RECORDAMOS AL PADRE VICENTE PIÑEROS

El padre Vicente Piñeros participó en la fundación del Seminario San Judas Tadeo, en Yaracuy, donde fue su rector. Fungió de párroco en la iglesia La Ascensión, en la Catedral de San Felipe y profesor del Seminario La Divina Pastora de Barquisimeto. También estuvo encargado de la misión Nuestra Señora del Carmen y finalmente desempeñó el cargo de Vicario Cooperador con el padre José Gregorio Carreño, en Marín.

Juan Lárez Marcano

El padre Vicente Piñeros bendijo a muchas generaciones de yaracuyanos en la Catedral de San Felipe, tal como en la gráfica que muestra a los hermanos Dionicia y Guilllermo Manamás, en su Primera Comunión, 1988. (Foto: Juan "El Tigre" Machado)
El padre Vicente Piñeros bendijo a muchas generaciones de yaracuyanos en la Catedral de San Felipe, tal como en la gráfica que muestra a los hermanos Dionicia y Guilllermo Manamás, en su Primera Comunión, 1988. (Foto: Juan "El Tigre" Machado)

El 23 de enero de 2003, en medio de un generalizado dolor se recibió la infausta noticia del deceso de Monseñor Vicente Piñeros Vergara, quien para la fecha se encontraba en Colombia, recuperándose de un trasplante de riñón que le habían practicado en Medellín, la primera semana de diciembre de 2002.

Gran consternación en la feligresía católica yaracuyana y especialmente en la gran familia del Municipio Gómez del Estado Nueva Esparta, donde el carismático párroco había prestado sus servicios religiosos por varios años. El Santo Padre presentaba problemas de salud y por causa de la diabetes estaba perdiendo la visión, situación que lo tenía totalmente consternado.

Monseñor Piñeros Vergara nació en Colombia el 27 de octubre de 1934, realizó estudios diocesanos en Cumaná y fue ordenado como sacerdote el 15 de diciembre de 1963 en la Isla de Margarita. Luego prestó servicios en la Parroquia de Santa Ana del Norte y por no cederle un programa radial dominical a la Diócesis de La Asunción, fue trasladado al Estado Yaracuy, ingresando el 1 de junio de 1971 a la Diócesis de San Felipe, recibido en aquel entonces por el siempre recordado Monseñor Tomás Márquez Gómez, primer obispo de San Felipe.

A lo largo de su carrera sacerdotal el Padre Piñeros, como cariñosamente lo recordamos, se distinguió en nuestro estado por su sencillez de llevar la palabra de Dios al pueblo neoespartano. Fue el gran visionario al incorporar una serie de cánticos a la misa dominical con instrumentos típicos de la región. Inicialmente, la novedad no fue muy grata, pero luego los feligreses se fueron adaptando al nuevo estilo que había imprimido el humilde, recordado y sabio sacerdote.

El Padre Vicente Piñeros, en la Iglesia de La Ascención, durante el bautizo de Henrique José, hijo de Enrique Tirado Espinoza y Eliette Faridy Freytez en 1973. (Foto: Juan "El Tigre" Machado)
El Padre Vicente Piñeros, en la Iglesia de La Ascención, durante el bautizo de Henrique José, hijo de Enrique Tirado Espinoza y Eliette Faridy Freytez en 1973. (Foto: Juan "El Tigre" Machado)

En Yaracuy participó en la fundación del Seminario San Judas Tadeo, de donde fue su rector. Fungió de párroco en la iglesia La Ascensión, en la Catedral de San Felipe y profesor del Seminario La Divina Pastora de Barquisimeto. También estuvo encargado de la misión Nuestra Señora del Carmen y finalmente desempeñó el cargo de Vicario Cooperador con el padre José Gregorio Carreño en Marín. Realizó estudios en Roma y obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico, en Filosofía, lengua española y un Diplomado en latín. Fue profesor en varios colegios de Nueva Esparta y San Felipe.

Hoy lo recordamos como ayer al buen pastor, cuando se aproxima un aniversario más de su triste desaparición, sus amigos de siempre: Henry Lazarde, Roberto Rodríguez, Evelio José Caraballo, Víctor Rodríguez, Melchor Gómez, Félix José Salazar, Irvin Salazar, José (Cheíto) Franco, Jesús Gamboa, Cruz Salazar, Rodolfo Caraballo, Paúl Tovar, Nieves Guzmán, Santiago Gil, Cruz Mata, Bruno Moya, Ricardo Moya, Alberto Garrido, Santiago Urdaneta, Alberto Urdaneta, Daniela Córdova, Obdalis España, Hermanas Ordaz y quien suscribe, entre otros paisanos que elevaremos un racimo de plegarias por la paz de su alma.

Seguro estamos, que el Santo Padre está a la diestra del Señor, desde donde bendice con su corazón de oro al pueblo que adoró tanto: Santa Ana del Norte. Mientras vivan sus lindos y agradables recuerdos, será imposible la ausencia de Monseñor Vicente Piñeros Vergara.