Consideraciones sobre nombres de espacios públicos en San Felipe

Los ciudadanos tenemos la obligación de ser eternos custodios de nuestros valores y contralores hacia la preservación de nuestro patrimonio tangible e intangible para esta y las próximas generaciones.

Raúl Freytez / Fotos: Magaly Martínez / Rafrequi / Archivo William Ojeda

La calle 10 de San Felipe fue transformada en Avenida Caracas. (Foto Rafrequi)
La calle 10 de San Felipe fue transformada en Avenida Caracas. (Foto Rafrequi)

Los nombres expresan e implican parte de la formación evolutiva en la cultura de los pueblos al constituirse en vínculo maravilloso de autonomía, de gentilicio, escribí en una ocasión para tratar el tema relacionado al Pico El Tigre o Cerro Chimborazo, como también es conocido.

Afirmé en esa oportunidad que aunque le cambien la designación a una zona, avenida o plaza, tal identificación no se perdía a pesar del nuevo nombre que se le otorgara porque el originario ya formaba parte del imaginario colectivo, aunque fuera objeto de transfiguración.

Alegué que muchas personas jamás aceptarían cambios impuestos pues los pobladores seguirían apropiándose del nombre originario aunque le designaran de otro modo, quizás otras personas lo asumirían con resignación, otros lo rechazarían y los menos, sencillamente lo ignorarían.

En atención a los cambios de nombres a plazas, calles y avenidas por el de otros personajes, muchas veces responden nada más que a un interés político del impulsor de la reforma, olvidando la tradición e historia que conlleva la designación sujeta a reemplazo, a menos que sean nuevas plazas, avenidas, paseos y parques, pues de lo contrario lo responsable sería elaborar con anterioridad un informe con la debida  documentación que sustente las posibles nominaciones de espacios públicos y escenarios del municipio San Felipe.

Vale destacar que al respecto no hay una ordenanza que regule el cambio de nombre de las calles, avenidas o plazas, que a mi juicio debería existir para evitar cualquier reforma inmotivada, sin la debida justificación a fin de establecer los procedimientos y normas para la asignación de nombres a lugares públicos de competencia estrictamente municipal.

Por tal motivo sugerimos a los ediles del ilustre Concejo municipal de San Felipe a legislar en torno a la implementación de una ordenanza que regule el cambio de designaciones de nombres de calles, plazas y otros lugares públicos de competencia local, con la conformación de un Comité con facultades para emitir un dictamen respecto a cualquier solicitud de esta naturaleza, con el fin de que la nueva posible designación proceda solo si coincide con el contexto histórico, cultural, social, municipal o regional, junto a los valores y la ética, desde luego teniendo en cuenta la información de interés relacionada a los méritos del nuevo nombre en consideración para el cambio de denominación, pues ha sido una tradición rendir honores a los personajes locales, concibiendo en esta condición a todos aquellos ciudadanos con méritos suficientes por sus virtudes personales, talento u obra que han contribuido a consolidar el patrimonio cultural del municipio San Felipe.

A título de información, por ejemplo, la calle 10 de San Felipe estaba destinada a ser reconocida como la “Avenida José Joaquín Veroes”, en honor al ilustre patriota sanfelipeño que se unió a las fuerzas independentistas para librar a Venezuela del yugo español, pero de un solo plumazo llegó una orden de la capital de la República que decretaba el nombre de “Avenida Caracas” en honor al cuatricentenario de esa ciudad, cuando la presidencia de Raúl Leoni.

La Avenida 2 de Diciembre fue designada "Avenida La Paz", luego de la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. (Foto Magaly Martínez)
La Avenida 2 de Diciembre fue designada "Avenida La Paz", luego de la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. (Foto Magaly Martínez)

De “2 de Diciembre” a “Avenida La Paz”

Caso semejante fue el de la “Avenida 2 de Diciembre”, llamada así por orden del gobierno dictatorial del general Marcos Pérez Jiménez, en alusión a que en esa fecha del año 1952 asumió la Presidencia provisional de la República de Venezuela, por lo que decretó que en cada entidad del país hubiese una avenida denominada 2 de Diciembre, y a la caída del dictador se le cambió la denominación por el de “Avenida La Paz” en concordancia al término del autoritarismo militar el 23 de enero de 1958, cuando fue derrocado.

La manga de coleo ubicada, en lo que actualmente es el Complejo Cultural Andrés Bello, se denominó entonces “Manuel Rodríguez Cárdenas”.
La manga de coleo ubicada, en lo que actualmente es el Complejo Cultural Andrés Bello, se denominó entonces “Manuel Rodríguez Cárdenas”.

