¿Pico El Tigre o Chimborazo?

Se ha dicho que los primeros toponimistas que trataron en relación al nombre de los lugares, fueron los juglares, cuentistas y poetas, en cuyos dinamismos artísticos explicaban el origen de ciertas zonas, y aunque muchas de éstas ya formaban parte de la leyenda, el pueblo llano empezó a reconocer su geografía con nombres propios, tal como el caso del Pico El Tigre que por asimilación legendaria la vecindad sanfelipeña desde la época colonial le endilgó el nombre de cerro Chimborazo y así ha sido reconocido desde entonces por propios y visitantes, lo cual tiene su razón de ser.

Raúl Freytez

Fotos: Magaly Martínez / Maryely Martín/ Pedro Hernandez

Carta topográfica que indica la situación exacta del pico El Tigre
Carta topográfica que indica la situación exacta del pico El Tigre

Los nombres expresan e implican parte de la formación evolutiva en la cultura de los pueblos al constituirse en vínculo maravilloso de autonomía, de gentilicio. Es por esa razón que cuando dirigimos la mirada hacia nuestros campos, valles, montañas y selvas entremezcladas de musgo, cielo y tierra, surgen algunos lugares específicos a los que se les asigna una nueva identificación que, visiblemente, terminan por asimilarse a lo que abunda o existió en la zona y acaban incorporándose a la identidad colectiva.

Lo cierto es que la identificación no se pierde a pesar del nuevo nombre que se le otorgue a una zona en particular, porque el originario ya forma parte del imaginario colectivo, pero sí puede ser objeto de transfiguración. Por ejemplo, para las personas que desde décadas conocen un sector de la zona alta del Pico El Tigre como Las Cumaraguas, jamás aceptarán que el lugar sea designado con un patronímico distinto; los pueblerinos seguirán apropiándose de su nombre aunque la llamen de otra manera, sin embargo otras personas lo asumirán con resignación, otros lo rechazarán y los menos, sencillamente lo ignorarán.

Unas notas del profesor Domingo Aponte Barrios (La ciudad del sueño y la leyenda), extraídas de las Páginas del Cronista, año 1, N° 2 del año 2007, explica textualmente lo que quise decir en los párrafos anteriores: “De ese conocer, de ese vivir constante junto a ella (la ciudad de San Felipe), nace el sentimiento que nos ata para siempre a nuestra tierra, representada muchas veces, en un árbol, una casa, una calle, una aldea, una ciudad, un estado o una nación, o a la patria toda en su extensión territorial y en su dimensión espiritual”. En otro párrafo manifiesta: “Somos devotos de un sano regionalismo que nos permite valorar nuestros tesoros de épocas pretéritas sin desdeñar los del presente. Un regionalismo que nos lleva a querer más a esta tierra y por ende, a defenderla con más ahínco cada vez que se intente desmembrarla o cambiarla caprichosamente. Nuestro amor a la ciudad se afinca de sus tradiciones y costumbres, en la preservación de su riqueza autóctona, (yo agrego en el resguardo de su patrimonio arquitectónico y natural, cultural tangible e intangible), en la conservación de su tesoro artístico y en la exploración y apoyo del incalculable poder creador de su gente”. Más claro, imposible.

 LA GRÁFICA DE PEDRO HERNÁNDEZ MUESTRA A LA CIUDAD DE SAN FELIPE EN TODO SU ESPLENDOR, BELLA, DELINEADA, ESCOLTADA POR EL CHIMBORAZO
LA GRÁFICA DE PEDRO HERNÁNDEZ MUESTRA A LA CIUDAD DE SAN FELIPE EN TODO SU ESPLENDOR, BELLA, DELINEADA, ESCOLTADA POR EL CHIMBORAZO

Sólo el cielo es el límite

San Felipe posee un lienzo natural de innegable belleza, un tapiz verde, lozano y dador de vida convertido en pulmón vegetal de esta Tierra de Gracia, a cuyas faldas se escurren las aguas cristalinas del río Yurubí. Muchos coterráneos lo conocen como Cerro Chimborazo, otros como Cerro Las Dantas y algunos pocos como Cerro Esperanza; nombres que surgen en el lenguaje popular por asimilarlo a la abundancia de animales en el lugar, fincas, fundos o personajes de la zona, sobre todo campestre, cuando en vez del Cerro Los Muñoz, lo enuncian como Los Muñoces.

