Para generar conciencia se necesita cultura ciudadana

De ahí la importancia de implementar la Ordenanza de Convivencia Ciudadana, pues su aplicación generaría la concienciación tan necesaria para convivir en sociedad con principios de cultura y sensibilidad social.

Raúl Freytez / Foto: Magaly Martínez

Por el río Yaracuy se desplazan los desperdicios arrojados en las calles, y finalmente terminan contaminando las playas del Mar Caribe. (Foto: Magaly Martínez)
Por el río Yaracuy se desplazan los desperdicios arrojados en las calles, y finalmente terminan contaminando las playas del Mar Caribe. (Foto: Magaly Martínez)

Una vez más hoy las letras ayudaron a desahogarme. No puedo decir todo lo que siento, y no porque no lo desee, ni porque no pueda, sino porque es tanto lo que quiero revelar que con palabras no tendré el espacio suficiente para lograrlo. Sólo aprovecharé estas cuartillas para expresar todo lo que siento, con la amable atención de nuestros consecuentes lectores.

No crean que mi alma no solloza por lo que ocurre a mi alrededor. Es irritante cuando observamos cómo algunos conductores o acompañantes, pasajeros de taxis y busetas lanzan desperdicios por las ventanas y ventanillas de los automóviles: botellas, bolsas plásticas, servilletas y pitillos entre otros despojos, como si la vía pública fuese un basurero urbano, tal como aquellos ciudadanos que arrojan desechos en las calles y aceras, en un claro desprecio al derecho de la mayoría que desea vivir en un ambiente saludable.

Estas personas inescrupulosas ignoran que su basura navega un largo trecho por alcantarillas, tuberías y quebradas para luego flotar en los afluentes y finalmente en la playa donde desemboca el río en el lugar conocido como Boca de Yaracuy en el Golfo Triste del Mar Caribe, donde se amontona la inmundicia liberada en las calles y avenidas de la ciudad de San Felipe.

Algunos conductores irresponsables lanzan desperdicios, como si la vía pública fuese un basurero urbano. (Foto: Magaly Martínez)
Algunos conductores irresponsables lanzan desperdicios, como si la vía pública fuese un basurero urbano. (Foto: Magaly Martínez)

Y hablando de conductores de transporte público, estos trabajadores del volante tienen una gran responsabilidad con los pasajeros por lo que deben respetar las señales de tránsito y mantener la velocidad apropiada al desplazarse por las calles y avenidas, así como detenerse solo en las paradas dispuestas para tal fin, aparte de ser amables en el trato con los usuarios y sobre todo tolerantes con los amigos de la tercera edad.

Da tristeza observar cómo algunos vecinos derrochan el agua para lavar sus vehículos, mientras en muchos hogares escasea el vital líquido. Me indigna que otras personas estacionen frente a los portones obstaculizando la salida o entrada a los propietarios de las viviendas. Otros, lamentablemente, hasta lanzan agua sucia, bolsas de basura y animales muertos a la vía pública. Y este accionar indigno nada tiene que ver con el nivel social o profesional del individuo, pues a mi parecer está más relacionado con su formación y cultura, por lo que debemos percatarnos de que nuestras acciones, por mínimas que parezcan, afectan a otros aunque sea involuntariamente. Lo malo son aquellas personas cuyos actos son deliberados.

Para colmo mucha gente tiene la falsa creencia de que la responsabilidad es solamente de las autoridades, y no es así pues como sociedad todos tenemos el rol más importante y es convivir en armonía -sin morir en el intento- para desdibujar esa sociedad grosera que se desarrolla en un mundo tacaño nada envidiable, falsamente afable, insensible.

Muchas personas comentan que antes la vecindad era ideal, había respeto entre las familias que ocupaban las casas de los barrios y urbanizaciones, porque la realidad es que trataban a los vecinos con consideración. Las ventanas no estaban enrejadas, tampoco las puertas de entrada. El saludo era cordial y no como ahora que muchos ya ni siquiera esconden o disimulan su mal humor, sin percatarse de que el buen ánimo es ideal para ofrecernos la energía necesaria hacia la consecución de nuestros propósitos y metas.

Es cierto que uno hace en su casa lo que le venga en gana, pero resulta que también hay que pensar en los vecinos más cercanos, porque la contaminación sónica está penada por la ley.
Es cierto que uno hace en su casa lo que le venga en gana, pero resulta que también hay que pensar en los vecinos más cercanos, porque la contaminación sónica está penada por la ley.

Contaminación acústica

Anteriormente, en las casas donde había una celebración, el volumen del equipo de sonido no era ensordecedor sino para el deleite de esa vivienda en particular, mientras que en la actualidad se forman unos bochinches estridentes contaminando el ambiente con resonancias impertinentes hasta altas horas de la noche.

