Tesorero resguarda la frontera del Municipio San Felipe

Desde la creación de Tesorero en 1930, con la llegada de apenas cuatro o cinco familias, se desarrolló un asentamiento campesino que bien pronto produjo resultados alentadores con la siembra de plátanos, ocumo, ñame, apio, y yuca, entre cultivos de lechosa, tras dominar grandes áreas de disímiles relieves con árboles de jabillo, pericón, apamate, bambú, caña brava, mijao…

Raúl Freytez / Fotos: Magaly Martínez

En el poblado de Tesorero, la carretera está bordeada de casas a lo largo de sus más de cinco kilómetros.
En el poblado de Tesorero, la carretera está bordeada de casas a lo largo de sus más de cinco kilómetros.

La mañanita del 29 de febrero de 2016 amaneció nublada. El cerro El Tigre, nuestro imponente Chimborazo, ese día estaba cubierto de nubes negras. Pero no llovió. Bien temprano salimos rumbo hacia Albarico y de allí hasta Tesorero,  el último poblado fronterizo de San Felipe con Yumare.

Al cruzar el puente del río Macagua, antes fuente de agua rápida y cristalina, no se vislumbraba ni siquiera un hilillo del vital líquido, mientras que de lado a lado de la angosta carretera, se sentía el verano en el pasto mustio de los potreros, entre Mayorica y Palo Quemao, justo hasta la primera curva de los Caracoles donde el verdor seguía imperando, a pesar de la sequía.

Pasamos por los sectores de Guayabito, Kilómetro 21 y ½, luego al Cube y Crucito, chispeados por un chubasquito pertinaz. Repentinamente, de la maraña verde surgió un mono capuchino, quizás escapado de su tropa, e intentó pasar al otro lado de la montaña, y al ver el carro se perdió en la maleza tan rápido como salió de ella. La montaña es fecunda en vida silvestre.

El poblado de Tesorero nos recibió bajo un cielo encapotado, con una sinfonía de voces en el canto de las aves a lo largo de sus más de cinco kilómetros, mientras una hilera de escolares se dirigían presurosos rumbo a la escuela del lugar, y a diferencia de otros días, ahora lucía medio desolado; solo gallos, gallinas, gansos y pavos pasaban de patio en patio, de una banda a otra, quizás por la modorra que produjo la noche anterior, el 28, pues los vecinos habían celebrado la llegada de la Virgen del Valle, aunque la tradición dice que la venerada imagen fue llevada al poblado por el padre Sectorio, el 21 de febrero de 1988.

Desde la creación de Tesorero en la década de 1930, con la llegada de Augusto Mijares, Policarpo Paradas, Guadalupe y Gregorio Peña, Juan Corona, Albertina Peña de Brett, Pablo Gutiérrez, Anselmo y Anastasio Parra, Amelia Villalobos, Severiano Aranguren, Nelson Párraga, Escolástico Pérez, Anicasio Serbuti, Ana Bazán, Valentín Arriechi y Viviano Heredia, gente aplicada a las faenas del campo en el estado Falcón, San Felipe y otras localidades del estado Yaracuy, decidieron iniciar una nueva vida en ese sector agreste, y de inmediato empezaron a domar la montaña, que en un principio se vieron obligados a sobrevivir de la cacería para luego desarrollar el asentamiento campesino que bien pronto produjo resultados alentadores con la siembra de plátanos, ocumo, ñame, apio, y yuca, entre extensos cultivos de lechosa, tras dominar grandes áreas de disímiles relieves con árboles de jabillo, pericón, apamate, bambú, caña brava, mijao, charo, samán, guayabón, ceiba, cedro y araguaney, al amparo de un agradable clima de montaña con continuas precipitaciones lluviosas.

Sus tierras, cruzadas por el serpenteante río Tesorero, presentan condiciones idóneas para la actividad agrícola, donde abundan arbustos de tuatúa, manzanilla, yocoyoco, poleo, eucalipto y sábila, beneficiosas por su aporte medicinal.

El río Tesorero discurre manso hasta que la crecida de sus aguas lo torna furioso.
El río Tesorero discurre manso hasta que la crecida de sus aguas lo torna furioso.

