San Felipe el apóstol

Muchos artistas del mundo han inmortalizado a San Felipe Apóstol de otras formas en lienzos, imágenes y esculturas de extrema hermosura, como un modo de perpetuar esta antigua tradición espiritual con rasgo histórico y cultural, en la actualidad aún más vigente en el sentimiento de toda la feligresía sanfelipeña.

 

Raúl Freytez / Foto: Magaly Martínez

Esta es la imagen más reconocida de San Felipe Apóstol en la ciudad que lleva su nombre, en la capital del estado Yaracuy. (Foto: Magaly Martínez)
Esta es la imagen más reconocida de San Felipe Apóstol en la ciudad que lleva su nombre, en la capital del estado Yaracuy. (Foto: Magaly Martínez)

Sólo la obra y sacrificio de un hombre logró cambiar el concepto del tiempo. Él fue Jesús de Nazaret, por lo cual se escribre a.C. y d.C. (Antes de Cristo y Despúes de Cristo); a quien se le reconoce y venera como el Hijo de Dios en la tierra, una de las personas más amada de la historia de la humanidad. Este sistema de contar los años en a.C. y d.C. lo instituyó el monje Dionysius Exigius, por instrucciones del Papa Juan I (Johanness I), al elaborar "una cronología fijando el nacimiento de Jesús en el año 753 A.U.C. (ad urbe condita), expresión que significa ´desde la fundación de la Ciudad´ (Roma).

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en Él cree no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18).

Para cumplir este propósito, Jesús se dedicó a localizar a sus discípulos, "los pescadores de hombres", para junto con ellos llevar a todos los rincones la palabra redentora de Dios. Ellos fueron reconocidos como los Doce Apóstoles y el quinto pastor de almas fue Felipe, conocido como El Apóstol. Su nombre en griego significa "amigo de los caballos", y es el patrono espiritual de San Felipe, la ciudad esmeralda de Venezuela, cuya feligresía le venera.

En relación a la vida y obra de San Felipe, muchos escritores y artistas han reflejado sus investigaciones e imágenes a través de diversas páginas de Internet, que versan sobre este seguidor de Jesús, a saber el quinto pastor de almas escogido por el propio Mesías para predicar la palabra de Dios (Mateo 10:2-4, Marcos 3:14-19, Lucas 6:13-16), después de los dos pares de hermanos, Pedro y Andrés, Santiago y Juan, y quien al parecer ocupó un lugar privilegiado entre los apóstoles (Mateo 10:3, Marcos 3:18; Juan 6:5-7; 12:21, 22; 14, 8, 9, Hechos 1:13).

Felipe, llamado también "El evangelista" (21:8, 9), nació en la localidad de Betsaida, en el Lago de Genesaret (Juan 1:44), en cuyas riberas se desarrolló la mayor parte de la vida pública de Jesús de Nazaret. La imagen más conocida en la ciudad de San Felipe del Santo Apóstol, lo revela, desde tiempo inmemorial, con una capa roja orlada de encaje dorado, trajeado de una sotana verde, con un crucifijo en la diestra y un libro sagrado en la mano izquierda, aunque muchos artistas del mundo le han inmortalizado de otras formas, en lienzos, imágenes y esculturas, como un modo de perpetuar esta antigua tradición espiritual con rango histórico y cultural, más vigente que nunca en el sentimiento de los sanfelipeños.

Aunque es muy poco lo que se sabe en relación a su exacta ubicación geográfica, existen evidencias literarias que la mencionan, tal como el pasaje donde se refiere que Jesús y sus discípulos navegaron de “la región de Dalmanuta” hacia la otra orilla, donde estaba Betsaida: “Llegaron a Betsaida y le presentaron un ciego, pidiéndole que lo tocara”. Otro párrafo identifica con claridad a Betsaida como un poblado del reino de Galilea, en el territorio de Herodes Antipas: “Estos se acercaron a Felipe, que era natural de Betsaida de Galilea, y le dijeron: Señor, quisiéramos ver a Jesús”.

"Felipe era de Bethzaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe fue el primer Obispo de Jerusalén, donde ejerció su ministerio durante treinta años. No fue crucificado; fue martirizado. Los judíos lo lanzaron desde lo alto de la torre y como no murió en la caída, lo remataron a pedradas". (El nombre de San Felipe. Domingo Aponte Barrios. Columna “Tiempo de hablar”. 28 de Abril del 2008).

