Andresote fue el primer azote del rey Felipe V

Y entonces el río Yaracuy se convirtió en el principal escenario de la rebelión del zambo Andresote, baquiano en las corrientes de esta vía fluvial, encabezando sus cuadrillas sanguinarias de indígenas, mestizos, mulatos y negros cimarrones, armados de picas y machetes.

 

Raúl Freytez / Fotos: Magaly Martínez / Mariela León

La tropa cimarronera del zambo Andresote navegó sobre la cresta del río Yaracuy. (Foto: Magaly Martínez)
La tropa cimarronera del zambo Andresote navegó sobre la cresta del río Yaracuy. (Foto: Magaly Martínez)

Las leyendas suelen aparecer y florecer como un rumor, aún y cuando provengan de un origen cierto, y es en el camino cuando se nutren de variadas versiones por la imaginación de quienes la han ido escuchando de generación en generación. Son ese cúmulo de historias fantásticas impregnadas de secretos, encanto y fantasía, donde uno ignora cuándo comienza la ficción y dónde desaparece la realidad.

Por esa razón de realidad y fantasía se destacan algunos apuntes históricos que nos acercarán a un contexto legendario cuyo protagonista es Andrés López del Rosario, reconocido por haber sido copartícipe del primer alzamiento antimonopolista en la historia de Venezuela en el año de 1731; un personaje de leyenda que habría de ser conocido como el Cimarrón Andresote, sobre todo en la cresta del río Yaracuy con su carga de contrabando rumbo al Golfo triste del Mar Caribe.

Amparado en las investigaciones realizadas en el Centro de Historia del estado Yaracuy, el libro “Rebelión del zambo Andresote”, del historiador Carlos Felice Cardot, y a los valiosos apuntes del profesor Domingo Aponte Barrios, quinto cronista de la ciudad de San Felipe, nos atrevemos a registrar esta crónica. 

Esta pila bautismal data del 17 de diciembre de 1724, y su fortaleza es tan igual a los vestigios de la ciudad del origen: San Felipe El Fuerte. (Foto: Mariela León)
Esta pila bautismal data del 17 de diciembre de 1724, y su fortaleza es tan igual a los vestigios de la ciudad del origen: San Felipe El Fuerte. (Foto: Mariela León)

Del Cerrito a San Felipe El Fuerte

Tal como se puede rastrear en la historia regional, los pobladores del lugar conocido como el Cerrito de Cocorote sufrieron serias calamidades por las diferencias existentes con las autoridades de Barquisimeto, quienes una y otra vez echaron por tierra las ansias de este pueblo de tener un pueblo propio, libre y soberano, que finalmente lograrían -luego de penurias y tormentos- en los terrenos que adquirieran en 1699 a don Juan Francisco Mampolao y Soler en el sitio conocido como Valle Hondo.

Los cronistas oficiales de San Felipe escribieron al respecto, y todos mencionaron a Juan Francisco Mampolao y Soler como el dueño de la hacienda Valle Hondo, de la cual vendió alrededor de 30 hectáreas a los vecinos del Cerrito de Cocorote. Se dijo que este hacendado era originario de las Islas Canarias, pero su apellido es de origen catalán y se escribiría Montpalau, que ajustado a la fonética de la época sería: Monpalau, según referencias del geólogo vasco e investigador de la historia Enric Aragonés. Él afirma que el gentilicio "canario" se aplicaría por extensión a todos los españoles tal como sucedió con el "gallego".

Lo cierto es que desde 1693 los primeros colonizadores de origen canario, que se asentaran en el Gran Valle, fueron fustigados constantemente por las autoridades del Cabildo de la Nueva Segovia de Barquisimeto, destruyendo cualquier intento poblacional, lo que les motivó a solicitar apoyo del rey Felipe V en quejas que tomaron impulso con el respaldo de personajes influyentes para elevar su voz de protesta ante las instancias de la Corte de Madrid, hasta que finalmente obtuvieron el consentimiento de habitar en sana paz -a través de la real cédula fechada en Sevilla el 6 de Noviembre de 1729- transformando al Cerrito de Cocorote en ciudad, desligados definitivamente del constante hostigamiento del Ayuntamiento neosegoviano.