Es cierto que uno hace en su casa lo que le venga en gana, pero resulta que también hay que pensar en los vecinos más cercanos, porque la contaminación sónica está penada por la ley. No hacerlo es una desconsideración y por lo tanto, inaceptable. El desconocimiento de las leyes y nuestros derechos, en muchos casos nos hacen ser pasivos ante esa contaminación acústica, por lo que es bueno que la vecindad se entere de que estamos en nuestro derecho de denunciar a los responsables y la autoridad policial de hacerla cumplir. Estamos en nuestro derecho de exigir un ambiente sin música ensordecedora, para convivir en sana paz. No estamos en las selva. Todos formamos parte de la sociedad.

De ahí la importancia de hacer cumplir los articulados de la Ordenanza de Convivencia Ciudadana, pues su aplicación generaría la concienciación tan necesaria para convivir en sociedad con principios de cultura, sensibilidad y exigencia de todos por igual, desde el escolar, pasando por los docentes, padres y representantes; estudiantes universitarios, amas de casa, vecinos, policías, militares, funcionarios públicos, profesionales y técnicos, periodistas, locutores, prensa y el pueblo todo para tener el control de la ciudad y mantenerla aseada para disfrutarla a plenitud sin que esto sea labor exclusiva del gobierno municipal, pues el desarrollo de integración regional debe ser atesorado por la ciudadanía.

Lo ideal es que todos aportemos soluciones promoviendo la cultura de la paz, la armonía, la tolerancia y el respeto.
Lo ideal es que todos aportemos soluciones promoviendo la cultura de la paz, la armonía, la tolerancia y el respeto.

Eficiencia y seguridad matrimoniadas

En San Felipe y zonas aledañas, ni en ninguna parte del país debería haber indigentes, y menos aún niños y ancianos pidiendo alguna moneda para comer; la inseguridad debería ser tan solo una palabra más del diccionario pero muy lejos de la realidad regional pues envilece y desmoraliza nuestra existencia ya que toda vida es sagrada y además la base de todos los valores. La contaminación sónica debería suprimirse de los barrios y urbanizaciones.

El trato amable y la grata comunicación de los funcionarios públicos, son relevantes para establecer excelentes relaciones con la gente. El servidor público debe ejercer su responsabilidad con fervor y mantener siempre en su léxico las palabras mágicas: “Buenos días, buenas tardes, en qué podemos servirle, gracias y por favor”. En nuestra sociedad la eficiencia y la seguridad deberían matrimoniarse para siempre, indudablemente con un alto nivel de adhesión y consenso del ciudadano donde la complicidad no tenga cabida para nada que pueda perjudicar la felicidad del pueblo soberano.

Otro caso se refiere a las personas que se dejan llevar por las dificultades y al no resolverlas se impacientan para desquitarse con quienes no tienen culpa alguna de sus conflictos, entonces el mismo desespero les impulsa a demostrar el malestar con groserías y gestos inapropiados en plena vía pública que podrían acarrearles inconvenientes con sus semejantes, pues el conductor o el transeúnte, al ofenderse responden con igual o más violencia generando un conflicto muy mal visto por la sociedad. Recuerden que la violencia solo genera más violencia.

De modo que para poder vivir en comunidad debe haber normas que promuevan las buenas costumbres y no hacer lo que nos dé la gana así como así, y cada quien a lo suyo. No. Hace falta organización y sentido común con un alto sentido de pertenencia, de identidad, por lo que consideramos acertada la reforma total a la Ordenanza para la convivencia ciudadana que adelanta la Comisión del poder popular, comunas y participación ciudadana, promovida por el concejal Félix Márquez, ya en dominio y discusión de los ediles del Concejo Municipal de San Felipe, bajo la denominación: “Ordenanza para la convivencia ciudadana, el buen vivir, la paz y el orden público en el municipio San Felipe”, “precisamente para reforzar los principios y valores ciudadanos, a los fines de ofrecer a los habitantes una herramienta útil, eficiente y eficaz que permita mejorar las relaciones entre sí, fomentando una ciudad segura, limpia, amable, con desarrollo urbano equilibrado y sostenido donde todos aporten soluciones promoviendo la cultura de la paz, la armonía, la tolerancia, el respeto, la prevención del delito, la resolución de conflictos, el mejoramiento del medio ambiente, el sentido de pertenencia de cada ciudadano(a), así como otros aspectos que mejoren el entorno social y las relaciones publicas en la comunidad”, de modo que las buenas costumbres, valores y principios prevalezcan para vivir en paz, con respeto y tolerancia.