Lo de Cerro Esperanza fue designado por unos pocos, pues tiene que ver con que en el lugar estaba situada la Hacienda La Esperanza, fundada por la familia Bortone Goitía; lugar frecuentado por Alberto Ravell por el parentesco que les unía. A saber una estancia de porte colonial que convirtió en su casa de esparcimiento para dejar aflorar su fibra de escritor, cuyo exuberante paisaje le haría redactar una de sus hermosas obras literarias: “Por los caminos del Yaracuy”. En sus páginas documentó: “En San Felipe recorremos las Sabanas de La Mosca, el cerro de Los Muñoz (toponímico que también se le endosó al Pico El Tigre),la Quebrada de la Virgen con su leyenda histórica, los sunsunes por donde mostraban en tiempos remotos sus caras ennegrecidas los ladrones. Y nos asomaremos sobre La Mingoya, que es un retablo con sus casas de paja limpias, sus ganados que pastan la yerba. El cerro de Los Muñoces nos hará pensar en El Ávila. Tiene hondas semejanzas. Le falta sólo su Manuel Cabré que lo haya recogido amorosamente en sus múltiples facetas”. La Hacienda La Esperanza fue de igual forma el lugar por excelencia de retiro espiritual del afamado torero César Girón, fundo que visitaba con frecuencia para compartir amenos ratos de distracción con su entrañable amigo Alfonso Bortone Goitía, alejado del bullicio de la fanaticada nacional bajo el abrigo del imponente Chimborazo.

De izquierda a derecha Dr. Bartolomé Salom, Torero César Girón, Gobernador Guillermo Cordido y Dr. Alfonso Bortone Goitía
De izquierda a derecha Dr. Bartolomé Salom, Torero César Girón, Gobernador Guillermo Cordido y Dr. Alfonso Bortone Goitía

Con el pasar de los años El fundo La Esperanza cambió de propietario al adquirirla Don Alfredo Velásquez quien por su condición de amante de los toros coleados y en alguna ocasión presidente de la Asociación de Coleo del estado Yaracuy, tenía en sus cuadras tres de los mejores caballos de la época: El Indio, Payaso y Garza Morena, que sólo eran montados por coleadores de renombre. Posteriormente ubicaron en sus inmediaciones El Fuerte Jirajara, asiento del 132 Batallón de Infantería "General en Jefe José Antonio Páez" N° 71, y recientemente es sede del 411 Batallón de Infantería Mecanizada G/D José Anzoátegui, ubicado en el sector El Cerrito de la ciudad de San Felipe.

La cima del magnífico pulmón vegetal sanfelipeño se mantiene cubierta de neblina en los días de invierno, cobijando una tupida selva tropical con imponentes árboles de mijaos, cobalonga, indio desnudo o indio esnú; ceibas, araguaneyes, cedros, caobos, bucares, palo de vaca y jabillos que incrustan sus raíces en el alto monte para dominar el paisaje con sus casi 1800 metros sobre el nivel del mar, que lo convierten en la más bonita acuarela de matices verdes donde abundan reptiles entre los que figuran los matos e iguanas; culebras constrictoras y ofidios venenosos como la mapanare, la cascabel y la coral. Hay una gran diversidad de aves: paujíes copete de piedra, gavilanes, lechuzas, guacharacas, loros, cristofué, guacamayas, arrendajos, paraulatas y azulejos. Entre los mamíferos destacan las lapas, picures, cachicamos, el mono araguato, zorros, báquiros de cuello Blanco, el venado matacán y el cunaguaro, entre otras especies.

El Pico El Tigre es el punto sobresaliente de la región, una regia expresión de la naturaleza representativa del estado Yaracuy; un vergel donde la multiplicidad de flora y fauna deja perplejos a los más osados investigadores, pues en esta tierra, sobre la espigada carpa de los árboles, sólo el cielo es el límite.


Emilia Trejo se despidó del lugar, pero dejó su huella que pervive desde 1924
Emilia Trejo se despidó del lugar, pero dejó su huella que pervive desde 1924

Pico El Tigre

De modo que el Pico El Tigre o Cerro Chimborazo es una hermosa formación montañosa considerada como emblema de identidad y pulmón vegetal de la ciudad de San Felipe, y así lo han reflejado músicos y poetas durante décadas en hermosas composiciones melodiosas. El cerro de exuberante verdor -aún en pleno verano-  ha tenido otras designaciones que le han otorgado algunos visitantes según lo que consigan o ven en el lugar, tal como el caso del Cerro Las Dantas, como también se le conoce, por la supuesta presencia de muchos de estos mamíferos apreciados como trofeo de caza por los amantes de esta práctica antiquísima.