Pero la real cédula llegó muy tarde pues para entonces el Cerrito de Cocorote había sido destruido a sangre y fuego el 8 de septiembre de 1724, por lo que ya los pobladores tenían más de cinco años viviendo en Valle Hondo, realidad que impulsó al Gobernador don Sebastián García de la Torre a formalizar la orden imperial organizando el primer ayuntamiento el 15 de octubre de 1730, conjuntamente con sus autoridades eclesiásticas. Pero fue el primero de Mayo de 1731 cuando se bautizó definitivamente como la ciudad de San Felipe, en honor al apóstol Felipe y en agradecimiento al soberano español por haberles otorgado la emancipación de la Nueva Segovia de Barquisimeto. Luego le endilgarían el apelativo "El Fuerte" por la constancia manifiesta de los colonizadores. Nació de este modo la ciudad de San Felipe "El Fuerte".

Desde entonces la ciudad de San Felipe creció próspera por el auge del cacao, el oro marrón colonial, así como del apogeo de la papa y la caña de azúcar, que desde tiempo atrás había sido puntal del contrabando continuo de los productores del campo con barcos de banderas holandesas que atracaban en el Golfo Triste del Mar Caribe, cuyos marineros ingresaban al río Yaracuy por el sitio denominado Boca de Yaracuy, corriente arriba para intercambiar el producto del campo por tela, queso, conservas, talco, calzado, cuchillos, machetes, sombreros y botones, entre otras mercancías.

Ese negocio ilegal había alertado a las autoridades monárquicas, por lo que en la nueva ciudad instalaron un establecimiento para mercantilizar directamente el producto del campesino local, e iniciaron un intercambio continuo con la ciudad de Caracas, provincia que mantenía relaciones comerciales con las poblaciones más retiradas de sus dominios geográficos por medio de una empresa monopolizadora del comercio con ésta: la Real Compañía Guipuzcoana.

La Guipuzcoana enriqueció al rey por el auge del cacao y apoyó el vil negocio de la trata de gente esclavizada.
La Guipuzcoana enriqueció al rey por el auge del cacao y apoyó el vil negocio de la trata de gente esclavizada.

Lucro a costa del campesino

Muy bien les fue a estos trabajadores del campo, gente voluntariosa e incansable que supieron aprovechar la oportunidad que se les presentó como fundadores de la ciudad que recién estrenaban con abundancia en las haciendas y conucos colindantes sembradas de cacao, aguacates, café, tabaco, maíz, onoto, naranjas, caña de azúcar, plátano, cambures, limones y algodón, hecho que revelan varios autores, entre ellos Ramón Díaz, quien afirmó que con la explotación del cacao, Venezuela se convirtió en "el más próspero dominio agrícola que España tuvo en América". Y buena parte de ese cacao surgió de San Felipe, San Javier de Agua de culebras (San Javier) y de Nuestra Señora de la Caridad de Tinajas (Albarico).

Por estas razones los productores locales se vieron obligados a entrar en conversaciones directas con los vascos encargados de la Guipuzcoana, la cual se estableció en 1728, e igual en los puertos claves de la provincia de Venezuela: Maracaibo, Puerto Cabello, la Guaira y Cumaná, mediante convenio con la corona española por la necesidad de combatir el contrabando en las costas, al tiempo de mantener el monopolio de la estructura colonial sistematizada por España, aunque su fuerte fue la trata de esclavos que le suministraba a los hacendados por vía legal al igual que la compra de productos a bajos precios que luego vendía a precios exorbitantes en el viejo continente y en el Caribe, mientras que adquirían productos en Europa a precios razonables y luego los ofrecían a un alto costo en Venezuela, lucrándose a costillas de los productores del campo y la clase desposeída, que veían mermados su ingresos sin remedio posible pues eran persistentemente acosados por los soldados de la Real Compañía Guipuzcoana. 

Esta ilustración nos da indicios de cómo pudo haber sido Andrés López del Rosario, conocido como Andresote.
Esta ilustración nos da indicios de cómo pudo haber sido Andrés López del Rosario, conocido como Andresote.

