Un pueblo llamado San José de Carupano

Algunos han definido a San José de Carúpano como el paraíso, pero el nombre de cada pueblo lo define, lo identifica. Si a mí me hubiera correspondido la misión de darle un nombre, lo hubiera llamado “Entre Aguas”, por estar asentado entre las aguas de la Quebrada Carúpano, la Quebrada Maraña y el Río Yaracuy…

Oscar Armando Barrios Bravo / Foto: Magaly Martínez

El Patrono espiritual de la población de San José de Carúpano, proteje a sus moradores bajo el manto de Dios Todopoderoso
El Patrono espiritual de la población de San José de Carúpano, proteje a sus moradores bajo el manto de Dios Todopoderoso

¿Que cómo fue que surgió el nombre de mi pueblo, hoy conocido como San José de Carúpano? Pues no tengo la respuesta a esa pregunta. Sin embargo supongo que haya sido alguien ligado al cristianismo, como un fraile o tal vez algún creyente que vivió por estas tierras.

La verdad es posible que nunca se conozca, pero el nombre con el que bautizaron a este pueblo fue “San José” así tal cual, y sucedió entre los años 1880 y 1890 concluyendo el siglo XIX. Luego en el siguiente siglo para la década del 50, cuando se construye el Central azucarero, le fue adicionado el apelativo Cabrera, conociéndose entonces como “San José de Cabrera”, esto debido a que el accionista mayoritario del central se llamaba Antonio Cabré, quien además ocupaba la mayoría de las tierras productivas, donde por su puesto el rubro principal era la caña de azúcar.

¡Y por qué Cabrera en vez de Cabré? Al parecer esto fue así principalmente porque al campesinado de la época se le hacía más fácil decir Cabrera que Cabré, como en realidad era el apellido del dueño del Central, con quien relacionaban al nombre del pueblo.

Fue entonces que por un lapso de tiempo el pueblo “San José” adquirió un apellido, hasta que a mediados de la década del 60 el Central y la mayoría de las tierras, fueron adquiridas por los dueños del Central azucarero “Matilde”, ubicado en el municipio Bruzual, cuya directiva decide desmantelar la factoría azucarera San José, llevándose para Chivacoa lo que podían utilizar en el Matilde, incluyendo el apellido Cabrera.

Adopta el apellido Carúpano

Habiéndose consumado el divorcio obligado, entre el pueblo y el señor Cabré, “San José” pierde el apellido Cabrera y adopta el apellido Marroquina, pasando a llamarse entonces: “San José de la Marroquina”, nombre con el cual se le conoció debido a la relación con el pueblo del mismo nombre ubicado a escasos dos kilómetros de distancia. No sé si esta rareza, por llamarlo de alguna manera, se haya escenificado con el nombre de algún otro pueblo en Yaracuy, Venezuela o el Mundo, pero este caso de colocar apellido al nombre de un pueblo no es común, a menos que mi ignorancia se agigante en esta materia.

Hoy al pueblo de San José se le conoce con el nombre de “San José de Carúpano”, apellido adoptado del camino antiguo y de la quebrada que bordea la comunidad de Norte a Este hasta llegar al Río Yaracuy; designación por cierto, según mi criterio, más ajustado a la historia y vivencias comunitarias pues identifica a esta comunidad colmada de historias, ligada a la producción y una cultura rica alrededor de su santo patrono y personajes populares.

San José de Carúpano está ubicado al Este del municipio San Felipe, capital del estado Yaracuy, y el que alguna vez se llamó distrito de Colmenares, comunidad rural asentada a escasos 9 kilómetros de San Felipe, entre San Javier y la Marroquina, con una población aproximada de dos mil habitantes, que entre las familias fundadoras se pueden mencionar las siguientes: Familia Blanco, Martínez, Sanabria y Arteaga y personajes populares conocidos como Salomón Sanabria, Jóvita Sanabria, Silverio Peralta “pajarito”, Celedonio Salcedo “ñoño”, Víctor Figueroa, Virgilio Martínez “perolito”, Cristóbal Verasteguí “saco e´hueso”, Severiano Giménez, Sulpicio Barrios, Ana Cedeño, Santiaga Bravo, Julianita, Petronila, Germán Blanco, Loreto Blanco y muchos otros pobladores que dejaron huellas imborrables en la historia de este pueblo.

Ñoño y María

Existen también historias trágicas, como el accidente en la Curva de Copeyal, ocurrida el 08 de agosto del año 1972, donde se volcó un autobús que llevaba jugadores y fanáticos a un juego de béisbol a la población de Aguada Grande. También hubo un accidente donde fallecieron tres niños y un adulto por intoxicación con anhídrido carbónico en una ambulancia. Eso fue en diciembre de 1965, pertenecientes a dos familias de la comunidad.

Pero también hay buenos recuerdos como cuando se inauguró el cine San José y se proyectó por primera vez una película, o la primera celebración de fiestas patronales con toros coleados; todo esto y más, es San José de Carúpano, un pueblo con identidad propia que enriquece la idiosincrasia del estado Yaracuy.

Recuerdo una historia en particular de un personaje muy querido por todos. Se trataba de un joven especial con marcado retraso mental al que llamábamos “Ñoño”, pero su verdadero nombre era Celedonio Salcedo, hijo de la señora María Salcedo, quien cargaba con él a todos lados. Resulta que noviembre del año 1978 Ñoño y María se encontraban de visita en la población de Aroa, donde vivía la abuela de Ñoño por parte de madre, y estudiaba su hermana menor. El 30 del mismo mes y año María debía asistir a la escuela donde estudiaba su hija a una reunión muy importante, y por supuesto no podía llevar consigo a Celedonio, por lo que le solicitó a la joven que estuviera pendiente y no lo dejara salir de la casa. Sin embargo Celedonio se escapó para seguir a su madre, siendo devuelto en un primer momento, por un agente policial que conocía a la familia y estaba al tanto de la condición especial de Celedonio, pero una vez que el agente se retira, Celedonio se volvió a escapar para buscar a su madre, y nunca más se le volvió a ver.

Este joven no tenía cédula de identidad, ni fotografía con la cual las autoridades pudieran ubicarlos, por lo que familiares y amigos formaron cuadrillas para buscarlo primero en los alrededores, luego fueron extendiendo el radio de búsqueda y sitios en hospitales, jefaturas, manicomios, iglesias, quebradas y montañas, pero jamás se encontró ni siquiera una pista. Recuerdo que un mes antes del fallecimiento de María, ocurrido el 15 de julio de 2011, conversé con ella sobre este tema, y me manifestó entre lagrimas que ella mantenía la esperanza de encontrar algún día a su adorado hijo Celedonio perdido aquel fatídico 30 de noviembre del año 1978. Aquel agente policial jamás se imaginó que él sería la última persona que vería a Ñoño con vida. Esta es solo una de tantas historias que enriquecen nuestro acervo popular sanjosedeño.

Algunos han definido a San José de Carúpano como el paraíso, pero el nombre de cada pueblo lo define, lo identifica. Si a mí me hubiera correspondido la misión de darle un nombre, lo hubiera llamado “Entre Aguas”, por estar asentado entre las aguas de la Quebrada Carúpano, la Quebrada Maraña y el Río Yaracuy, pero no ha sido así, y quien haya sido, la historia se encargó de ocultar su nombre para siempre. Sin embargo, el nombre que le fue dado brillará siempre con luz propia y esa es la realidad de un pueblo llamado San José de Carúpano.