De "Rodríguez" a "Domínguez"

Otro proceso fue el de la manga de coleo ubicada en lo que actualmente es el Complejo Cultural Andrés Bello, denominada entonces “Manuel Rodríguez Cárdenas”, cuando gobernaba Pérez Jiménez, a la cual se le sustituyó el nombre por el de “Luis Alberto Domínguez” en el gobierno democrático, lo cual en nada desmeritó la excelente labor del poeta Rodríguez Cárdenas, pues el posterior epónimo tuvo sobrados méritos como coleador y sanfelipeño de profundo arraigo.

Y si de arraigo se trata, se ha dado el caso de la destrucción de bustos de ilustres yaracuyanos, así como el destrozo de banquetas y pintas de grafitis en plazas, y salvo contadas excepciones no ha habido la protesta correspondiente por esta incursión vandálica, hecho que debe llamarnos a la reflexión pues los ciudadanos tenemos la obligación de ser eternos custodios de nuestros valores y contralores hacia la preservación de nuestro patrimonio tangible e intangible para esta y las próximas generaciones.

La vieja Calle Real, fue denominada 5ta Avenida, y definitivamente Avenida Libertador. Aquí, sector Cantarrana, en 1955. (Archivo de William Ojeda)
La vieja Calle Real, fue denominada 5ta Avenida, y definitivamente Avenida Libertador. Aquí, sector Cantarrana, en 1955. (Archivo de William Ojeda)

Le quitaron “El Fuerte”, pero no su fortaleza

De igual modo la vieja Calle Real de una sola vía, ataviada entonces de casas coloniales, con el pasar de los años se convirtió en el centro comercial por excelencia de la ciudad de San Felipe y denominada 5ta Avenida, para luego de su transformación con cuatro canales divididos por una isla, empezó a ser conocida definitivamente como Avenida Libertador.

Algo semejante fue lo que sucedió con la villa colonial San Felipe “El Fuerte”, que luego del terremoto del 26 de marzo de 1812 tuvo un nuevo patronímico por la eliminación del título “El Fuerte”, para ser designada como ciudad de San Felipe -a secas- sin que haya existido, que se sepa, algún registro del por qué se eliminó el adjetivo que es prueba fehaciente de la constancia de quienes fueran los fundadores de la ciudad mártir. Le quitaron el calificativo "El Fuerte", pero jamás su fortaleza.

La Avenida “La Patria” anteriormente fue conocida como Calle Colmenares o Toledo.
La Avenida “La Patria” anteriormente fue conocida como Calle Colmenares o Toledo.

De "Calle Toledo" a la "Avenida La Patria"

El profesor Domingo Aponte Barrios escribió que mientras San Felipe iba creciendo, surgieron nuevas calles y avenidas, “tal como la calle dos que fue conocida como Los Abarca; la calle 3, Los Pereira. La cuarta avenida era distinguida como la Calle Macagua; la calle 5, era La Anzoátegui o Calle Tomás Lugo (…). La 8 fue reconocida como la Calle Camejo o Don Celestino Taján y la 9 era la Calle La Azotea o Calle Boyacá; la calle 10, hoy Avenida Caracas fue la Calle Bruzual y la calle 11 también se popularizó con los nombres de Calle Ayacucho, Calle Roldán o Calle La Tentación. (…). La actual Avenida La Patria también se le conocía como calle Colmenares o Toledo. (…). Se mantienen los nombres de los callejones Cascabel y La Mosca”.

De modo que no es nueva esta práctica de cambiarles el nombre a algunos lugares públicos, solo que muchas veces -mejor dicho, siempre- se produce la reforma sin la explicación oportuna dando pie a malos entendidos, así como a los correspondientes dimes y diretes de toda naturaleza que incluso apuntan al aspecto político con el surgimiento de despropósitos e improperios y es ahí cuando el guiso se pasa de sal y toma mayor fuerza el afianzamiento, importancia y necesidad de normar esa gestión para evitar el caos.

No comulgamos con la descalificación ni la promovemos como medio de defensa para dirimir diferencias, cualesquiera sean, y en este sentido, responsablemente y con el mayor respeto, solicitamos a nuestros funcionarios públicos que se aboquen al cumplimiento cabal de sus compromisos junto al amor que sabemos le profesan a nuestro suelo, por lo que desde la Oficina del Cronista de San Felipe abogamos a favor de las propuestas y proyectos planteados siempre que estén dirigidas a favor del soberano que le permitan resguardar la memoria colectiva, así como nuestro acervo moral, histórico y patrimonial, pues no debe ser por mero capricho que se les cambie el nombre a los lugares sin que exista la justificación e información debida que amerita la ciudadanía ya que, a fin de cuentas, el apego al municipio San Felipe se afianza en sus tradiciones y costumbres así como en la preservación de su riqueza autóctona, del valor de sus personajes hacia la defensa de su patrimonio arquitectónico y natural, cultural tangible e intangible.