Los Obispos de la majestuosa Casa de Dios en San Felipe

El 7 de octubre de 1966 cuando el Sumo Pontífice, Su Santidad Pablo VI, creó la Diócesis de San Felipe mediante la Bula Pontificia “Ex Quo Témpore”, Yaracuy tuvo su propia Sede Eclesiástica desde el 25 de febrero de 1967 para recibir a quien fuera el primer Obispo, Tomás Enrique Márquez Gómez. Posteriormente llegó Monseñor Nelson Martínez Rust y en la actualidad el Presbítero Víctor Hugo Basabe.

Raúl Freytez / Fotos: Magaly Martínez / Música: Pescador de hombres

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Desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación, pasando por la Iglesia Matriz hasta la imponente Catedral de San Felipe.
Desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación, pasando por la Iglesia Matriz hasta la imponente Catedral de San Felipe.

El amor a Dios, y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ha sido por siglos la más hermosa realidad espiritual que ha influido en el sentimiento de la feligresía sanfelipeña, desde el momento en que se edificaran las bases octogonales de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación en la ciudad del origen San Felipe “El Fuerte”, destruida durante el terremoto del 26 de marzo de 1812. Luego se produjo la cimentación de la hermosa Iglesia Matriz de arquitectura postcolonial, derribada en 1970 para construir en su lugar la imponente Catedral de San Felipe. Iluminan igual el alma cristiana las Capillas del Nazareno, El Cristo; Jesús en el Huerto, la Ascensión del Señor y la Virgen del Valle.

Desde siempre la congregación ha experimentado el apego a la palabra del Gran Arquitecto del Universo, vital en nuestras vidas para el gozo espiritual y aun en las vicisitudes de nuestra existencia. Así ha sido siempre.

A principios de la década de 1960, la hermosa Iglesia Matriz de San Felipe, así como las capillas  del Nazareno y El Cristo, estaban subordinadas al Obispado de Barquisimeto, bajo la tutela de Monseñor Críspulo Benítez Fonturvel, hasta el 7 de octubre de 1966 cuando el Sumo Pontífice, Su Santidad Pablo VI, creó la Diócesis de San Felipe mediante la Bula Pontificia “Ex Quo Témpore”, por lo que el 25 de febrero de 1967 Yaracuy tuvo su propia Sede Eclesiástica para recibir al primer Obispo, Monseñor Tomás Enrique Márquez Gómez; Bula que en un extracto de su traducción versa: “Erigimos la nueva Diócesis que se llamará de San Felipe en Venezuela, la que tendrá por límites los mismos del estado Yaracuy. La capital de la Diócesis será la ciudad de San Felipe en la que residirá el Obispo. La Catedral y la Curia Episcopal de honor y de autoridad quedarán establecidas en el Sagrado Templo de la Bienaventurada Virgen María de la Presentación, a la que como Catedral le concedemos todos los derechos y privilegios”.

Luego, a finales del año 1970 derrumbaron la Iglesia Matriz. Para entonces, entre los dimes y diretes que produjo el derrumbe del sagrado Templo postcolonial, casi de inmediato una enorme fila de camiones cargaron con sus ruinas para dejar en poco tiempo el lugar desolado, momento en el cual aparecieron decenas de trabajadores para demarcar las bases que luego se transformarían en la imponente Catedral de San Felipe. Detrás del Templo erigieron la Curia Diocesana, residencias y zona rental, como complemento de la edificación principal.

La solemne Casa de Dios había cambiado sus humildes ropajes de bajareque, piedras, maderos y tejas para engalanarse con las vestiduras del progreso ceñida de acero y concreto, elevando al arco celeste una inmensa cruz de corazón de madera, apuntada hacia el infinito como muestra de que el cielo es real para quienes comulgan con la fe, morada celestial de las almas nobles, misteriosa convicción de lo que no se ve pero se espera, como signo maravilloso de la naturaleza humana.

Monseñor Marquez Gomez, primer Obispo de la Diócesis de San Felipe.
Monseñor Marquez Gomez, primer Obispo de la Diócesis de San Felipe.

Monseñor Tomás Enrique Márquez Gómez

Ya creada la nueva Diócesis en Yaracuy se instala bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Presentación, con Monseñor Márquez Gómez al frente del Episcopado, entregado en cuerpo y alma al servicio de la Palabra de Dios Todopoderoso, nombrado Obispo titular en 1963 por Su Santidad Juan XXIII y posteriormente el Santo Padre Paulo VI, quien habría de distinguirlo como Obispo de San Felipe.