El río se torna furioso

El nombre de Tesorero es toponímico del río emblemático del lugar, que enfila sus aguas de humedades cristalinas preñadas de pequeños peces -a un lado del poblado- que al aumentar el caudal se torna violento y arrasa con todo a su paso. La furia repentina del río se escucha como si se fuera a terminar el mundo, y en una ocasión fue tan grande la crecida que quebró el puente que unía el lugar con el sector de Los Conucos.

Con el pasar de los años, al lugar llegaron otros grupos familiares y nacieron nuevos tesorenses, que vinieron al mundo de manos de las parteras Esther Osto de Pérez, Albertina Peña de Brett, Anselma Parra, Paula Peña y Umelia Villalobos, muchas veces en noches apenas iluminadas con lámparas de kerosene, hasta el momento en que Policarpo Paradas y Escolástico Tovar adquirieran las primeras plantas de gasoil. 

La hermosa imagen de la Virgen, que navega en una lancha azul rodeada de flores y del amor y devoción de los feligreses.
La hermosa imagen de la Virgen, que navega en una lancha azul rodeada de flores y del amor y devoción de los feligreses.

La Virgen del Valle

Al lugar llegó un pastor de almas, desde Albarico, varias décadas después, para llevar la palabra de Dios al nuevo asentamiento campesino. Se le conoció con el nombre de Sectorio, quien casi de inmediato se ganó el aprecio de la vecindad, y junto con los pobladores empezaron a diligenciar ante las instituciones estadales la construcción de un templo para predicar el evangelio. Una tarea cuesta arriba, pero que siempre contó con el respaldo de los feligreses, hasta el momento en que lograron el respaldo de Equipamiento de Barrios para la construcción de una capilla pequeña que bien pronto fue el centro por excelencia para tomar las decisiones trascendentes de la comunidad.

El templo, de una sola fachada plana, con techo de acerolit y un espacio para el campanario, que aún no ha sido estrenado con el bronce respectivo, guarda con celo la hermosa imagen de la Virgen del Valle, llevada al santo lugar por el propio padre Sectorio, el 21 de febrero de 1988, para bendecir ese lugar privilegiado por la naturaleza.

Jesucristo en la cruz ennoblece el altar mayor, junto a una Biblia y un rosario de madera, mientras que en su interior se observan imágenes del Nazareno, un Sagrado Corazón de Jesús, las Vírgenes de Coromoto y del Carmen, así como un cuadro de Jesús Misericordioso.

Jóvita Martínez, la celadora de la Capilla de la Virgen del Valle, desde su llegada a Tesorero, ha dedicado más de 40 años de sus 78 primaveras al servicio del templo y cuidado de la hermosa imagen de la Virgen, que navega en una lancha azul rodeada de flores y del amor de los feligreses. “El terreno, que antes era un potrero, lo donó Nicolás Flores para que construyeran la capilla. Casi todos los fundadores de Tesorero fallecieron. El padre Sectorio se fue para la India, pero todos dejaron la fortaleza de su espíritu en cada una de las personas que seguimos aquí, para perpetuar el amor a Dios en la advocación de la milagrosa Virgen”.

María Brett y Aleida Villalobos, son expertas en la cultura gastronómica local.
María Brett y Aleida Villalobos, son expertas en la cultura gastronómica local.

Dulcería y remedios caseros

A un costado de la carretera está el sector que llaman Los Conucos, donde hay grandes extensiones de cocos, con los que se prepara una delicia para el paladar de propios y visitantes por la calidad de la dulcería criolla. Basta con preguntar por las señoras María Brett y Aleida Villalobos, cuyo solo nombre ya es sinónimo de cultura gastronómica.

María Brett, todos los días raya el coco, lo cuece a fuego lento con azúcar y le agrega el toque mágico para elaborar unas ricas conservas que ya son reconocidas, desde su llegada a Tesorero cuando tenía 20 años. En la actualidad, con 80 años, sigue la tradición heredada por su mamá, Bertina Piña, y como fiel seguidora de las tradiciones del lugar, celebra junto a sus vecinos la fiesta patronal que le da la bienvenida todos los años a la Virgen del Valle.

