El Escudo de San Felipe es espíritu de soberanía

El escudo es la rúbrica de un sentimiento de estrecha vinculación con el temperamento de sus hijos. Es la lectura visual, icónica, en fin, el sentido del espíritu sanfelipeño acuñado en adarga de emancipación. 

Raúl Freytez

Escudo del municipio San Felipe, obra del Coronel (EJ.) Luis Valero Martínez.
Escudo del municipio San Felipe, obra del Coronel (EJ.) Luis Valero Martínez.

La historia de San Felipe es extraordinariamente hermosa, teñida además de intensos aspectos de tragedia por la multiplicidad de penurias que tuvieron que soportar los primeros colonizadores por parte del imperio español enraizado en el Cabildo de la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, cuyas autoridades impidieron a todo trance la instalación y desarrollo de cualquier comunidad en el Gran Valle, que para la época colonial pertenecía a su territorio.

Y como es sabido, a pesar de los desmanes de las autoridades del Cabildo barquisimetano, los colonizadores canarios y andaluces, junto a una numerosa población diversa en la que habían negros, indígenas, mulatos y zambos ligados a las labranzas del campo, soportaron los crueles excesos hasta lograr constituirse en lo que fue la villa del “Cerrito de Cocorote” que luego de ser desalojados en 1710 y en 1717, procedieran a su devastación por fuego y sangre el 8 de septiembre de 1724, hecho que les obligó a establecerse en el lugar de Valle Hondo donde fundan una nueva población que continua denominándose “El Cerrito”, hasta que gracias a la voluntad  y empeño de sus pobladores, se logra la firma de la Real Cédula el 6 de noviembre de 1729, que lo eleva a la categoría de Ciudad y comienza a llamarse San Felipe desde el 1ero de mayo de 1731, a la cual se le agregaría posteriormente el título de “El Fuerte”.

Después del terremoto del 26 de marzo de 1812, casi de inmediato la vecindad empezó a construir barriadas alrededor de las ruinas de identidad enaltecidos con la misma fortaleza de su nombre, la fe en Dios y en su gentilicio para edificar una nueva Iglesia, viviendas y calles, un Palacio de Gobierno, una plaza en memoria del Padre Libertador, y al correr de los años, su himno, el escudo y su bandera.

Después de 250 años

Tuvieron que pasar dos siglos y medio para que la capital del estado Yaracuy mostrara el orgullo de poseer su propia insignia de identidad, tal como sucedió el 17 de abril de 1979, cuando el concejal César Morales Mora presentó un Proyecto de Acuerdo relacionado a la apertura del concurso para la escogencia del Escudo de la ciudad de San Felipe e incluirlo en la planificación de las actividades de la Junta pro-celebración de sus 250 años, siendo Ricardo Proaño Brunis Secretario de la misma, quien para entonces refirió: “Con referencia al escudo, de fecha del 17 a de abril de 1979, hubo un acuerdo de este Concejo municipal con el cual promovió un concurso para la adopción del escudo, emblema de la ciudad de San Felipe. En el Artículo 2do dice: los concursantes deberán enviar sus creaciones en sobres cerrados y enumerados, utilizando en uno, el pseudónimo y en otro de igual condición, el nombre propio del autor, antes del 1ero de agosto y dirigido a esta municipalidad, entre otras exigencias”.

Al efecto se designó el jurado calificador en las personas del General de Brigada Raúl Reyes-Zumeta, profesor Luis Quiroga Torrealba y el Doctor Alfonso Bortone Goitía, que sería sustituido por el Coronel José Acuña Ríos, en vista de que el Dr. Bortone había sido designado Cónsul de Venezuela en Montevideo.

Ya para el 15 de septiembre se habían consignado tres trabajos, que al ser objeto de la calificación del jurado ganó la propuesta presentada por el Coronel Luis Valero Martínez, contentivo del pasado heroico y trágico, así como el presente con su historia y tradiciones sumado al linaje perseverante en el símbolo de identidad, íntimamente ligada con la consolidación de su memoria histórica en el emblema de la capital yaracuyana; la rúbrica de un sentimiento de estrecha vinculación con el temperamento de sus hijos, la lectura visual, icónica, en fin, el sentido del espíritu sanfelipeño acuñado en adarga de emancipación.

Fue así cuando el Concejo municipal del Distrito San Felipe, al conmemorar los 250 años de la firma de la Real Cédula por el rey Felipe V, que le otorgaba condición de ciudad al “Cerrito de Cocorote”, realizó una Sesión Solemne y Extraordinaria el 6 de noviembre de 1979, durante la presidencia de Doña Elena de Serva. El Orador de Orden fue Don Nicolás Perazzo, Cronista Oficial de San Felipe, presentado por el concejal Bartolomé Salom Lizarraga.

La ocasión fue propicia para que la Cámara municipal sanfelipeña y la Asamblea Legislativa del estado Yaracuy, dieran lectura al Acuerdo redactado en honor al Dr. Rafael Caldera por haber sido electo -por aclamación- Presidente del Consejo Permanente de la Unión Interparlamentaria Mundial.

Ese día, por cierto, también se dio lectura al acuerdo de la Cámara de diputados, que exhortaba al Senado de la República de Venezuela el traslado de los restos del ilustre yaracuyano Carmelo Fernández al Panteón Nacional. “Dicho acuerdo es entregado por los diputados General (R) Cándido Pérez Méndez y Francisco Cordido Briceño”.