Monseñor Tomás Enrique Márquez Gómez, nativo de Santa Ana del Norte, en la Isla de Margarita, fue ordenado sacerdote en 1940 en la Iglesia de Santa Inés, Catedral provisional de Cumaná por Su Eminencia Monseñor Dr. Sixto Sosa, siendo un hombre de la Iglesia desprendido y piadoso. Se había iniciado como Vicario cooperador de la Parroquia la Inmaculada Concepción, de Güiria; Párroco de San Antonio del Golfo; Párroco de San Juan Evangelista, así como de Juan Griego durante siete años; Párroco y Vicario foráneo de Santa Rosa de Carúpano por 14 años, hasta que en 1960 es investido como Camarero Secreto de Su Santidad y tres años después Obispo titular de Tapso y Auxiliar de Ciudad Bolívar, por su Santidad Juan XXIII y preconizado por el Papa Paulo VI, consagrado en el Templo de Santa Ana del Norte, donde tomó posesión el 10 de septiembre del mismo año, y luego de su paso por la Diócesis de San Felipe, de júbilo por su grata presencia moral, a su sucesión por quebrantos de salud y avanzada edad fue designado Monseñor Nelson Martínez Rust.

Monseñor Nelson Martínez Rust, segundo Obispo de la Diócesis de San Felipe.
Monseñor Nelson Martínez Rust, segundo Obispo de la Diócesis de San Felipe.

Monseñor Nelson Antonio Martínez Rust

Monseñor Nelson Antonio Martínez Rust tomó posesión del Obispado de San Felipe el 29 de marzo de 1992, en una actividad dispuesta con solemnidad por Su Excelencia Tomás Enrique Márquez Gómez, en el Parque San Felipe El “Fuerte”; evento dirigido por el profesor Otón Carvallo ante la presencia de una gran cantidad de Obispos de Venezuela, para luego trasladarse a la Catedral a fin de presenciar la Misa solemne plena de Monseñores y altos representantes del Gobierno regional y nacional. 

El segundo Obispo de la Diócesis de San Felipe nació en Puerto Cabello, y fue ordenado sacerdote el 15 de diciembre de 1968, hasta el momento en que el Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor Oriano Quillici, certificó con fecha 29 de febrero de 1992 que Su Santidad el Papa Juan Pablo II, había nombrado a Nelson Antonio Martínez Rust como Pastor de la Sede Obispal de San Felipe, liberado ya de la Iglesia de Bararo y Auxiliar de la Arquidiócesis de Valencia.

Monseñor Martínez Rust es un viajero de ideas, pensamientos y realidades que conjuga con la investigación y obligada lectura relacionada al hecho histórico regional, sobre todo en lo atinente a la Iglesia Matriz, “de la que existen muchas y bellas historias que me han llegado en voces de la feligresía, en la que aún persiste la incógnita del por qué fue derribado un ícono de tanto valor patrimonial”.

Desde el mismo instante de su llegada a la catedral de San Felipe, Monseñor Martínez Rust, en su constante afán por redescubrir los tesoros del Templo Matriz de porte postcolonial, consiguió “unas osamentas en la sacristía del Obispado, y de solo pensar que esas huellas humanas tuvieron un significado muy especial para quienes forjaron la fundación de la Iglesia, se les hizo una misa y oraciones por el eterno descanso, por lo que ahí están ahora debajo de la escalera que sube al segundo piso de la Sacristía del Obispo, en la Catedral. Esos restos, gracias a Dios, hoy reposan en lugar sagrado”

Un Missale Romanum, libro litúrgico escrito en latín, contentivo de todas las ceremonias, oraciones y rúbricas para la celebración de la Santa Misa, es parte del tesoro de la destruida Iglesia Matriz de San Felipe.
Un Missale Romanum, libro litúrgico escrito en latín, contentivo de todas las ceremonias, oraciones y rúbricas para la celebración de la Santa Misa, es parte del tesoro de la destruida Iglesia Matriz de San Felipe.

Los tesoros del Templo

Pero lo de otorgarle el valor que representan esas osamentas históricas y preservarlas para la posteridad en lugar sagrado, fue tan solo el principio, pues al tratar de desempolvar la historia inconclusa de la Iglesia Matriz, Monseñor Martínez Rust, rescató y acaudaló uno de los tesoros de mayor valor preservados en las páginas de los libros contentivos de las partidas de nacimiento, de confirmación y matrimonios de la época colonial desde Guama a San Felipe. “Eran unos libros que no tenían el cuidado correspondiente y yo dije que ese material histórico era invalorable por lo que de inmediato recogimos lo que se pudo salvar porque estaban en un avanzado estado de deterioro, pero lo poco que logramos rescatar del olvido hoy se mantiene a salvo y aquí están en la Curia, e incluso los tenemos en microfilm para evitar que el uso desmedido termine por dañar ese tesoro absolutamente invaluable.