Surge el cimarrón Andresote

Con la monopolización del comercio sólo la factoría podía comerciar libremente con España, y la trata de esclavos se produjo a instancias de los mismos parceleros y encomenderos que observaban la disminución de sus cosechas por el poco provecho que obtenían de sus esclavos indígenas, lo que resultó un negocio redondo para las arcas del rey a raíz de los permisos que concediera a distintas banderas extranjeras cuyas embarcaciones atracaban en las costas de África retornando al Nuevo Mundo repletas de mercancía humana.

La gente del África, de fuerte constitución física, fue el instrumento ideal para las faenas del campo al punto que la corriente esclavista se propagó de una manera sistemática en esta parte del mundo como factor de esfuerzo, pero maltratado de un modo cruel, siempre bajo el yugo del látigo y el temor, concebidos sólo como prenda particular de sus amos con el derecho de vida y muerte sobre sus cabezas; una realidad histórica que no tuvo ni tendrá perdón de Dios por el ultraje al que fue sometida la gente de piel de ébano.

Pero esa inalterable y horrenda práctica de la trata de humanos, bien pronto produjo amargas pasiones en el alma de esta gente esclavizada, que ya no soportó más su perpetuo calvario y entonces una tormenta de inigualables dimensiones se desarrolló con el rompimiento de sus cadenas aunque en ello les fuera la vida. A estos negros alzados se les tildó de cimarrones.

Mientras este mar de angustias se desataba en los niveles de la población esclavizada, también entre los productores del campo se estaba desanudando lo que al principio fue del agrado general y comenzó a tomar matices de oposición, toda vez que los vizcaínos tenían la potestad de fijar los precios de acuerdo a su conveniencia, impidiendo las ganancias apropiadas a quienes en verdad trabajaban la tierra, no pudiendo éstos ni vender ni comprar libremente sin antes negociar con la factoría.

De este modo se inició un enfrentamiento entre la Real Compañía y los productores locales, quienes se consideraban afectados por las medidas impuestas, al punto de impedir el comercio directo con barcos ingleses e incluso al trato comercial directo con la misma España. Y fue tal el descontento que se generalizó de un modo insoportable provocando estallidos insurgentes, siendo uno de los más reconocidos el que protagonizara el audaz zambo valenciano Andrés López del Rosario, mejor conocido como el cimarrón Andresote, quien habría de convertirse en el primer azote del rey.

Del odio de estas cimarroneras muy bien supo aprovecharse Andresote, sublevando los cumbes enmarcados en los territorios comprendidos entre los ríos Tocuyo, Aroa y Yaracuy, encabezando una revuelta contra las autoridades de la Guipuzcoana, alentado por numerosos sectores adversos a la factoría, donde los hacendados, los mismos habitantes y los contrabandistas holandeses e ingleses, tuvieron una activa participación en el complot contra el gobierno español.

El río Yaracuy desemboca en el Golfo Triste del Mar Caribe a través del lugar conocido como Boca de Yaracuy. (Foto: Magaly Martínez)
El río Yaracuy desemboca en el Golfo Triste del Mar Caribe a través del lugar conocido como Boca de Yaracuy. (Foto: Magaly Martínez)

Boca de Yaracuy

Y entonces el río Yaracuy, extenso y caudaloso se convirtió en el principal escenario de la rebelión del zambo Andresote, baquiano en las corrientes de esta vía fluvial, capitaneando sus sanguinarias cuadrillas de indígenas, mestizos, mulatos y negros cimarrones, armados de picas y machetes para sembrar el pánico entre los soldados del rey apostados en la Compañía Guipuzcoana.

El proceso de lucha de clases desatado por Andresote demostró, con el transcurrir del tiempo, que el objetivo estratégico de su movimiento tenía un alto contenido de resistencia social, desde luego que muy lejos de ser apoyado por los esclavistas criollos y holandeses, pues los rebeldes cimarrones finalmente lograron de algún modo romper las cadenas de la infernal tiranía, aunque tuvieron que seguir soportando durante muchos años el látigo lacerante en sus lomos para lograr su liberación total, cosa nada fácil por el oprobio al que fue sometida durante siglos la gente arrebatada de su natal África.

