SIN EL AGUA NO EXISTIRÍA EL ARCO IRIS

(Con amor a mis nietos Geraldine Lucía, Alessandro Simón, María Laura, Albany Eliette, Raúl Andrés, Elías David y a todos los nietos e hijos del mundo)

Raúl Freytez

 Cuando cesa la lluvia y el Sol esparce su resplandor, podemos observar en el cielo un ramillete curvo de luces: el arco iris. Esa colorida escena que nos obsequia la naturaleza ha inspirado a músicos, pintores, escritores y poetas. ¿Cómo es posible su aparición y a qué debemos tal prodigio?

Plumas de azulejos despliegan matices en lomo de un potro que surca los cielos
Plumas de azulejos despliegan matices en lomo de un potro que surca los cielos

Parte de la respuesta tiene que ver con el agua. Como se sabe, el único tipo de  radiación que puede ver el hombre es la luz y es aquella que procede del Sol, conocida como luz blanca. 

Los rayos luminosos se desplazan en línea recta en el espacio, pero al atravesar las gotas de agua se produce un ligero desvío de los colores que componen la luz blanca, descomponiéndose en siete colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta. Esta feliz convergencia del agua y la luz nos permite apreciar el colorido halago del cielo:         

Halago del cielo

Envuelto en la musa y el canto de un arpa, el llanto del cielo vierte sus fragancias, cual maná que surge de las nubes blancas en cristal perlino de lágrimas mansas.

Una fina escarcha cae suavemente del blondo algodón de rasgo espumante,

que en dócil susurro de fugaces pizcas el astro ilumina con su tez flamante.

Plumas de azulejos despliegan matices a lomo de un potro que surca los cielos en índigo y grana, topacio, escarlata...

Se descorre el velo de invisible manto tejido en cristal de oro, añil y plata.

Rocío de diamantes, lluvia de rubíes con rayos de sol y plumas de ibis,

rasgan el tesoro del inmenso azul y signan reflejos de un bello arco iris.