El pintor italiano Sandro Botticelli (1445-1510), inmortalizó en el lienzo al Apóstol Felipe con la inscripción: “Sancte Philippe ora pro nobis”.
El pintor italiano Sandro Botticelli (1445-1510), inmortalizó en el lienzo al Apóstol Felipe con la inscripción: “Sancte Philippe ora pro nobis”.

"Sancte Philippe ora pro nobis"

De igual forma el peregrino alemán Teodorico, testigo de excepción de la fogosa acción constructora de los cruzados en Tierra Santa, pormenorizó las inscripciones que iba leyendo por los lugares visitados, y escribió en 1172 que el río Jordán fluía entre Betsaida y Cafarnaúm, lo cual señala a Betsaida en un mapa del siglo XII, en la costa este del lago. Lo cierto es que ninguna de estas evidencias literarias ubica propiamente a Betsaida en un lugar determinado, pues mientras que el evangelista Juan habla de una Betsaida en Galilea, Josefo, quien ofreció conocimientos de las referencias sociales, políticas, históricas, cronológicas y religiosas del Nuevo Testamento, la sitúa rotundamente al este del Jordán.

Todos coinciden en que Felipe era natural de Betsaida, igual que los hermanos Pedro y Andrés, fiel creyente de la palabra del Mesías y por lo tanto, al parecer uno de los apóstoles más cercanos a Jesús de Nazaret, de quien el Obispo Polícrates de Efeso escribió, en la última década del siglo II, que Felipe fue una de las "grandes lumbreras" de la Iglesia. El artista Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, bajo el apodo de Sandro Botticelli, inmortalizó en el lienzo al Apóstol Felipe con la inscripción: “Sancte Philippe ora pro nobis”. Sus pinceladas, de una hermosura sin igual, muestran al discípulo del Nazareno con sublimes rasgos de generosidad y humildad extrema.

La multiplicación de los panes y los peces, obra del artista italiano Jacopo Robusti (1518-1594).
La multiplicación de los panes y los peces, obra del artista italiano Jacopo Robusti (1518-1594).

Multiplicación de los panes y los peces

Muchos escritos dan fe de que el Apóstol Felipe siempre estuvo muy cerca de El Nazareno al momento de tomar decisiones, tal como lo afirmó Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger, sumo pontífice de la Iglesia católica y soberano de la Ciudad del Vaticano -el número 265- elegido el 19 de abril de 2005, quien luego asumiría el título de Papa emérito tras su retiro el 28 de febrero de 2013), durante la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, el 6 de septiembre de 2006 en la ciudad del Vaticano, dedicada a presentar la figura de Felipe El Evangelista, dijo: “Con motivo de la multiplicación de los panes, (Felipe) recibió de Jesús una petición precisa, bastante sorprendente: dónde era posible comprar el pan que se necesitaba para dar de comer a toda la gente que le seguía (Cf. Juan 6, 5). Entonces, Felipe respondió con mucho realismo: ¡Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco! (Juan 6, 7). Aquí se pueden ver el realismo y el espíritu práctico del apóstol, que sabe juzgar las implicancias de una situación. Sabemos qué es lo que pasó después. Sabemos que Jesús tomó los panes, y tras haber rezado, los distribuyó. De este modo, realizó la multiplicación de los panes. Pero es interesante el hecho de que Jesús se dirigiera precisamente a Felipe para tener una primera impresión sobre la solución del problema: signo evidente de que formaba parte del grupo restringido que lo rodeaba”. Ante las palabras de Felipe, El Mesías le dijo que enviara a sus discípulos: “Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer” (Marcos 6:36). Pero cuando Jesús partió los cinco panes y los dos peces para las cinco mil personas, Felipe vio que de la mano del Señor, como si fuera un granero inagotable, cada uno recibía la comida suficiente, hasta que todos se saciaron. Entonces el discípulo se sintió muy avergonzado por su falta de fe y, fortalecido en su alma, con los demás él glorificó el poder de Dios en Cristo Jesús.

