Recuerdos de un sismo en San Felipe

Hoy miré a San Felipe en el sismo. Vi su historia en el ocaso. Recordé el pasado y comprendí el presente telúrico de San Felipe extendido hacia el futuro. En milésimas de segundos llegó a mi mente “La catástrofe de 1812” y Don Arístides Rojas, a quien conocí, en el liceo de San Felipe que lleva su nombre, donde tuve el honor de hacer estudios de bachillerato.

 

Antonio Rivero Bustillos / Foto: Magaly Martínez

(3er lugar de la II Bienal de Crónicas “Domingo Aponte Barrios” 2015, bajo el seudónimo “Amir Jireh”)

El terremoto de 1812 produjo el resquebrajamiento de esta gruesa pared de barro, piedra y adobe de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación
El terremoto de 1812 produjo el resquebrajamiento de esta gruesa pared de barro, piedra y adobe de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación

El reloj marca las tres y media de la tarde en San Felipe, ciudad capital del estado Yaracuy del Centro Occidente de Venezuela. Es día de descanso, sábado 12 de septiembre de 2009. Desde el barrio “La Mosca” se ve el cielo nublado. Una ligera brisa se pasea por el norte de San Felipe. Las maporas sanfelipeñas se mecen suavemente. Kimberlin, Edimar y yo estamos en la segunda planta de la casa conversando. Disfrutamos en familia el acostumbrado café con pan dulce de la tarde. Abajo está Ángel Rafael con su nieto mirando los pájaros. Caracas está siendo azotada por torrenciales aguaceros, vientos huracanados, descargas eléctricas y granizo. Lassy, la perrita blanquinegra, va de un lado a otro correteando sin descanso. De repente, luego de las tres y media de la tarde, empezó a gemir la tierra y un sismo de 6.2 grados de magnitud en la escala de Richter nos hace tambalear.

El temblor alcanzó una duración aproximada entre 25-30 segundos y se sintió principalmente en Caracas, Miranda, Falcón, Aragua, Zulia, Carabobo, Lara, Portuguesa y Yaracuy. Gemidos subterráneos indescriptibles se apoderaron de la ciudad y el movimiento telúrico quedó escrito en la memoria. Todos corremos, bajamos las escaleras de la casa con la fuerza palpitante del alma. Kimberlin está llamando, buscando desesperadamente a Lassy, pero la perra bajó antes que nosotros. El portón de la casa de Don Jesús Yánez es sacudido y suena bruscamente casi hasta reventar.

En segundos la Calle Country Club estaba llena de vecinos contando y lamentando lo sucedido. Cada quien se expresa desde la sensibilidad sanfelipeña. Unos fueron sorprendidos en la cama, otros estaban en el baño y muchos transitaban por las calles del pueblo. Las principales avenidas de la ciudad están abarrotadas, la gente prefirió salir de sus casas luego del terrible sacudón. En la Quinta Avenida y en la Avenida Caracas las personas conmovidas cuentan cómo se movió el edificio más alto de Yaracuy con el sismo más intenso de Venezuela en el año 2009. En ese edificio, construido en los años 80, es donde funcionan las oficinas principales de la Gobernación del Estado Yaracuy.

Hoy miré a San Felipe en el sismo. Vi su historia en el ocaso. Recordé el pasado y comprendí el presente telúrico de San Felipe extendido hacia el futuro. En milésimas de segundos llegó a mi mente “La catástrofe de 1812” y Don Arístides Rojas, a quien conocí, en el liceo de San Felipe que lleva su nombre, donde tuve el honor de hacer estudios de bachillerato. Con él me acerqué al terremoto de aquel Jueves Santo que dejó la antigua ciudad colonial devastada y aproximadamente tres mil víctimas solo en San Felipe. El terrible sacudón dejó represado el río Yurubí. Genaro Zumeta apuntó el 26 de marzo de 1912 en el semanario “Recortes” de San Felipe en su escrito “1812, tristes remembranzas” que: “…el río Yurubí había dejado de correr en lo absoluto (...) En la noche del 29 al 30 de marzo cayó un copiosísimo aguacero, y al amanecer oíase un ruido fuerte en la cercanía del Yurubí, que llenó de pavor a la gente. Las aguas de este río, paralizadas en su corriente por el terremoto, rebalsaron y rompieron los diques que las contenían. Salieron de madre inundándolo todo. Las calles cubiertas de escombros no daban pase a las aguas, que se desparramaron causando daños y algunas víctimas…”

