Una mirada al libro “Abismo de silencios”

En la prosa de Raúl Freytez, en su relato poético de “Abismo de silencios, tras la huella de Cecilia Mujica” más allá de la interpretación literaria e histórica, existe una poderosa carga de bellas imágenes excelentemente logradas y bien escritas, que denota y define el dominio y conocimiento del idioma de Miguel de Cervantes y Saavedra y Andrés Bello.

Cruz Ramón Galíndez / (Fotos: Freyvan Orozco. Portada: Mariela León)

Portada del libro Abismo de silencios, tras la huella de Cecilia Mujica
Portada del libro Abismo de silencios, tras la huella de Cecilia Mujica

Raúl me entregó un ejemplar del libro “Abismo de silencios, tras la huella de Cecilia Mujica” (84 páginas, 2010). El autor de esta obra, bellamente impresa y con una fotografía de portada (Mariela León) digna de un premio, es el colega periodista, poeta y escritor Raúl Freytez, de sólida formación lingüística e idiomática, de suerte que ya tiene un puesto bien ganado en el ámbito intelectual yaracuyano.

Ese ejemplar, extrañamente se me “extravió” de mi humilde biblioteca cabudareña, que me hizo recordar los cinco libros “prestados” a Orlando (obvio su apellido) que jamás volvieron a mis manos. El propio Raúl Freytez, el 02/11/2011 me entregó otro ejemplar de su libro, que resucitó en mis manos justo el día de los fieles difuntos, para “devorarlo” este domingo recién pasado (12 horas, de 6 de la mañana a 6 de la tarde). Lo leí con fruición. En la primera página y quinto párrafo, el autor señala: “Se dice que algo no existe cuando no se ha descubierto todavía, pero cuando ella (Cecilia, la observación es nuestra) plantó su brazo sobre mi hombro, se encendieron las luces del nunca olvido”. Hermosa imagen del escritor, que me transportó a Quito (1988) cuando visité la casa histórica donde se conocieron Simón Bolívar y Manuela Sáenz. Junto a un oleo de ambos, dije: “Libertador, yo también la amo (a Manuela)”. Sentí un duro golpe en mi hombro derecho, salí despavorido y quedó grabada para siempre, la imagen de la amante del Libertador. Bolívar era celoso. La diferencia es que Cecilia Mujica, mito y/o leyenda, se mueve en el imaginario del novelista y poeta Pedro Emilio Acosta y Raúl Freytez, mientras que Manuela, el gran amor de Bolívar, fue de carne y hueso, una heroína que nació y vivió en Ecuador y con absoluto rigor histórico, murió exiliada en Paita, Perú. Advierto que no soy iconoclasta, respeto los mitos y leyendas y, sobre todo, admiro la prosa bien hilvanada y mejor escrita como lo hace el cronista Raúl Freytez en su obra “Abismo de silencios”, libro de consulta, que conquista al lector desde la primera hasta la última página. 

Estas ruinas de identidad pregonan su lozanía por encima de los siglos. (Foto: Raúl Freytez)
Estas ruinas de identidad pregonan su lozanía por encima de los siglos. (Foto: Raúl Freytez)

Evocamos al escritor argentino Jorge Luis Borges (1899/1986), que escribió alguna vez que, “uno de los hábitos de la mente es la invención de imaginaciones”, y en otra ocasión, apuntó: “Creo que la poesía es algo que se siente, y si ustedes no sienten la poesía, si no tienen sentimiento de belleza, si un relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no ha escrito para ustedes”.

En la prosa de Raúl Freytez, en su relato poético de “Abismo de silencios, tras la huella de Cecilia Mujica” más allá de la interpretación literaria e histórica, de la exégesis de la obra y la evaluación de su contenido, de la sintaxis y la semántica, existe una poderosa carga de bellas imágenes excelentemente logradas y bien escritas, que denota y define el dominio y conocimiento del idioma de Miguel de Cervantes y Saavedra y Andrés Bello.

