La Santa Madre Teresa de Calcuta es venezolana

La Casa de la Caridad, ubicada en Cocorote, cuya labor es velar por las personas que son “abandonadas por sus familiares, pero nunca por Dios”, fue fundada por la Madre Teresa de Calcuta como un ejemplo de hermandad, amor y paz hacia la humanidad.

Esteban Velásquez / Fotos: Roibert Muhlemann

Trece años después de ser beatificada por San Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta fue canonizada el 4 de septiembre por el Papa Francisco.
Trece años después de ser beatificada por San Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta fue canonizada el 4 de septiembre por el Papa Francisco.
Este recibo de la Cédula de Identidad le fue otorgada a la Santa Madre Teresa de Calcuta durante su visita a Venezuela.
Este recibo de la Cédula de Identidad le fue otorgada a la Santa Madre Teresa de Calcuta durante su visita a Venezuela.

Para nuestro orgullo...

En pleno siglo XXI, el cuatro de septiembre marcó un antes y un después en el mundo cristiano, sobre todo en el sentimiento de los venezolanos y de modo particular de los cocoroteños, en el estado Yaracuy, porque una de sus hijas fue canonizada. El Papa Francisco proclamó Santa a la Madre Teresa de Calcuta, el domingo cuatro de septiembre, aunque su fiesta en el calendario católico de santos será el cinco de septiembre de 1997, para recordar el día en que pasó a los prados de la eternidad.

¿Y por qué otro pueblo y otro país acogen para sí la nacionalidad de esta mujer de Dios? La respuesta es sencilla: ella misma se hizo venezolana para predicar la palabra del Gran Arquitecto del Universo, dedicando su vida entera a servir con devoción a los más necesitados, y para ello la Santa Madre Teresa de Calcuta escogió la hermosa población de Cocorote para fundar el primer hogar de las Misioneras de la Caridad, muy lejos de su lugar de origen en la India donde sembraran su ombligo.

Esta realidad de su nacionalidad venezolana se testifica con una fotografía del certificado de la Cédula de identidad otorgada a la Santa beata, que ya forma parte del acervo histórico regional, gracias a Carlos Manuel Barreto que entregó al Centro de Historia del Estado Yaracuy, por intermedio de la Diócesis de San Fernando de Apure.

Por esa razón el domingo cuatro de septiembre de 2016 es muy especial para el mundo, Venezuela, Yaracuy y Cocorote, porque desde la Basílica de San Pedro, absolutamente plena de feligreses, el Papa Francisco dijo en latín y luego en italiano: “Proclamamos a la beata Teresa de Calcuta, Santa y la inscribimos entre los santos decretando que sea venerada como tal por toda la Iglesia.”

Ya aquí, en la patria chica, en el suelo cocoroteño que se dejó seducir por los silenciosos pasos de la Santa Madre Teresa de Calcuta, la hermosa Iglesia de esa localidad, la Plaza Bolívar y sus alrededores no fue suficiente para albergar a los cientos de fieles que fueron a celebrar la canonización de la insigne paisana, para lo cual se aclamó su nombre con una misa en la parroquia San Jerónimo de Cocorote, en la que el Obispo de la Diócesis de San Felipe, Monseñor Víctor Hugo Basabe, proclamó: “Ahora podemos decir: Santa Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros…”, y las campanas dejaron volar al viento su canto en tañidos de fe, amor, paz e identidad en el alma de los yaracuyanos.  

“(...) soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”.
“(...) soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”.

Agnes Gonxha Bojaxhiu

Señor, soy tuya: haz de mí lo que quieras...”, expresión que surge como una oración salida del más hondo sentimiento de un ángel convertido en mujer, al caminar sin pausa ni tregua por la senda de Dios, entregada en cuerpo y alma al precepto de hacer el bien por encima de todas las cosas.

Ella, Agnes Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida como la madre Teresa de Calcuta, sembró la semilla de su inconmensurable amor por los desvalidos en  Cocorote, hermoso terrón de esta tierra de magia y encanto, “y todo por amor, ya que cuanto más renunciamos a nosotros mismos, más podemos amar”, según anunciara en la alegría de ser embajadora del Señor.

Estas maravillosas mujeres se entregan en cuerpo y alma al cuidado y protección de estas personas desvalidas.
Estas maravillosas mujeres se entregan en cuerpo y alma al cuidado y protección de estas personas desvalidas.

Amor y entrega especial

La Madre Teresa de Calcuta es sinónimo de esperanza en la Casa de la Caridad que lleva su nombre, sorprendentemente iluminada de amor y entrega humana demostrada por las hermanas al cuidado permanente de niños, adultos y ancianitos que, de alguna u otra forma, llegan a ese lugar tras sufrir de enfermedades congénitas y degenerativas.

