Un trecho en el recuerdo

Al transcurrir los años, hacia finales de los setenta y comienzos de los ochenta, se construyó una hermosa avenida de dos vías, con isla o separador vial. Desaparecieron los techos rojos, se sustituyeron por modernas edificaciones y su nombre, desde la inauguración de esta obra, es el de “Avenida Libertador”.


Sagrario Castillo / Fotografía: Colección de William Ojeda García

(Mención publicación de la II Bienal de crónicas Domingo Aponte Barrios 2015, bajo el seudónimo Río-Argas)

Panadería “La Estrella” de Teolindo Castillo, en 5ta avenida con calle 6 del San Felipe de ayer
Panadería “La Estrella” de Teolindo Castillo, en 5ta avenida con calle 6 del San Felipe de ayer

Un pueblo hermoso es el mío, se llama San Felipe. En él parece que el verde de la savia lo envolviera todo de manera perenne, desde el alba hasta el anochecer,  todos los días, de todos los meses, de todos los años. Será tal vez porque tenemos un guardián frente a nosotros que no permite que se escape, ese vigilante que se denomina Cerro El Tigre, al que todos los sanfelipeños llamamos “El Chimborazo”, privilegio del que, quizá, ningún otro goza: poseer un cerro con dos nombres. Pero lo que sí es único es ese esplendoroso color que entra por nuestros ojos y allí se queda, convirtiéndose en luz que nos llena de vida y hace diferente a esta tierra de gracia, al que solo en ocasiones lo empañan los grises nubarrones de Marimón.

En esta población, como en  todas las que cubren la extensa geografía de nuestra patria, existe una calle emblemática que se distingue entre las demás que lo conforman. Esta es la 5ta. Avenida. Cualquiera pensaría que la llamamos así para emular a la famosísima calle de New York, la de los norteamericanos, pero no, no es así, es nuestra propia quinta avenida con orgullo yaracuyano.

El Palacio eléctrico de J.A. Reyes Blanco, en 5ta Avenida con calle 10, lugar donde luego construirían la sede del Edificio Administrativo del gobierno regional
El Palacio eléctrico de J.A. Reyes Blanco, en 5ta Avenida con calle 10, lugar donde luego construirían la sede del Edificio Administrativo del gobierno regional

En épocas de nuestros abuelos, era la rimbombante Calle Real o Calle del Rey. Allí se encontraban asentadas las casas más representativas del pueblo. Como contaba mi abuela, comenzaba en “El Oasis” y terminaba en “La Alcabala” pasando por “El Puente de Tabla” que marcaba, simbólicamente, los límites entre San Felipe e Independencia, pero sin dividirla; la calle era una sola: La Calle Real, la de Musiú Caffaso, de Don Tomás Castillo, los Domínguez, los Tinoco, empalmaba con la de los Olivares, los Galíndez, con la de “Guayabal” y “Camachera”, donde además se agrupaban unas cuantas casas dedicadas al comercio.

Más tarde, al establecerse la denominación de las calles y avenidas de la ciudad por números y no por nombres, comienza a conocerse como: La 5ta Avenida. En ella seguían existiendo entonces las grandes casas coloniales que servían de vivienda a numerosas familias; casas solariegas con inmensos ventanales de hojas abiertas para las serenatas, o de celosías para ver sin ser visto, con enormes portones por donde se escapaban los olores perfumados de los jazmines y la resedá de los entre patios, o los ricos aromas del café colado a las tres de la tarde y degustado en los largos corredores. Era una larga calle de aceras estrechas y palpitar de pueblo.

Casa del Maestro en San Felipe, sector El Oasis en 1955
Casa del Maestro en San Felipe, sector El Oasis en 1955

Al transcurrir los años, hacia finales de los setenta y comienzos de los ochenta, se construyó una hermosa avenida de dos vías, con isla o separador vial. Desaparecieron los techos rojos, se sustituyeron por modernas edificaciones y su nombre, desde la inauguración de esta obra, es el de “Avenida Libertador”.

Nuevamente hace el sanfelipeño uso de la costumbre de utilizar varias denominaciones para un solo propósito, es decir, varias denominaciones para una sola vía, pero un solo recuerdo que las recoge a todas.

De esa 5ta Avenida llegan remembranzas de sitios, casas, comercios, personas, que se van desdibujando en la memoria, arrastradas por el tiempo. Regreso a los años de la niñez. Rescato halados por invisibles hilos algunos recuerdos del trecho que se ubicaba desde la calle 10, hoy Avenida Caracas, hasta “El Oasis”, o viceversa. Espacio andado una y mil veces por ser el que nos llevaba al lugar mágico que era la casa de la abuela; una casa hermosa, grande, que hacía esquina y se escurría hasta la mitad de la boca-calle, por donde salían los copos de las matas de peritas, jobo y naranja que habitaban el solar junto a los gallos que anunciaban la hora del ángelus.

