National Geographic en la búsqueda de animales invisibles

¿Cómo es posible que un animal silvestre de gran tamaño como la danta pueda ser cabalgado por un ser humano? Fue parte de algunas de las interrogantes del escritor español Gabi Martínez. La respuesta es una sola, y es que ambos seres, el humano y la bestia tuvieron que haberse conocido en sus primeros años.

Raúl Freytez / Fotos: Magaly Martínez / Omar Yépez

El escritor español Gabi Martínez, de National Geographic, junto al administrador de la Guáquira Óscar Pietri, obtiene información de la danta más allá del mito. Foto: Magaly Martínez)
El escritor español Gabi Martínez, de National Geographic, junto al administrador de la Guáquira Óscar Pietri, obtiene información de la danta más allá del mito. Foto: Magaly Martínez)
El escritor español Gabi Martínez (al centro), junto a Óscar Pietri (La Guáquira) y Raúl Freytez. (Foto: Magaly Martínez)
El escritor español Gabi Martínez (al centro), junto a Óscar Pietri (La Guáquira) y Raúl Freytez. (Foto: Magaly Martínez)

Resguardar la fauna silvestre

Una muy grata visita la del escritor español Gabi Martínez, quien se encuentra en Yaracuy preparando para National Geographic un reportaje de investigación relacionado a los animales invisibles. Gente que conoce el significado de la preservación de las especies en peligro de extinción, y que por esa razón escudriñan hasta debajo de las piedras para encontrar sus rastros antes de que desaparezcan del planeta.

Martínez visitó la Oficina del cronista oficial de San Felipe en compañía de Óscar Pietri, administrador principal de la Reserva Ecológica Guáquira, ubicada en los predios de la Marroquina; un vergel boscoso pleno de flora y fauna de gran diversidad, correspondiente a la Zona Protectora del Macizo de Nirgua en el Cerro Zapatero, “un santuario de naturaleza que protege la fauna y flora yaracuyana”, según refleja su perfil web.  

Gabi Martínez, es de esos escasos escritores e investigadores que piensan con tino que sólo preservando el medio ambiente se puede resguardar la vida humana, pues cada vez que se aniquile una especie de la fauna silvestre o se tale un árbol, se está quebrantando el equilibrio de la naturaleza. De ahí su afán por investigar, reconocer, proteger y difundir en el mundo la mayor información relacionada a muchas especies en peligro de extinción; una batalla nada fácil, pero sí gratificante, al redescubrir la existencia de esas criaturas difíciles de ver en plena naturaleza porque son ligeros para desaparecer en el espeso matorral y así ocultarse de cualquier peligro inminente, tal como lo hace el venado, el jaguar, los báquiros, y sobre todo el tapir, que en estas anchuras venezolanas está familiarizada al mito de María Lionza, porque se dice que la reina cabalga sobre el lomo de una danta.

El escultor Alejandro Colina inmortalizó a la danta como cabalgadura de la reina María Lionza. (Foto Omar Yépez)
El escultor Alejandro Colina inmortalizó a la danta como cabalgadura de la reina María Lionza. (Foto Omar Yépez)

La danta en el mito

¿Cómo es posible que un animal silvestre de gran tamaño como la danta pueda ser cabalgado por un ser humano? Fue parte de algunas de las interrogantes del viajero español. La respuesta es una sola, y es que ambos seres, el humano y la bestia tuvieron que haberse conocido en sus primeros años, por lo que en alas de la fantasía le esbocé algunos fragmentos del libro (inédito) que titulé: “Lionza y el tapir”, en el que todo pudo haber sucedido cuando un grupo de niños aborígenes, entre chapoteos y risas, deslizaban pequeñas piedras achatadas en la cresta del río Quibayo, sumergiendo su desnudez en el agua clara, en una ambientación cálidamente soleada entre el canto de las aves y bochinches de araguatos azotando la cumbre del ramaje, cuando de repente, de la enmarañada arboleda surgieron silbidos de lamentos, y una cría de tapir asomó su alargado hocico.

Una de las bañistas deslizó su cuerpo hacia la orilla. Era Lionza, que enfiló sus pasos hacia el cachorro, ignorando los sabios consejos de sus padres en cuanto a que toda cría tiene siempre a su lado la celosa protección de sus madres. Y cuando se internó en la selva, alborotó a su paso poblados ramilletes de mariposas amarillas.

Al seguir la trocha, Lionza observó las rollizas formas de su guía silvestre de cabeza triangular, ribeteado el lomo de rayas y menudas manchas blancas. Logró contar cuatro dedos en las cortas patas traseras y tres en las delanteras. Mientras tanto la cría giraba la cabeza triangular en su recorrido silencioso, inquieto y apremiante.

Lionza, cautivada por el encanto del verdor imperante, de pronto, entre orquídeas y enredaderas, en un claro de sol, entendió la razón por la que sufría el manso cachorro: tendido sobre la hierba, yacía el cuerpo fornido de la danta madre, evidentemente sin vida. Con pasos lentos la aborigen se acercó a la cría, y paseó suavemente las manos amorosas en su lomo rizado, protegiéndola, uniéndose a su dolor inocente, mientras la animaba a seguir sus pasos. En ese lugar de tristezas ya nada podía hacerse.

Y en el último adiós, ambas crías, el animal y la niña, quisieron atrapar el instante eternamente, haciendo como los chiquillos que siempre desean coger con las manos más de lo que cabe en ellas. Principio de la mítica unidad. Las primeras huellas fundidas al frondoso lienzo del boscaje.

En Yaracuy, desde entonces, como eternos guardianes de la montaña de Sorte, con la majestad de su presencia, dos figuras se reflejan en el espejo de los manantiales. Ya no con la cándida caricia de los primeros años, sino con la sublime seducción de la encantada carpa de los árboles, envueltas en la intimidad del sortilegio, la fuerza, el mito, el tambor y la fantasía.

El nombre científico de la danta es Tapirus terrestris, en otras latitudes se le conocer como tapir, vaca de monte, sachavaca o maypouri.
El nombre científico de la danta es Tapirus terrestris, en otras latitudes se le conocer como tapir, vaca de monte, sachavaca o maypouri.

Animales invisibles

Es muy raro observar a estos animales en su ambiente, precisamente porque se ocultan de la vista humana. De ahí la hermosa labor de estos personajes que como Gabi Martínez se animan a recabar la mayor información de estos animales silvestres muy apreciados por los cazadores, en una práctica perversa que aniquila estos raros cuadrúpedos en peligro de extinción, pero que en la actualidad se abre un espacio para concienciar a la humanidad hacia el rescate de la naturaleza, bajo el prisma de la preservación de la flora y la fauna, pues la danta beneficia el hábitat al ser dispersora de las semillas para el florecimiento de nuevas plantas en los amplios espacios de las montañas y valles.

A mi parecer ése fue el modo en que dos seres se igualaron en un mismo destino, le manifesté al colega escritor Gabi Martínez e igual a Óscar Pietri, pues sólo es comprensible que un ser humano pueda cabalgar sobre una danta cuando hay mansedumbre y fidelidad, y que se sepa estas criaturas silvestres son temerosas ante la presencia del hombre y el lugar donde comúnmente habitan es de difícil acceso e ideal entonces para camuflarse en los rasgos de la naturaleza, precisamente el motivo por el que se les designa animales invisibles.