Estos pacientes no sólo reciben el cuidado médico que estas monjitas pueden proporcionarles, sino que el amor y la entrega de estas mujeres tan especiales en todas las fases de la vida diaria de los que están a su cuidado, se ponen de manifiesto, desde bañarlos, limpiarlos, lavarles la ropa; escuchar sus lamentos, calmar su dolor, darles de comer. Con el simple hecho de hacer por ellos todo lo que sus familias no han podido -o querido- hacer.

En medio de un clima frío y un sinfín de necesidades, estas maravillosas mujeres se entregan en cuerpo y alma al cuidado y protección de estas personas desvalidas, quienes llegaron a este mundo sin otra misión que la de mostrarnos que Dios existe y que debemos amar a cada una de sus creaciones, por muy diferentes que sean, por más peligrosas que nos parezcan, porque ellos están con nosotros para hacernos entender que vivir no es sólo respirar, caminar, comer y dormir; vivir es ayudar al prójimo, es compartir su lamento y lograr que alguien olvide su dolor, aunque sea sólo por un momento, hacerlos sonreír, darles felicidad.

Con una mirada llena de satisfacción y paz, la hermana Rosario nos contó la historia de la Madre Teresa de Calcuta.
Con una mirada llena de satisfacción y paz, la hermana Rosario nos contó la historia de la Madre Teresa de Calcuta.

Rosario, hermana de la Caridad

La hermana Rosario ha demostrado su calidad humana desde el día de la instalación de esta Casa de la Caridad -hace más de 50 años- y aún se mantiene como la máxima representación de la orden en Cocorote, puesto que ella fue una huérfana que recorrió gran parte del mundo con la Madre Teresa de Calcuta y se quedó en Yaracuy para perpetuar su obra de amor y de entrega.

Los años han sido benévolos con la hermana Rosario y conserva mucha de la ternura que la ha caracterizado y que ha demostrado a lo largo y ancho de su trabajo en esta Casa de la Caridad, donde actualmente entre siete monjitas y seis voluntarios de la comunidad atienden a 33 pacientes que sufren de enfermedades como retardo mental, hidrocefalia, retardo psicomotor y parálisis cerebral, entre otras.

Es maravilloso saber que hay gente con verdadero amor para ofrecer a raudales a los más necesitados.
Es maravilloso saber que hay gente con verdadero amor para ofrecer a raudales a los más necesitados.

Más allá de un cuerpo sin movimiento

En un mundo lleno de odio, de guerras, de amenazas, de muerte, de violencia, de racismo, podemos encontrar una luz de esperanza en la labor de personas como estas monjitas -y todos los que las ayudan de una u otra forma- que dejan su vida de lado para apoyar a otros que no pueden valerse por sí mismos; esos que, a pesar de que no representan un voto en las elecciones ni son parte de una cuota política, necesitan ser tomados en cuenta, no como parte de la sociedad, ni siquiera como a lo que muchos llaman “pueblo”, sino como seres humanos. Es así de sencillo.

Ser humano no significa sólo poder caminar sobre dos extremidades y razonar, ser humano es ver más allá de un cuerpo sin movimiento, de un rostro deforme, de las anomalías y cicatrices que estas personas llevan como una cruz y que no les han permitido ser parte de “nuestra sociedad”; una sociedad que muchas veces mira con desprecio y hasta aprensión, a quien les resulta diferente. 

Cocorote tiene el único santuario en el mundo con las pertenencias originales de la Santa Madre Teresa de Calcuta.
Cocorote tiene el único santuario en el mundo con las pertenencias originales de la Santa Madre Teresa de Calcuta.

Homenaje de amor

Un sentido y hermoso homenaje ofrecieron los niños de las catequesis que dirigen las Hermanas de La Caridad en la parroquia de San Jerónimo, con bellas piezas musicales, ante la feligresía que jubilosa disfrutó en sana paz, rememorando que por más de 50 años la Madre Teresa de Calcuta socorrió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, y fue también quien dirigió su congregación en diversos países hasta pocos meses antes de su paso a la inmortalidad.   

Arnoldo Camacho, el campanero que hizo “cantar” de alegría el bronce del templo de San Jerónimo de Cocorote hace 50 años para darles la bienvenida a las misioneras de la caridad, complació a los fieles con unas agradables palabras de su inspiración que tituló “Repiqué duro las campanas”.

En 2003 había sido beatificada por el Papa Juan Pablo II. En 1979 obtuvo el Premio Nobel de la Paz y en 1980 el presidente Neelam Sanjiva Reddy, en presencia de la Primer Ministro Indira Gandhi, le otorgó uno de los mayores galardones civiles de la India: el premio Bharat Ratna. En la actualidad, Cocorote tiene el único santuario en el mundo con las pertenencias originales de la Santa Madre Teresa de Calcuta, que para orgullo nuestro, es venezolana.