Estos recuerdos nos hacen viajeros en el tiempo, y es así como nos encontramos con la primera cuadra, donde funcionaba el negocio de J.T. Martínez “Martínez, C.A”; las casas de algunas familias de ese San Felipe, como la de los Roldán-Palermo, la del Dr. Vicente Pifano, casa que era contigua al “Palacio Eléctrico” de J.A. Reyes Blanco, dedicado a comercializar línea blanca, y otros artefactos eléctricos, inmueble que presentaba una característica especial: sus puertas eran de vidrios transparentes enmarcadas en madera, sin ninguna otra protección, y nunca se supo que alguien las hubiera roto o se hubiera cometido algún hurto en ese comercio. En la actualidad todo ese espacio es ocupado por el edificio administrativo de la Gobernación del Estado.

Para ubicarnos nuevamente en el tiempo ya ido, enfrentando a esa acera teníamos los talleres de la Editorial Avances, de Don Nicolás Ojeda, lugar donde salía a la luz el periódico del mismo nombre “Avance”; seguidamente la “Tintorería Central” de los hermanos Guarnieri, la casa de las Chirino, quienes nos legaron los sabrosos “pavitos” y otros dulces de su elaboración, hacia la esquina: la casa de los Serva-Murci.

Ferretería Rizzuti, en 5ta Avenida con calle 9 de San Felipe
Ferretería Rizzuti, en 5ta Avenida con calle 9 de San Felipe

Al pasar la calle transversal, aún calle nueve, la casa comercial de Cernicharo, hoy lugar de un terreno baldío a la espera de alguna edificación, pues la casa fue derribada. En esta cuadra las casas de las familias Azuaje, los Strasseri, Gravina y Rizzutti, además de algunos comercios como la “Bodega Delia” de Stefano Siracusa, la peluquería “Consuelito”, la “Librería del Este” de Fina y Antonio Villanueva, la casa Comercial de Jesús María Rizzuti, conocida casa ferretera de la ciudad. En los tiempos que hoy corren se encuentran en ese sector: el Banco “Caroní” y algunos comercios.

Al pasar hacia la calle ocho, la carnicería de Agustín, la casa del señor Lázaro Palermo y familia, la casa de las Barroeta, más tarde ocupada por la Escuela de “Artes Plásticas Carmelo Fernández” en sus inicios y luego por el partido político U.R.D., actualmente “Librería La Única”. Haciendo frente a estas edificaciones, la casa donde habitaban el músico y zapatero Liborio y su familia, la de los Bianco, la Peluquería “Dina”, el estudio fotográfico de Emilio Colaiacovo, la de los Castillo-Portillo y, finalmente, en la esquina, la firma comercial de Juan y Carmelo Serva.

Calle siete de por medio, la casa de los Inamorto-Falco, las hermanas Castillo-Bello, y la imponente casa colonial de Amalia de Niño, la cual hoy, tristemente, está siendo demolida para dar paso “al progreso”, ignorándose, tal vez, que los pueblos son por lo que han vivido. En la acera de enfrente, solo tres casas: la de los Capdevielle-Peralta, los Castillo-Pereira y las Azoca-Hernández.

De allí en adelante recordamos la Panadería “La Estrella” de Teolindo Castillo; las casas de los Abarca, los Baquero-Blanco; los Parra-Rodríguez; la Bodega de los hermanos Tovar, conocida popularmente como: “La Bodega de los Tovares”, así en plural; las casas de las familias Márquez-Cafasso; la de Concepción Guédez y su familia; los Cordero-Soto; los Camargo; la casa de la señora Elena de Soto y familia; los Parra; los Hernández-Capdevielle, aún allí; la Escuela “Cecilio Acosta”; la famosísima “Pastas El Gallo”; las familias: Montiel, Báez; la Capilla del Cristo y la Casa del Maestro, estas dos últimas edificaciones han permanecido en el tiempo hasta nuestros días.

Todos estos lugares, casas, calles, nombres y personas, se entretejen en el tiempo y siguen en el recuerdo de quienes tenemos el privilegio de haber visto desde nuestra eterna 5ta Avenida de San Felipe, el esplendor del “Chimborazo” y los nubarrones de “Marimón”.

 Panadería Sucreña en la calle 13 entre Av. Libertador y 4ta Avenida
Panadería Sucreña en la calle 13 entre Av. Libertador y 4ta Avenida