Murió Oriol Parra, un gigante de las letras y periodismo yaracuyano

Retirado del diarismo y de la política, pero jamás de las letras y de los libros, se dedicó a estudiar, investigar y escribir, y una de sus obras relata con pasión la historia de Yaracuy “Leguas abajo”, así como “El signo de mis valles”, crónicas maravillosas de los primeros años de lo que fue el Gran Valle de Yaracuy.

Raúl Freytez / Foto: Magaly Martínez

Oriol Ramón Parra, aguerrido escritor, periodista, prosista
Oriol Ramón Parra, aguerrido escritor, periodista, prosista

En ese transitar incansable por rescatar del olvido aquellos personajes que han hecho de San Felipe el refugio de sus positivas andanzas, seguimos hurgando en cada rincón de sus calles y barriadas, donde siempre hay un recuerdo vivo que les hace permanecer en nuestra memoria, bien en su accionar de educadores, médicos, artistas, comunicadores, bohemios, vendedores ambulantes, gente del pueblo y hasta amables locos, porque de chiflado todos tenemos un poco, que en mejores términos precisaremos como excéntricos, ya que son personas seguras de lo que quieren en la vida, y que por esa misma razón podríamos considerarles originales, geniales y centrados en sus ideas, que hay muchos en nuestro suelo, por suerte. Es esa gente con la que nos agrada conversar porque aprendemos en el articular ameno de las palabras que como ráfagas, o pausadamente, nos obsequian relatos a través de su vasta experiencia.

En esta ocasión, bitacoradelcronista.jimdo.com llora por el viaje eterno de un hijo del barrio Zumuco, Oriol Ramón Parra, aguerrido escritor, periodista, prosista y acaudalado orador de una integridad extraordinaria, que supo entregarse en cuerpo y alma al terruño donde nació, y desde muy chico se apasionó por el mundo de las letras, siempre al lado de un libro, pues aseguró que nunca había dejado de estudiar. Además de comunicador social, este carismático personaje fue cronista e investigador, y otro oficio nada común: la redacción de discursos.

“Siempre he tenido contacto con la gente del pueblo, así como con personajes de reconocida trayectoria en el ámbito político, social y cultural, y aunque en mis inicios hubo tropiezos con algunos de los periodistas más viejos en el oficio, quienes fueron manipulados por la envidia y la desconfianza para que mis papeles para colegiarme nunca fueran recibidos en Caracas, no obstante, mantuve firme mi convicción de ser periodista, y por esa razón algunos colegas contribuyeron con mi ingreso, entre ellos Rafael Fonseca Montani, un trujillano que fue mi maestro en la escuela “Padre Delgado”; otro fue Luis Herrera Campíns, amigo personal antes y después de ser Presidente de la República. En conversaciones con el historiador y Cronista de San Felipe, Nicolás Perazzo, logramos escribirle a Luis Herrera para que me facilitara el ingreso al Colegio de Periodistas, lo cual resultó muy positivo pues finalmente tuve el apoyo del gremio, una vez que fueran analizados los documentos probatorios de mis trabajos y capacidad para el ejercicio reporteril”, afirmó Parra.

Su ingreso al Colegio de Periodistas se oficializó hacia el año 1960. “Para entonces, tanto los aspirantes a periodistas y los ya colegiados no lográbamos vivir del día a día, pues eran muy pocos los medios de comunicación impresos, si acaso los semanarios Avance y El Reportero, reconocidos entre los primeros, y algunos de muy corta duración, pues cuando algún escritor o periodista publicaba informaciones contra el gobierno, los gobernantes arremetían de inmediato y vetaban al medio de comunicación quitándoles la publicidad oficial y como era lógico, el semanario quebraba. De hecho, hasta yo tuve un semanario llamado ´La voz de Yaracuy´ que salió en 10 oportunidades tan solo”, enfatizó con propiedad, mientras gesticulaba dibujando en el espacio los aspavientos que reafirmaron sus reflexiones.

Huella cultural

Al igual que un deportista exitoso, la sala de su casa está colmada de objetos memorables que reflejan la pasión por su familia. Todo tiene significado para Oriol, el periodista, para Oriol, el escritor, el cronista ataviado de recuerdos con el toque que le ha puesto su esposa y sus hijas en las fotografías que revelan diversos aspectos de su prolífica descendencia, allí en la calle 10 signada con el número 13-13 del barrio Caja de Agua en San Felipe. Mientras que en un laberinto de escaleras se asciende a la biblioteca donde atesora una recopilación de documentos de gran valor histórico; son los recuerdos y vivencias de Oriol escritos de su puño y letra, ribeteados de una variedad de libros de diferentes temas y títulos con anotaciones que le otorgan más valor. Libros con dedicatoria de muchas personas que rubricaron el gran amor a nuestra tierra.