En efecto, El Pico El Tigre, en realidad no posee un pico, sino más bien una loma muy amplia forrada de espesa vegetación, y representa el lugar más alto del estado Yaracuy con una altitud de 1874 metros sobre el nivel del mar, reflejada en la carta topográfica del estado Yaracuy que lo ubica en la Sierra de Aroa, con una longitud aproximada de 70 Kms., entre Cerro Negro, Cerro El Zamuro y las Quebradas Vijagual y Huracal, inmerso en el Parque Nacional Yurubí que abarca una superficie de 23.670 hectáreas en jurisdicción de los municipios San Felipe y Bolívar, a saber una tupida zona montañosa que suministra una eficaz protección a los nacimientos de preciosos afluentes, entre los que destacan los ríos Yurubí, Cocorote, Guayabito, Tesorero, Zamuro y Carabobo, así como las quebradas Mayorica y La Virgen, por lo cual el Gobierno Nacional lo incorporó al régimen de áreas naturales protegidas, instituido por Decreto N° 235 de fecha 18 de marzo de 1960.


 LA CIMA DEL CERRO CHIMBORAZO SE CUBRE DE NEBLINA GRAN PARTE DEL AÑO, IMPONENTEMENTE VERDE EN SU MAJESTUOSA DIMENSIÓN.
LA CIMA DEL CERRO CHIMBORAZO SE CUBRE DE NEBLINA GRAN PARTE DEL AÑO, IMPONENTEMENTE VERDE EN SU MAJESTUOSA DIMENSIÓN.

Al Noreste de la ciudad de San Felipe en la intersección de las avenidas Los Baños y Dr. Alfonso Bortone Goitía, se encuentra la entrada al parque recreacional "Leonor Bernabó", con una extensión de 7.1 hectáreas que constituyen un precioso lugar para el esparcimiento al aire libre, en el que propios y visitantes disfrutan un cálido encuentro con la naturaleza mientras el río Yurubí esparce el fresco aroma de vida en sus cantarinas aguas, en un área que ofrece un grupo de cabañas rectangulares y circulares, dos módulos de baños y duchas, quioscos piñateros y parrilleras, enmarcados en un agradable ambiente pleno de espacios verdes.

El parque debe su nombre a la escritora y poeta sanfelipeña Leonor Bernabó (1836- 1906), autora del libro “Quejas del alma”, publicado luego de su muerte por la Tipografía yaracuyana, en 1911, con el prólogo de la escritora yaritagueña Inés Lucía Yépez, contentivo de cuarenta y dos poemas que retratan la geografía yaracuyana y su exuberante naturaleza, al tiempo de dedicar sus versos al Libertador Simón Bolívar y a los avatares por alcanzar la independencia de Venezuela, al Dios Supremo y la añoranza. El libro lo reeditó la Imprenta del estado Yaracuy en 1950.

Con estas evocaciones, me permito extraer unos apuntes del coterráneo Hugo Álvarez Pifano, que escribió para presentar el libro “El San Felipe de ayer”, del cronista Horacio Elorza Garrido: “(…) alguna vez tendrá que ocurrir con esas generaciones del porvenir, como las hemos llamado, que ubicadas ya en la dimensión del presente, comenzarán también a vivir al lado de todas esas cosas que la memoria guarda en sus espacios. Y cuando en un hermoso día de sol, salgan a caminar, entre la calma de uno de esos angostos y sombreados caminos y suban a la parte alta de la montaña (el cerro Chimborazo), que desde San Felipe domina el inmenso valle del Yaracuy, al contemplarlo, tal vez pensarán como nosotros y como alguna vez lo hicieron sus abuelos: “Y si yo no pertenezco a esta tierra, a qué otro lugar voy a ir a buscar mis raíces y mis recuerdos”.

Así que no es por placer o capricho, sino por desinformación que se les cambia el nombre a los lugares, y no por ello debemos acostumbrarnos a que cada quien le endilgue el patronímico que mejor le parezca a una zona en particular, “porque así le dijeron que se denominaba el sitio”, pues de otro modo el aventurero que observó gran cantidad de lapas en el sitio lo denominaría Las Lapas, y porque Juan Perdomo tenía una prominente nariz, le etiquetan el mote de “narizón”, al antojo de la gente, pues.