El artista Peter Paul Rubens, (1577-1640), lo describió con una sotana azul y una enorme cruz a su lado.
El artista Peter Paul Rubens, (1577-1640), lo describió con una sotana azul y una enorme cruz a su lado.

El Heraldo de Dios

Fue una travesía de dolor, angustia, humillaciones y privaciones que en nada amilanó el espíritu emprendedor hacia la prédica del Evangelio del Cristo Redentor, pues los milagros y las maravillosas sanaciones abrazaron la fe de muchos paganos a la palabra de Dios. Con escasa alimentación y agotadores recorridos de poblado en poblado, transitó los caseríos de Arabia y Candacia, y decidió cruzar el mar hasta la ciudad de Azoto y a Hierápolis de Siria, para predicar el Evangelio de Cristo, donde despertó una enorme animadversión en sus pobladores que lo acusaron de hechicero, y amenazaron con matarlo a pedradas, siendo auxiliado por Iro, el gobernante del lugar: “¡Ciudadanos -les habló a ellos- escuchad mi consejo! No hagamos daño a este extranjero hasta que no nos cercioremos si su doctrina es cierta; pero si resulta que no es así, entonces lo mataremos”. Fue entonces cuando la muchedumbre escuchó el mensaje de Felipe y los convenció a creer en la palabra del Cristo Redentor y de inmediato fueron cristianizados, por lo que Iro dijo que Felipe era el Heraldo del Gran Dios y embajador del Eterno Reino. De Siria se dirigió a las regiones montañosas de Asia, en Lidia y Misia para proclamar la palabra de Dios, donde “tuvieron que soportar muchas aflicciones, azotamientos y tribulaciones a manos de los descreyentes. Fueron encarcelados, apedreados y flagelados; pero a pesar de todas estas persecuciones, por la gracia de Dios, ellos siguieron viviendo para cumplir con su tarea señalada de difundir la fe de Cristo”. El artista alemán Peter Paul Rubens, describió al Apóstol Felipe con una sotana azul y una enorme cruz a su lado.

"El Martirio de San Felipe", pudo ser pintado por el artista español José de Ribera (1591-1652), para el rey Felipe IV.
"El Martirio de San Felipe", pudo ser pintado por el artista español José de Ribera (1591-1652), para el rey Felipe IV.

“El Martirio de San Felipe”

El apóstol Felipe jamás doblegó sus fuerzas morales y espirituales ofreciendo la palabra del Hijo de Dios en su infatigable peregrinación por Grecia y Frigia, y aunque fue protagonista de importantes milagros y sanaciones, sufrió vejaciones de toda índole por los seguidores de las autoridades romanas; y en su afán de predicar la palabra de Jesús, llegó a Hierápolis, conocido también como Cesárea de Filipo, cuyos pobladores adoraban a ídolos, asentada a 40 km del norte del Mar de Galilea. Allí trató con tenacidad de devastar la oscuridad de la idolatría para que resplandeciera la verdad en la paz del Evangelio, alejando a los paganos del mal camino, para luego morir -como indica la tradición apostólica- crucificado cabeza abajo y posteriormente apedreado por órdenes de Nicanor, el Alcalde del poblado en tiempos del emperador Dominiciano. Se dice que luego de tres días de haberse derramado la sangre de San Felipe Apóstol, en el lugar crecieron arbustos de uvas, como signo de que El Evangelista ofreció su sacrificio en el nombre de Jesucristo, el 1ero de mayo del año 94, según reveló el historiador y Cardenal italiano César Baronio, aunque otros afirman que San Felipe murió en el año 71 d.C. a los 87 años.

“El Martirio de San Felipe”, pintada en 1639, es una de las obras más importantes del artista español José Ribera, a solicitud del rey Felipe IV, de pinceladas tan evidentes que, según se dijo del pintor, “su paleta se teñía con la sangre de los mártires”.

Estatua de Felipe El Apóstol en un nicho ubicado en la Archibasílica de San Juan de Letrán, Roma Italia, obra del artista barroco Giuseppe Mazzuoli, (1644-1725).
Estatua de Felipe El Apóstol en un nicho ubicado en la Archibasílica de San Juan de Letrán, Roma Italia, obra del artista barroco Giuseppe Mazzuoli, (1644-1725).

