Pedro Maya “con la cola” a cien años de su nacimiento

Pedro Maya participó en varios campeonatos y encerronas en todas las mangas de coleo de Yaracuy y más allá de nuestros límites, tal como en San Fernando de Apure, Santa Bárbara del Zulia, Calabozo, Lara, Carabobo, y en casi todo el país dejando bien en alto los colores de nuestra bandera.

Raúl Freytez

Pedro Maya se inició en 1934 en el coleo en la Calle Piar (actual séptima avenida), amante de los toros coleados hasta su partida a las mangas del cielo a los 84 años de edad.
Pedro Maya se inició en 1934 en el coleo en la Calle Piar (actual séptima avenida), amante de los toros coleados hasta su partida a las mangas del cielo a los 84 años de edad.

Se abrió la puerta del toril entre empujones de caballos, mientras los coleadores batallaban por agarrar la mota del toro. Un enorme cebú de pelaje azabache, patas blancas, surgió de entre el amasijo de músculos anclada su cola en la mano de Pedro Maya. Ante el vocerío de la gente, unos metros más y el coleador se apartó del estribo para tumbar al toro tras una vuelta “filo´e lomo”, con una coleada efectiva frente al palco de los jueces.

El jinete retornó a la silla con agilidad, entre el aplauso bullicioso de la fanaticada, mientras los otros coleadores luchaban por recolear al cornúpeta, hasta que se venció el tiempo y llamaron a los amarradores. Fue entonces cuando desde las talanqueras las chicas blandían las preciadas cintas multicolores para premiar al ganador, prendiéndolas al liquilique blanco del paisano. Así fue en las sabanas de San Felipe, luego en la calle Piar y después en las mangas de coleo “Manuel Rodríguez Cárdenas” y “Luis Alberto Domínguez”, tan igual como en las poblaciones de Boraure, Cocorote, Aragua, Carabobo y Lara, entre muchos estados y poblaciones sobre el lomo de los caballos “El Paraulato”, “El pequeño rebelde”, “Manchita”, “El Chapulín” y la yegua “Serranía”.

Calle Piar de San Felipe, escenario de los toros coleados en el año de 1930, engalanada de pueblo y bellas damas.
Calle Piar de San Felipe, escenario de los toros coleados en el año de 1930, engalanada de pueblo y bellas damas.

Talanqueras en Calle Piar

Cruz Ramón Galíndez describió con certeza las proezas del coleador, en el diario Yaracuy al Día (12/10/2000): “(…) durante la presidencia de Don Atilio Araujo (1944), carajito yo de siete años, en la calle Piar, hoy séptima avenida (…), vi como Pedro Maya, en un pequeño y flaco caballo, revolcó con varias vueltas a un poderoso y corpulento toro de quinientos kilogramos”. Para entonces era una manga improvisada en plena calle de tierra, cuyos palcos y talanqueras estaban adornadas de flores ante la presencia de hermosas damas, entre las que destacaban Mercedes Azoca, Luisa Elena Soto, Mercedes Portillo, Petra de Colón y Mercedes Pulido, con el bullicio de la gran fanaticada de la recia encerrona de los toros coleados.

 Rito Maya muestra el último liquilique del afamado coleador.
Rito Maya muestra el último liquilique del afamado coleador.

Campeón de la Feria de Mayo

Rito, penúltimo hijo de Don Pedro Maya, reafirma el comentario de Cruz Ramón: “Mi padre se inició en el coleo muy joven (1934), y pasados unos años se estrenó en la denominada calle Piar, o calle de los toros (hoy séptima avenida), donde se dio a conocer como conquistador de la mota del toro y tumbarlos a “filo´e lomo”, y desde 1936 a 1944 se hizo acreedor -consecutivamente- del título de Campeón de coleo de la Feria de Mayo. En 1942 le otorgaron una medalla de oro puro del tamaño de un “fuerte” (moneda de plata de Bs. 5 de la época), con su nombre escrito a punta de clavo, como el mejor coleador de la Feria.

Pedro Maya, Luis Felipe López y Bartolomé Salom, entre otros coledores. (Nirgua) 1941.
Pedro Maya, Luis Felipe López y Bartolomé Salom, entre otros coledores. (Nirgua) 1941.

De San Felipe a Nirgua

Casi como relámpagos llegan a mi mente las palabras del Dr. Bartolomé Salom Lizarraga, cuando en su casa, bajo el enorme óleo del General en jefe Bartolomé Salom ubicado en la pared central de la sala, me dijera en alguna ocasión: “Pedro Maya y yo, entre un grupo de muchachos, recorrimos las sabanas de San Felipe a caballo para enfilar luego hacia Nirgua, y otras veces hasta Aroa a colear, lo cual era normal para entonces pues ese era nuestro modo de vivir, a lomo de caballos.

En efecto, Pedro Maya participó en varios campeonatos y encerronas en todas las mangas de coleo de Yaracuy, así como más allá de nuestros límites, tal como en San Fernando de Apure, Santa Bárbara del Zulia, Calabozo, Lara, Carabobo, y en casi todo el país dejando bien en alto los colores de nuestra bandera, fielmente admirado por sus amigos, coleadores y directivos de la Federación Nacional de Coleo: Marcial Guevara, los hermanos Pedro, José Antonio, Alfredo y Gustavo Velásquez; Rafael “El Chato” Parra, Juan Avendaño y su hijo Juan Alfonso “El Negro” Avendaño; Antonio y su hijo Alan Lugo, Estebio Rojas, Napoleón Garcés y José de la Cruz Reyes; Luis Mendoza, Silvino Jiménez e Hildemaro Guevara; Nicolás Gravina, Simón Azuaje; los hermanos David, Moisés, Daniel, Naumam y Chulé Herrera; Juan Canelón, Jesús María Piña y Gaudy Guevara; Carlos Bazán, padre e hijo, así como Gabriel Gil, Rafael Castillo, Ramón Oropeza y Vincencio Reyes; también, los hermanos Chepén, Marcial, Germán y Jorge “El Negro” Yovera; igual que Edgar Velásquez, Mario Reyes, Oswaldo Prado, Leoncio Prado, Juan Conejero, Juan Viñales, Luis, Wilmer y Antonio Barrios.

Ese fue, entre muchos, el caudal de amistades que cultivara en toda su carrera de coleador vernáculo, desde el coso hasta el tapón de las mangas de coleo a lo largo y ancho del territorio venezolano.

La firma de Don Pedro Maya.
La firma de Don Pedro Maya.

Claro sentimiento de orgullo

La fama de este hijo de El Paují (29 de abril de 1916), se hizo grande y con una enorme cosecha de campeonatos, trofeos, medallas y cintas multicolores, llegó el momento en que colgó los aperos y cedió las espuelas a su nieto Marcial Alejandro Maya, en la última tarde de toros coleados de la manga “Luis Alberto Domínguez” (1997), donde compartió con los viejos coleadores y las nuevas generaciones hasta el momento en que fundaran la Monumental “Don Pedro Maya” durante los Juegos Juveniles Nacionales.

Cada palabra salió del corazón de su hijo Rito, rememorando a su padre con un claro sentimiento de orgullo, al punto de quebrársele la voz cuando recordó el día del anuncio por los altoparlantes de la manga anunciando la muerte de Pedro Maya (09 de noviembre del 2000). Esa tarde, del alma de “La Monumental” surgió un relincho de tristeza, y muchos lloraron con el sombrero en el pecho como símbolo de honor por el veterano coleador, que escapaba del grupo a rienda suelta hacia las mangas del cielo.