Desde las alturas del Chimborazo se puede observar la bella ciudad de San Felipe
Desde las alturas del Chimborazo se puede observar la bella ciudad de San Felipe

Grupo Chimborazo

Tanta belleza natural de magnífica estampa, ha inspirado el alma de artistas y poetas, al punto de que muchos músicos le han dedicado sus mejores realizaciones al cerro, incluso bautizándolos con el nombre, tal como el caso de la agrupación musical Chimborazo, designación que fue tomada “por sugerencia de nuestra madre (doña Margarita Hurtado de Gutiérrez), durante el proceso de asignarle el mismo expresando que, a ella siempre le había gustado el hermoso cerro ubicado al norte de la ciudad y cuya vista desde nuestra casa materna le resultaba impresionante. Aceptando de manera unánime por los integrantes, quienes ensayábamos en esa casa, quedó pues bautizado el grupo con ese nombre. A partir de Agosto de 1984, da inicio la vida artística del “Grupo Chimborazo”, según afirmó José Luis Gutiérrez, una de las voces y guitarrista de la agrupación musical.

El Grupo Chimborazo participó en innumerables veladas de tipo familiar y amistoso con la intención de recopilar y difundir la obra musical de los compositores venezolanos de género popular y carácter tradicional, y así paulatinamente se dieron a conocer artísticamente, e incluso fueron invitados permanentes de programas radiales y recitales institucionales, para lo cual contaron con el importante apoyo de Don Fernando Falkenhagen, Luis Alcina y Don Armando Arteaga a través del programa sabatino: “Armando y sus invitados” por Radio San Felipe El Fuerte, estudio radiofónico muy frecuentado por muchas agrupaciones de músicos yaracuyanos e invitados especiales de otros estados del país. Gutiérrez destacó el respaldo de Héctor Camacho Aular, Alberto Rubio Bencomo y Ledy Vicierra, para ese entonces docentes del IUTY, quienes también se hicieron cómplices del proyecto musical que integraban Simón Camacaro Andrade (director, flauta y mandolina), Alberto Puche (cuatro y voz), Raúl Gutiérrez (cuatro y voz) y José Luis Gutiérrez (guitarra y voz), que, según escribiera el cronista y escritor Héctor Camacho Aular: “el sello particular del Grupo Chimborazo, radica en que la mayoría de las piezas de su repertorio pertenecen a los miembros del mismo, y esto de por sí constituye al novedoso en agrupaciones musicales yaracuyanas de este tipo. Sus creaciones reflejan un anhelo constante de superación y renovación, el cual es en cierta forma un premio a la constancia en el trabajo que se han propuesto”. De esta forma dejaron escuchar sus melodías a través de “La bufanda de los sueños”, vals de Héctor Camacho Aular; “Carmen Amalia”, merengue de Rafael Andrade; “Claudia” y “Gabriela”, valses de Raúl Gutiérrez; el merengue “El estratega”, “El zamuro” y “Joropo N° 1” de Alberto Puche; “La bateíta”, merengue de José Luis Gutiérrez; “Como en Caracas”, merengue de Simón Camacaro; “Estelina”, vals de Teófilo Domínguez; el vals “San José” de Lionel Belasco y “Un heladero con clase”, merengue de Luis Laguna, entre otros temas.

Sus magníficas interpretaciones fueron elogiadas por el prestigioso músico, compositor y poeta Enrique Hidalgo, quien les invitó a participar en la producción discográfica: “Cantos, cuerdas y versos del Yaracuy”, auspiciado por Doris de Salcedo, quien para entonces presidía el Concejo Municipal de San Felipe en Abril de 1988.

A escaso año y medio de su nacimiento y marcado éxito, la agrupación musical dejó el escenario por las innumerables ocupaciones profesionales de algunos de sus integrantes y al escaso apoyo para continuar el trabajo artístico y discográfico, y a pesar de que hicieran algunos intentos por reintegrarlo no fue posible, pero la calidez de sus interpretaciones dejó un recuerdo imborrable en el pentagrama musical yaracuyano.

Chimborazos Rock

Y en el mismo tono de la armonía con el promontorio vegetal tan nuestro, nació “Chimborazos Rock”, obra literaria del escritor Rudy González que relaciona las experiencias musicales de los años 70, 80 y 90 en Yaracuy.

Rudy González, reconocido por ser especialista en producción de documentales televisivos relacionados a San Felipe, incursionó en el mundo de la escritura por medio del libro que tituló “Chimborazos Rock”, un compendio de crónicas musicales que desnuda al rock y a quienes formularon esta propuesta rítmica: Marianito Piña y los Siux, el Lagarto Juancho y su Jhema; El Cubiche y su Átomo o de Edinson y su LEF, Alef, Juan Carlos Marín, Tisuby y Georgina.