San Felipe en la óptica de los artistas

Algunos testimonios indican que los restos de San Felipe fueron llevados desde Hierápolis a Constantinopla, en tiempos del Papa Pelayo I (en el año 560), y de allí sin fecha precisa, trasladados el 1ero de mayo a Roma a la Iglesia dedicada a los “Dodici Apostoli”, día consagrado a la fiesta de esta Casa de Dios, pero recientemente, luego de más de 32 años de intensas excavaciones, un equipo de arqueólogos italianos, guiado por Francesco d'Adria en 2011, atestiguó haber descubierto el sepulcro del apóstol Felipe, en Pamukkale, Turquía, ubicado debajo de una iglesia recién descubierta, lo cual asevera los señalamientos del obispo Polícrates de Éfeso que a finales del siglo II confesó que la tumba de San Felipe se encontraba en Hierápolis. La peregrinación del santo para predicar la palabra de Dios, como el quinto seguidor de Jesucristo, hizo que muchos artistas del mundo le dedicaran obras magníficas de un gran valor cultural, tal como la Estatua de Felipe El Apóstol esculpida por el artista italiano Giuseppe Mazzuoli, en un nicho ubicado en la Archibasílica de San Juan de Letrán en Roma.

San Felipe Apóstol. Óleo del pintor inglés Anthon Van Dyck (1599-1641).
San Felipe Apóstol. Óleo del pintor inglés Anthon Van Dyck (1599-1641).

San Felipe se venera en varios países

La vida y obra de San Felipe es reconocida con justicia por la Iglesia cristiana, que lo ubica entre los primeros evangelistas seguidores de Jesús, por lo que desde muchos siglos su obra apostólica se venera con pasión al recordar y reverenciar la palabra del Redentor, siendo también patrón espiritual de Airole (Provincia de Imperia, Italia); Azzone (Provincia de Bérgamo, Italia); Campitello di Fassa (Provincia de Trento, Italia); Cortina d'Ampezzo (Provincia de Belluno, Italia); Kamenz (Alta Lusacia, Alemania); Monte Castello di Vibio (Provincia de Perugia, Italia); Monterotondo (Provincia de Roma, Italia); Montevideo (Uruguay); Philippeville (Provincia de Namur, Bélgica); San Felipe el Real (Región de Valparaíso, Chile); San Felipe Apóstol (altiplanicie mexicana o meseta central de México, México); Vrlika (Croacia); Villa Espil, San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires (Argentina), donde se le venera, y la Arquidiócesis de Salta (Argentina) tiene a San Felipe como patrono junto con Santiago el Menor.

La feligresía acompaña a su patrono espiritual San Felipe, cada primero de mayo por las calles de la ciudad. (Foto: Freyvan Orozco).
La feligresía acompaña a su patrono espiritual San Felipe, cada primero de mayo por las calles de la ciudad. (Foto: Freyvan Orozco).

La procesión de Felipe Apóstol

San Felipe entra en la historia como ciudad el 1ero de mayo de 1731, durante la instalación del cabildo matriz, escogido por el pueblo que alguna vez se llamó "El Cerrito de Cocorote" para luego elegir su propio linaje al cambiarle el nombre por San Felipe “El Fuerte” y ser orgullosamente reconocidos por la historia como sanfelipeños; el gentilicio surgido de un santo convertido en patrono espiritual para honrar el sagrado nombre de Jesucristo.

Con esta primera decisión soberana de cambiarle el nombre al poblado de “El Cerrito” -a la que hacía alusión la Real Cédula del 6 de noviembre de 1729- resuelven llamarlo San Felipe por ser día del Santo Patrón y en agradecimiento al rey Felipe V por haber concedido el documento constitutivo de ciudad, y el apelativo "El Fuerte", por la templanza de los primeros habitantes que sostuvieron durante muchos años una férrea lucha para levantar un pueblo propio, lejos ya de los desmanes del gobierno de Nueva Segovia de Barquisimeto.

Cada primero de mayo, el pueblo sanfelipeño conmemora el aniversario de su Patrono espiritual, San Felipe Apóstol, con una misa solemne y luego una multitudinaria procesión por las principales calles de la ciudad con el fervor de la feligresía.