Un bosque en cada ciudad

Erling Pulido / Foto: Raúl Freytez

A las ciudades se las come el asfalto y el concreto, debemos actuar para revertir el desierto en que estamos convirtiendo cada ciudad, porque ya no nos importan los árboles. Los patios de nuestras casas ahora son de cemento, porque pensamos que la tierra es sucia, pero nos quejamos del calor, el sol que nos quema la piel, la poca lluvia...

Naranjas, guayabas, mangos y guanábanas endulzaban el paladar de chicos y grandes.
Naranjas, guayabas, mangos y guanábanas endulzaban el paladar de chicos y grandes.

Cuando era un jovencito, en casa de mi abuela y antes de mudarnos a Banco Obrero, detrás del Terminal Viejo de San Felipe, a la hora del almuerzo, mi abuela, "Nanana" (Ana de Monasterio) me decía: “móntese en el naranjo y baje cinco naranjas para hacer el jugo”.

En el lugar había tres naranjos, un guanábano, un guayabo y en el patio central un mango jardín. Además en las bodegas de Pedro Yánez, Julián Alejos y Pedro Cortés vendían cambures, aguacates, mangos, mamones, guayabas, guanábanas, plátanos, lechosas y cocos, entre muchos frutos de exquisito aroma y sabor, dependiendo de las cosechas en el año.

La Green Spot, Cola Dumbo y la Chicha A1 eran los refrescos de moda.
La Green Spot, Cola Dumbo y la Chicha A1 eran los refrescos de moda.

Olvidamos a los árboles

En la casa de José y María Luisa de Hernández vendían suero, queso, nata y requesón. Pero un día se apareció un vendedor ofreciendo “Coca Cola” por gaveras que costaban cinco bolívares; cada botellita a locha (0,125 céntimos) y la gavera de madera vacía por un realito que se compraba una sola vez. Para la segunda compra solo se pagaba Bs. 4,50.

Bueno, la realidad es que era más fácil ir a la nevera y destapar un refresco, por lo que olvidamos los árboles que por abandono, tristeza y vejez fueron muriendo, poco a poco. Era como estar “fuera de moda” eso de comprar cambures y comer frutas, por lo que llegábamos a la bodega pidiendo “una Green spot, por favor, que tengo mucho calor”.

La linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles. (Foto: Raúl Freytez)
La linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles. (Foto: Raúl Freytez)

Bosque urbano

Recientemente cuando vimos la hermosa fotografía aérea de la ciudad de San Felipe, que tomó el poeta y amigo de todos licenciado Raúl Freytez, Cronista de San Felipe, nos percatamos que nuestra aún linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles; los patios de nuestras casas ahora son de cemento, porque pensamos que la tierra es sucia, pero nos quejamos del calor, el sol que nos quema la piel, la poca lluvia, la sombra de las casas y edificios que no es fresca como la de los árboles y, de paso, un aguacate, por ejemplo cuesta más Bs 150 y hasta más, al igual que el cambur y otras frutas que son más caras, casi inalcanzables para el bolsillo de muchos venezolanos.

A las ciudades se las come el asfalto y el concreto, debemos actuar para revertir el desierto en que estamos convirtiendo cada ciudad, debemos repoblar con árboles autóctonos cada municipio haciendo un bosque de cada ciudad. Por todo esto está naciendo “A.C. Bosque Urbano” al que te pedimos te unas, estés donde estés, para combatir la desertización, la sequía, el calor, la poca o mucha humedad, las temperaturas extremas, y finalmente podamos salir a nuestros patios a tumbar al menos cinco naranjas.