Aleida Villalobos es reconocida como maestra pueblo, dada su vasta experiencia en la preparación de dulce de lechosa pajarita, quesillo de auyama, dulce de apio con piña, dulce de coco con yuca rayada, dulce de cerezo y torta de plátano envuelta en la hoja de la misma planta. Pero además cosecha el cacao, lo seca, lo muele y produce un exquisito chocolate casero. Y por si fuera poco, hace “remedios caseros” para curar la tos y el asma con plantas de poleo, malojillo y sábila con un toque de azúcar y otro ingrediente que mantiene en secreto. Ella trabaja en la Unidad Educativa Tesorero como “madre cocinera”, del Sistema de Alimentación Escolar (SAE).

La imagen venerada de la Virgen del Valle y el huerto escolar de la UE Tesorero.
La imagen venerada de la Virgen del Valle y el huerto escolar de la UE Tesorero.

La escuela de Tesorero

La Unidad Educativa Tesorero, en la actualidad dirigida por  la profesora Ylsi Azuaje, indicó que en sus inicios funcionó en una casa particular muy humilde con una matrícula de apenas 20 alumnos, hacia el año de 1942, y pasado un tiempo aumentó el número de estudiantes y se le denominó Escuela Concentrada Mixta Tesorero número 005. Posteriormente construyeron la actual infraestructura con salones para educación inicial, primaria y liceo (solo hasta 4to año), “porque no hay espacio para más alumnos”.

Por cierto, en un lateral de la escuela hay unos pequeños huertos escolares, del Programa “Todos Manos a la Siembra”, que es atendido por los mismos escolares y docentes, quienes iniciaron la campaña: “Un litro de agua para el huerto”, pues llevan cada mañana un litro de agua recogida del río para regar el cultivo, lo que ha permitido que la siembra se mantenga hidratada dada la escasez de agua en la zona.

Rafael Mujica y Pastor Arteaga, los músicos de Tesorero, nos dieron serenata.
Rafael Mujica y Pastor Arteaga, los músicos de Tesorero, nos dieron serenata.

Y nos dieron serenata

En el agradable paseo de investigación por Tesorero, nos topamos con mucha gente ansiosa de dar a conocer la memoria histórica del poblado, y llegamos a la casa de Rafael Mujica, que vive muy cerca del río símbolo del lugar, y de inmediato agarró un cuatro y musicalizó varias piezas del folklore venezolano, rememorando sus años mozos (70 años), de cuando tocaba con “Los alegres compadres” y “Matica de mango”, dos agrupaciones musicales en las que participaron varios músicos, “de los cuales muchos han fallecido”.

Un poco más adelante fuimos invitados a la casa de don Pastor Arteaga (86 años), también músico de Tesorero, “de los de antes, cuando las canciones tenían letra hermosa y se hablaba del amor a la mujer con respeto”, llegado del estado Falcón en el año 1950 con el alma musical: “llegué con los capachos (maracas) en las manos y como sabía tocar cuatro, guitarra y violín, toqué en el Grupo de La matica, y también participé en la agrupación de los hermanos Rodríguez, así como de los Chirinos, Valdalle y Monsalve. ¡Tiempos inolvidables, aquellos!”.

Ya de salida, Pastor declamó unos versos que afloraron para despedir el grato instante: “La matica de mango tiene una sombra muy bonita, debajo de sus ramitas ahí nació una guitarrita. Guitarrita, guitarrita que la llaman quita quita, ayúdame guitarrita para cantarle a mi tierra, tan bonita como tú, con tus cuerdas templaditas, guitarrita, guitarrita”.

Luego de ese encuentro con el último poblado fronterizo de San Felipe vía a los municipios Manuel Monge y Bolívar, nos despedimos con el grato sabor y calor de la vecindad plena de sencillez, hospitalidad y buen trato. Fue entonces cuando Magaly y yo descubrimos que la verdadera fortuna de Tesorero está allí dibujado en el rostro amable del pueblo, conformado como parte del patrimonio humano de los yaracuyanos, reflejado en la calidez y el valor de la vecindad. El tesoro de Tesorero es su propia gente.