El imponente Yurubí reclamó su cauce. Bajó con la fuerza del cielo. Este relato de Zumeta me hace recordar el 04 de julio de 2004 cuando la quebrada Guayabal desbordó El Cerrito y La Mosca de San Felipe, arrastrando todo lo que consiguió a su paso, incluyendo dos vidas humanas y una niña de dos años, que nunca se consiguió.

El turbulento septiembre invita al reencuentro con el lugar y su historia, el paisaje y su gente. En la primera página de septiembre de 1530 está el primer terremoto registrado en Venezuela. El cronista de Indias, Antonio de Herrera y Tordesillas lo detalló así: “…la tierra se abrió por muchas partes, por donde manaba agua salada y negra como tinta, que hedía a piedra azufre y la sierra del golfo de Cariaco quedó abierta por medio, dejando hecha un abra: cayeron muchas casas, murió mucha gente ahogada y espantada y tomada de los terremotos”.

El diario Yaracuy al Día tituló con el terremoto del 12 de septiembre de 2009
El diario Yaracuy al Día tituló con el terremoto del 12 de septiembre de 2009

El 29 de septiembre de 1886 también se registró un temblor a las dos y veinte de la mañana en Nirgua. Mientras la memoria viaja por los estudios sismológicos de Melchor Centeno Graü, la ciudad de San Felipe sigue inquieta, la gente está alarmada en la calle. En este instante, a las cuatro de la tarde, se está produciendo la primera réplica. Esta vez la intensidad es de 4 grados de magnitud en la escala de Richter.

¡Septiembre de mi vida, septiembre de temblores indecibles!

Expectante y tembloroso sigo pasando las páginas del recuerdo. San Felipe y yo velamos. Este temblor no es ni el primero ni el último. El 15 de diciembre de 1865 un temblor visitó San Felipe a las cuatro y cincuenta de tarde. Luego, el 01 de mayo de 1913, a la una y treinta de la tarde tembló en Aroa y Barquisimeto. El 26 y 27 de julio y el 03 de agosto de 1915 le tocó a Yaritagua. Nuevamente Nirgua siente un suave temblor el 12 de diciembre de 1915. El 13 de febrero de 1916 volvió a temblar en Yaritagua. El 24 y 25 de octubre del mismo año, además de sentirse en Yaritagua, también se sintió el temblor en San Felipe. El 12 de octubre de 1917 a las dos y treinta de la mañana tembló en Nirgua con ruidos subterráneos.

La lista de temblores en Yaracuy es larga como esta noche de alarmas y recuerdos. El 16 de marzo de 1929 vuelve a temblar en Yaritagua y San Felipe a las tres y treinta de la mañana. El 01 de mayo de 1931, a las seis y diez de la tarde, se sintió un temblor en San Felipe y en casi todo el país. El 11 de julio de 1933 tembló en Aroa y Urachiche en horas de la noche. El 12 de marzo de 1943 a las cuatro y cuarenta de la tarde se registra un sismo en Campo Elías estado Yaracuy. Ese mismo año desde el 03 hasta el 24 de octubre se sintieron más de 44 sismos en el estado Yaracuy con ruidos subterráneos y vientos muy fuertes. En Farriar, Palmarejo y Agua Negra los sismos fueron fuertísimos y se agrietaron paredes de casas.

En estas tierras de Dios ha temblado, tiembla y temblará. Muchísimos movimientos telúricos han conmovido a Yaracuy. Ya está amaneciendo y la noticia principal del Yaracuy al Día es “Alarma en Yaracuy por sismo de 6.2 grados”. Al rayar el alba del 13 de septiembre, en víspera de mi cumpleaños, estoy ávido de conocer la tierra que me vio nacer bajo la lluvia.