Según reseñó Manuel Vicente Magallanes en su obra: “Aspectos Históricos del Estado Falcón”, Andresote “no actuaba por su propio interés, sino que era instrumento de hacendados y comerciantes de la región de Morón, como también de contrabandistas holandeses, con los cuales mantenía permanentemente relaciones; interesados éstos en mantener el comercio clandestino que trataban de exterminar los agentes guipuzcoanos”.

Libres como querían vivir sin más amo que el roce del viento en sus rostros. Libres al fin.
Libres como querían vivir sin más amo que el roce del viento en sus rostros. Libres al fin.

“Bemba e' Trueno”

Las incursiones bélicas en guerra de guerrillas protagonizadas por Andresote contra la corona real, obligó al gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela, Sebastián García de La Torre, a mover desde Caracas al oficial Luis López de Altamirano para combatir al zambo cimarrón, seguido de Luis Lovera y Juan Romualdo de Guevara, entre otros soldados, pero ninguno de estos componentes armados pudo darle caza porque el cimarrón se burlaba de las autoridades en cada asalto con sangrientas bajas de los soldados españoles, dejando muy mal parada a la guardia costera, mientras seguía manteniendo contacto con los holandeses a quienes les vendía su carga de contrabando.

El desconcierto de las tropas reales era cada vez más notorio, pues el esquivo cimarrón se mantuvo invicto junto a su tosca tropa que no le importaba morir, por lo que en cada encuentro combatían con el alma encolerizada y rencorosa hacia quienes fueran sus opresores en el pasado inmediato. La paliza fue tan vergonzosa que los gobernantes españoles ofrecieron 600 pesos de recompensa a quien entregara al garañón vivo o muerto, ordenando pasar por las armas a los cimarrones capturados y confiscar los bienes de los vecinos colaboradores.

Mientras tanto, por las trochas del ancho valle, el río Yaracuy sintió en el espinazo de sus aguas el bamboleo de las canoas repletas de los cimarrones de Aroa, Alpargatón, Urama y Morón siguiendo las órdenes del zambo Andresote, a quien en poco tiempo los soldados de la Guipuzcoana le aplicaron el remoquete de “Bemba e' Trueno”, por las constantes bravatas que éste les profería de una a otra banda del río.

Mapa donde se observa el Golfo Triste del Mar Caribe.
Mapa donde se observa el Golfo Triste del Mar Caribe.

En olas de la leyenda

Hoy el rumor del viento nos hace recordar cuando las aguas del Yaracuy mecían la canoa del fiero zambo, capitaneando su pandilla sanguinaria, siempre alertas con sus carabinas al deshojar las orillas de las cómplices y oscuras aguas, río abajo rumbo al Golfo Triste del Mar Caribe.

Andrés López del Rosario fue un hombre sin modales, contrabandista odiado, temido, admirado, bravucón, revoltoso, sanguinario y “jembrero”, y si algo puede endilgarle la historia es el haberse enfrentado al poder económico de la Corona que se vio afectada durante muchos años por los encontronazos constantes de este cimarrón, convertido en el primer azote del monarca español. Y aunque nunca más se supo de su existencia, dejó el fiero arrebato de los cimarrones de Yaracuy tras desaparecer cual fantasma, alborotando toda una región convulsionada por las hazañas de la tosca tropa a su mando, quizás porque huyó hacia la isla de Santo Domingo, o a otra isla cercana a las costas, haciendo que muchos de sus seguidores lograran escapar también de las fuerzas realistas tras internarse en los bosques cercanos a las riberas de los ríos Yaracuy y Taría, libres como querían vivir sin más amo que el roce del viento en sus rostros. Libres al fin.

Andresote con su pelo enchurruscado, su carabina al hombro y su chafarote al cinto, seguirá remando hacia el infinito entre espejismos de lejanías perpetuas, complacido con su cargamento de mitos rumbo al mar, desapareciendo entre las espumosas olas de la leyenda.