En efecto, son libros de un incalculable valor histórico; tomos antiguos contentivos de la más preciosa información de Nirgua, año 1667; Yaritagua, año 1709; Chivacoa, año 1815; Urachiche, año 1845; Salom, año 1884; Guama, año 1735; Campo Elías, año 1877; Cocorote, año 1781; Aroa, año 1912, Albarico, año 1844 y San Felipe, julio de 1812, cuyas páginas fueron teñidas por las letras de escribanos para preservar la memoria de los pueblos yaracuyanos, y que en la actualidad se mantienen en un pequeño cuarto de la Curia, celosamente guardado por Juanita, fiel asistente del Obispo Martínez Rust, en el que a pesar de carecer de un ambiente adecuado para preservar esos invalorables tesoros, el amor y el cuidado constante han hecho milagros ante el clima tan caprichoso de San Felipe. “Aquí en Yaracuy el clima es sumamente agradable aunque imprevisible por lo variable, pues de repente hay un sol radiante y en segundos se derrama un palo de agua”.

En la Curia, un enorme estante con ventanales de vidrio muestran otros rescates de mucho valor: un Missale Romanum, el libro litúrgico escrito en latín, contentivo de todas las ceremonias, oraciones y rúbricas para la celebración de la Santa Misa; un Breviarium Romanum, el compendio tradicional de oraciones para el oficio divino, escrito en latín; cuatro candelabros grandes de bronce y tres pequeños; un reloj de bolsillo europeo; una campanilla de tres campanitas, pues una se extravió y un porta vinagretas. Todas estas reliquias de vieja data. No hay nada más de lo que perteneciera a la Iglesia Matriz de San Felipe, pues parte de sus valiosos tesoros se guardan en otras capillas de la localidad, protegidas celosamente.

En su despedida ante los medios de comunicación social, la mañana del lunes 14 de marzo de 2016, agradeció infinitamente el apoyo de los periodistas y el amor manifiesto de la feligresía sanfelipeña, tanto así que no habiendo nacido en esta tierra, su estadía aquí, que supera los 24 años, lo hizo ser yaracuyano, según afirmó. “Fui amasado con el fervor de esta tierra. Si sembramos a Dios en nuestros corazones, todo cambiará para bien, y al cambiar podremos hacer el país que todos anhelamos”. Regresa a Valencia a dar clases en filosofía y teología en el Seminario de esa jurisdicción. Gracias, Monseñor Nelson, que Dios le bendiga siempre. 

Monseñor Victor Hugo Basabe, designado por el Papa Francisco, recientemente, como el tercer Obispo de la Diócesis de San Felipe.
Monseñor Victor Hugo Basabe, designado por el Papa Francisco, recientemente, como el tercer Obispo de la Diócesis de San Felipe.

Monseñor Víctor Hugo Basabe

Luego de casi 25 años al frente de la Casa de Dios en San Felipe, Monseñor Nelson Martínez Rust es sucedido en el Santo Oficio por el Presbítero Víctor Hugo Basabe, perteneciente al clero de la Diócesis de El Vigía- San Carlos del Zulia, y actual Secretario General de la Conferencia Episcopal Venezolana, recientemente designado por el Papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio), como Obispo de la Diócesis de San Felipe, del estado Yaracuy.

El Padre Basabe nació el 17 de diciembre de 1961 en Bobures, estado Zulia, y desde muy joven se inclinó en la búsqueda del conocimiento, sobre todo en lo concerniente al derecho, por lo que estudió en la Universidad del Zulia (LUZ), donde obtuvo el título de abogado en el año de 1989 y casi de inmediato ejerce su profesión de abogado, laborando como Síndico Procurador Municipal en su tierra natal. Once años después, es ordenado sacerdote por Monseñor William Delgado, en el Santuario de San Benito, en Caja Seca, el 15 de agosto del 2000.

Monseñor Basabe había iniciado sus estudios eclesiásticos en 1993 y recibió el diaconado de manos del Presbítero Roberto Lückert en la Capilla del Colegio Mater Ecclesiae en Roma, el 29 de junio de 1999. Posteriormente inició estudios de filosofía en el seminario “Juan Pablo II” de Barquisimeto, y de teología en el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum en Roma, hasta obtener, en 2002, la licencia en Derecho Canónico.

A su paso por la Iglesia cristiana, ha tenido grandes responsabilidades en las que se ha destacado como Vicario Parroquial Catedral y Canciller de la Curia Diocesana de El Vigía; Miembro del Consejo Presbiteral y del Consejo de Consultores. También fue Moderador de la Curia Diocesana y Párroco de la Parroquia de “Nuestra Señora del Carmen” en El Vigía, San Carlos. De igual modo ofició en el Monasterio Trapense de “Nuestra Señora de los Andes”, Mérida. Fue Párroco de la Parroquia San Pedro Apóstol y Párroco de la Parroquia “Santa Bárbara” en El Vigía, San Carlos, hasta su designación como Subsecretario de la Conferencia Episcopal Venezolana (2013-2015) y, finalmente Secretario General de la Conferencia Episcopal Venezolana (2015), cuando recibe el nombramiento para ocupar el Obispado de la Diócesis de San Felipe. Bienvenido, Monseñor Basabe. Está en su casa.