Además de la hermosa prosa poética dedicada a Cecilia Mujica, “heroína” inventada por el novelista sanfelipeño Pedro Emilio Acosta, apoyado, entre otros, por Placido Daniel Rodríguez Rivero, José Policarpo Reyes Zumeta y Manuel Rodríguez Cárdenas y ahora, Raúl Freytez, el autor de “Abismo de silencios”, en el capítulo V (“Gloria al bravo pueblo”) duda, con fundamento histórico, sobre la autoría de la letra y música de nuestro Himno Nacional, “atribuidos a Vicente Salias y Juan José Landaeta, respectivamente, escrito supuestamente en el año 1810”, así lo escribe en su libro Raúl, que destaca: “Algunas investigaciones han sugerido que el verdadero autor de la letra pudo haber sido Andrés Bello, y que la música habría sido compuesta por Lino Gallardo". Esto último es rigurosamente cierto, publicado por mi persona en El Impulso (1984), lo cual creó una larga polémica. Otros capítulos del libro se refiere a la “llama de la insurgencia”, Miranda precursor de la América libre, Decreto de Guerra a muerte y Venezuela tiene aroma de mujer, donde exalta el papel de la mujer venezolana en las luchas por nuestra independencia. El autor enfatiza que Cecilia Mujica (pagina 48) “se encuentra enmarcado en los visos inexactos de la leyenda” (Rodríguez Rivero) y que el personaje “es protagonista de hermosa piezas de fantasía patriótica” (Nicolás Perazzo, pág. 50) y Manuel Rodríguez Cárdenas, dice que “es mitad histórico y mitad legendario” (pág. 50) y Alfonso Bortone Goitía, que fue penúltimo Cronista de San Felipe, dice (fragmentos) que, “la leyenda se le atribuye un compendio de narraciones de hechos imaginarios” (pág. 54). El mismo Raúl escribe sobre “Rastro de la leyenda” (cap. IX). Y saber que las leyendas y los mitos nacen de las entrañas del pueblo, del imaginario popular, nada más. La historia es verdad y es ciencia.

Portal del Parque Histórico Arqueológico San Felipe "El Fuerte". (Foto: Freyvan Orozco)
Portal del Parque Histórico Arqueológico San Felipe "El Fuerte". (Foto: Freyvan Orozco)

En mis investigaciones (publicadas en El Impulso y Centro) refiero que en 1804, una Cecilia Muxica (con x) tuvo un altercado con una vecina en la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación y fue llevada a juicio y detenida por unos “tortazos en el culo” que le dio a su contrincante (Archivo General de la Nación). Al margen de la verdad o mentira histórica de Cecilia Mujica, el libro de Raúl Freytez conquista, es ameno, aleccionador, poético. Recomendamos su lectura.

Evoco al escritor francés Jean Paul Sartre, padre del existencialismo, que alguna vez hizo la siguiente interrogante: “¿Ha tenido usted algo que decir, algo que valga la pena ser comunicable?” Raúl Freytez, en su obra, comunica mucho y lo hace de manera magistral, guardando los estrictos cánones de la buena escritura.

Al concluir la lectura del libro (6 de la tarde, domingo 06/11/2011) me asalta una frase del también escritor francés Paul Valery (1871/1945), “Ponte a ignorar lo que sabes, para saber como lo sabias y para saber tu saber”. En suma, en el firmamento de las letras yaracuyanas existe un buen escritor (Raúl Freytez), con peso especifico, que hay que seguirle sus pasos, sus huellas, que no son las de Cecilia Mujica.

El prólogo del libro de Raúl fue redactado por el profesor y cronista Domingo Aponte Barrios (difunto), un “Liminar” de alta factura, y bellas ilustraciones (fotografías) de Mariela León, Magaly Martínez, Freyvan Orozco y Roibert Muhlemann. En la contraportada, un hermoso texto del poeta y economista Israel Jiménez Emán.