tanto de los métodos de las artes visuales como producto de sus vivencias y de la observación del medio donde se desenvuelve, por ello, “todo lo que yo pueda enseñarle a los jóvenes, señala Ríos, siempre lo haré con la misma pasión con que elaboro mis obras de arte”.

Las obras de Ríos sorprenden y logran despertar esa luminosidad que algunos pudieran encubrir en la penumbra del corazón, por lo que al entender el arte como un instrumento, como una herramienta significativa para la educación y para la expresión de los sentimientos, logramos percatarnos que hacia ese norte avanza nuestro artista, Wilkar Ríos, un hombre de bien que eleva papagayos de colores para exaltar al viento su condición de poeta luminiscente.