Los excursionistas se adentran al corazón del Chimborazo para enamorarse más de Yaracuy
Los excursionistas se adentran al corazón del Chimborazo para enamorarse más de Yaracuy

De excursión al Cerro Chimborazo

Lo cierto es que sea el Pico El Tigre, Cerro Chimborazo, Cerro Las Dantas o Los Muñoces, es considerado por nosotros el pulmón vegetal y escudo natural protector de los sanfelipeños, seguirá además siendo motivo de debate y polémicas, argumentaciones de diversa índole, dimes y diretes quizás, pero nadie podrá arrebatarnos ese signo de igualdad que por siglos nos ha identificado, al punto de que en la actualidad se ha convertido, no sólo en punto referente de ecológica esmeralda, sino también en santuario de sano esparcimiento, escogido por los amantes del excursionismo quienes hacen acopio de sus fuerzas para subir la empinada cuesta a través del sendero El Playón del Parque Leonor Bernabó, hasta llegar a las ruinas de la vieja hacienda Chimborazo, lugar del que es posible observar la ciudad de San Felipe, Independencia y parte de Cocorote en todo su esplendor.

Una de esas jornadas de excursión fue realizada por Adriana Páez, Betzaidy Hernández, Keila Molletones y Maryely Martin integrantes del equipo de estudio de la Universidad Politécnica Territorial del estado Lara "Andrés Eloy Blanco" (UPTAEB), correspondiente al Programa Nacional de Formación en Turismo (PNFT), cuya experticia generó el proyecto que denominaron: Guía de buenas prácticas turísticas en la ruta de excursionismo “Cerro Chimborazo” del Parque Nacional Yurubí. Ellas observaron durante la travesía la gran variedad de árboles, helechos, bejucos y orquídeas que embellecen la exuberancia de los paisajes que brotaban a su paso, rodeados en algunos parajes por hilos de agua fresca y fría que en tramos se desparramaban en cascadas sobre pozos de asombrosa cristalinidad.

Y aún hay mucho que decir de nuestro Chimborazo, nuevas crónicas se escribirán, nuevos talentos mostrarán su amor por este monumento natural de tan significativa importancia para todos; patrimonio natural de los yaracuyanos y testigo excepcional del nacimiento de San Felipe, por lo que debemos protegerlo de los depredadores del ambiente para que su magnificencia siga siendo el lienzo de vida de quienes amamos a San Felipe, la tierra donde tus sueños pueden hacerse realidad.

Saludo al Chimborazo

Fernando Ramírez

Versos marginales en la narración poética del Yaracuy, 1968. En la voz amiga del doctor Francisco de Sales Pérez

 

-Buenos días, Chimborazo,

Verde guardián de la estirpe.

Parmaso de San Felipe

y capitán de arrendajos.

 

El Chimborazo es pariente

de medio mundo en el pueblo:

es el primo de los Pérez,

Compadre de los Agüero,

padrino de los Velásquez,

hermano de Aponte Barrios,

tío de algunos Miralles,

abuelo de los Cordido

y aunque me duela decirlo,

un manumiso del Inos.

 

-Así, Chimborazo amigo,

para el árbol de progenies

tú registras los laureles

en los libros de tu archivo.

 

El Chimborazo es el cerro

más artista de mí pueblo;

trapecista de las nubes

que sabe temblar azules

en un trapecio de hierro

cuando se siente el empuje

de los caballos del viento,

cuando el aire está revuelto

y la esperanza es un hule

en el gris pensamiento.

 

-Chimborazo de poetas,

lirida de los humildes,

le das la rima al poema

y sol brillante a los tristes.

 

El cerro de Chimborazo

es un chambergo de historia

sobre el cuenco yurubiano;

fieltro en cangilón de noria,

el que saca los recuerdos

con manos de terciopelo

desde el fondo de los años,

el que abriga los ensueños

bajo el cielo de otro cielo

de hierbabuena y mastranto.

 

-Chimborazo clavellino,

tú das el tono al paisaje

a punto de carboncillo

de un bucare a otro bucare.

 

Abuelito Chimborazo,

verde de verde remanso,

puente colgante del cielo

de cuando éramos muchachos

en la excursión de tu cerro.

Como me aprieta el recuerdo

de las líricas canciones

y los versitos ramplones

a las morenas del pueblo.

 

-Chimborazo, viejo verde,

las que sabemos tú y yo

que en el tintero se queden…

y te aprovechen… Adiós!...