En otro de los puntos del Orden del día, el periodista Ricardo Proaño Brunis dio lectura a la heráldica del escudo adoptado como emblema de la ciudad de San Felipe, ante la presencia del ex Presidente de la República Dr. Rafael Caldera; Reinaldo Rodríguez Navarro, Ministro del Trabajo; Enrique Aristiguieta Gramcko, Director General del Ministerio de Relaciones Interiores, junto a los poetas Manuel Rodríguez Cárdenas y José Parra, así como los concejales en pleno entre una multitud de ciudadanos e invitados especiales, en el salón de sesiones de la Asamblea Legislativa regional.

Escudo actual del Ejército de Venezuela, luego de las consideraciones realizadas por el Coronel Luis Valero Martínez
Escudo actual del Ejército de Venezuela, luego de las consideraciones realizadas por el Coronel Luis Valero Martínez

El creador del Escudo de San Felipe

Del Coronel Luis Valero Martínez poco se sabe, pues incluso no vino a recibir el premio en metálico ni el certificado, y hubo que enviárselo a la ciudad de Caracas, y tras las investigaciones apropiadas se supo que para el año de 1973 fue Jefe del Negociado de Historia y Arte Militar del Ejército de Venezuela, a quien se debe el estudio correspondiente relacionado “a la conveniencia de modificar el escudo del Ejército venezolano con respecto al cambio de fecha “24 DE JUNIO DE 1954” por la de “5 DE JULIO DE 1811” además de otras correcciones de carácter heráldico”, por recomendación que hiciera el Jefe de la Sección de Operaciones del Estado Mayor General del Ejército, General de Brigada Bernardo Rigores.

Fue de este modo que el General de Brigada Camilio Vethencourt Rojas, para entonces Jefe del Estado Mayor General del Ejército, solicitó al Coronel Luis Valero Martínez que emitiera su opinión al respecto, quien presentó el 14 de mayo de 1974, el estudio requerido con las consideraciones pertinentes.

Es justicia reconocer que el primer escudo de Armas del Ejército de Venezuela fue creado por el Coronel (Ej.) Juan José Aquerrevere, a raíz de la fundación de la Comandancia de las Fuerzas Terrestres el 24 de junio de 1954, pero luego de las referidas consideraciones realizadas por el Coronel Valero Martínez, que entre otros puntos indicaba la falta de “significación, simbolismo y tradición propia o nacionalista”, aunado a los “errores de heráldica”, y a la posibilidad de haber plagiado “En casi su totalidad al Escudo del Ejército de Colombia, hizo que el Comandante General del Ejército, General de Brigada Manuel Bereciartu Partidas dispusiera la anulación del primer escudo, tras aprobar los cambios sugeridos, y aprobó el actual escudo del Ejército del 20 de junio de 1974 que en la actualidad distingue al “Ejército Forjador de Libertades”.

Es apenas una breve reseña biográfica del Coronel Luis Valero Martínez, ganador del concurso del Escudo del municipio San Felipe, cuya leyenda heráldica fue redactado en el libro de actas por el secretario de Cámara Francisco Arteaga, en los siguientes términos: “El Escudo de la ciudad de San Felipe, trae de plata silueta de la antigua población de San Felipe El Fuerte, protegida por murallas en los Cerritos de Cocorote a orillas del río Yurubí, todo en colores naturales, blazado sobre cañón y llave de oro en aspa en la punta. Cinta de oro con la inscripción “San Felipe”; el todo simboliza a la antigua población San Felipe El Fuerte, asentada en los Cerritos de Cocorote, su lugar de origen, cobijado bajo el manto plateado de su despejado cielo, bañado por las aguas del serpenteante río Yurubí, protegida y asegurada por armas y llaves de su muralla; campo de plata, representa el cielo de la ciudad de San Felipe; ciudad amurallada representa la antigua población de San Felipe El Fuerte; cerros al pie de la población representa los Cerritos de Cocorote, asiento inicial del pueblo que más tarde se transformó en la ciudad de San Felipe El Fuerte; río, representa al serpenteante río Yurubí, cañón de oro, representa a las armas que guarnecieron y defendieron la población. Llave de oro representa la seguridad del pueblo. Cinta de oro con la inscripción San Felipe, identifica el escudo”.  

Al respecto sólo tengo una observación que deseo compartir con quienes conocen la historia de San Felipe, que para no ir muy lejos, desandemos el tiempo hasta el 8 de septiembre de 1724 cuando las autoridades del Cabildo de Barquisimeto devastaran por incendio el poblado del “Cerrito de Cocorote”, así denominado porque en el lugar había un promontorio de tierra, no varios, que la vecindad de generación en generación designaba como “Los Cerritos de Cocorote”, cuando en realidad en esa zona había una sola colina de poca elevación y ese error histórico lo hizo notar el Coronel Luis Valero Martínez, al reflejar cuatro figuras en forma de triángulos que simbolizan los cerros y no uno como debió haber sido “sobre el río (que) representa al serpenteante río Yurubí”.

Pero como quiera que sea, “Cerritos” o “Cerrito de Cocorote”, singular o plural, forma parte de la memoria histórica, de ahí la realidad de nuestro escudo que nos caracteriza e identifica públicamente ante propios y visitantes como la ciudad de San Felipe, parte vital de nuestra esencia, una marca de unidad, nuestro título de identidad municipal.