Es el mismo Oriol hecho historia en cada página que desafía al envejecimiento por la huella cultural allí acaudalada para instruir y aleccionar más allá de los años. Y esos papeles reiteran en cada línea impresa el amor que siente por San Felipe, sus barrios y la sencillez de su gente afectuosa, de espíritu humilde; comunes, cercanos en el barrio que hizo suyo de cuando el callejón era de tierra.

Oriol no escatimó palabras para hablar de Yaracuy y de modo especial de San Felipe. “Yo me dediqué a querer a Yaracuy. Aunque me crié entre los pobres del barrio Zumuco, jamás faltó el pan en nuestro humilde hogar; mi madre Carmen Parra, vivió enraizada al ejemplo de mi bisabuela -pues ninguna contrajo matrimonio- y aún así mantuvieron un hondo respeto por la unión en el seno familiar, y yo rompí ese mito porque fui el primero que contrajo matrimonio en Caracas y ellos no lo supieron sino mucho tiempo después. Me casé con Elena Yarza en la Parroquia de la Vega, en Caracas, el 15 de abril de 1957. Para entonces, Venezuela pasaba momentos tormentosos con el régimen dictatorial del general Marcos Pérez Jiménez, y al año siguiente cayó el gobierno entre el tumulto del pueblo volcado en las calles caraqueñas. Fue entonces cuando tuvimos que retornar a San Felipe, porque el desempleo cundió por todos lados. Regresé con la familia constituida, ya con mi primer hijo al que bautizamos Oriol Trinidad”.

Orgulloso de sus raíces

El rostro se le tiñó de orgullo al afirmar que sus raíces siempre estuvieron ligadas a las letras, a través de quien fuera su padre, el bachiller Trinidad Figueira, “un hombre íntegro, pulcro en su accionar ciudadano”, reconocido por la historia como el maestro de generaciones, cuyo legado aún sigue vigente en el corazón de los yaracuyanos, tan igual como “Me siento orgulloso de mi familia, en el caso de Elena, mi mujer, perteneciente a una familia muy reconocida de San Felipe, los Yarza; Carmen de Yarza fue una poeta reconocida que vinieron de España, casada con Gilberto Antolínez, el primer indigenista venezolano precursor del estudio indigenista en Latinoamérica, célebre investigador de nuestras culturas autóctonas”.

Con Doña Elena Antonia fomentó un hogar donde forjó el culto a la lectura, pero también a las ciencias, y de hecho sus hijos son profesionales en diversas áreas del saber, de quienes habla con la satisfacción “del deber cumplido”. “Procuramos que en nuestro hogar jamás faltara el alimento, el techo y el estudio, casi igual de cuando yo era muchacho, sólo que para entonces estudiar era cuesta arriba, pero mis hijos sí lograron instruirse y hoy son todos valiosos profesionales que prestan servicio a la patria, cada quien desde el oficio que escogieron para sus vidas”, apuntó.

Oriol siempre fue un político y no lo sabía, pues desde joven mantuvo estrecho contacto con la gente del pueblo, y a los afectados de algún modo les buscaba una solución a los problemas a través de “sus contactos”, hasta que entró de lleno al mundo de la política, hecho que “le obligó” a escribir para hacerse oír. Y la gente le oyó al punto de que hizo del periodismo su razón de vida en función de apoyar al pueblo en la búsqueda de satisfacer las necesidades más ingentes de las comunidades. De inmediato buscó y obtuvo el respaldo de las personas que tenían inquietudes por el periodismo, siendo el más importante de ellos Don Nicolás Ojeda Parra, “quien siempre nos motivó al grupo de muchachos que como yo aspirábamos servirle al pueblo a través de las letras; con él y otros colegas fuimos ampliando los conocimientos”. Los colegas de ese entonces son Matías Dudamell, Fonseca Montani, Luis León Arocha, Cruz Ramón Galíndez y Julio César Hernández, a quienes recordó con afecto.

La perseverancia como norte

De modo que fue concejal y luego diputado a la Asamblea Legislativa. Entre sus actividades destaca el haber sido secretario del parlamento estadal durante mucho tiempo. Después, Secretario de Política del Gobierno regional, e incluso llegó a dirigir la oficina de Prensa de la Gobernación del estado Yaracuy.

De sus trabajos destacó el hecho de haber laborado en El Impulso, cargo para el cual tuvo que concursar para atender la corresponsalía en San Felipe, y que obtuvo tras ser aprobado por los directores en Barquisimeto. “En ese mismo instante que empecé a trabajar me dije que era por poco tiempo porque días antes había trabajado para El Informador solamente por 20 días, pero en El Impulso duré 11 años a cargo de la corresponsalía, actividad que alternaba con la Dirección de Prensa de la Gobernación, luego eliminaron la oficina en Yaracuy, y empecé a escribir para la revista Impacto”.

Perseverante como fue desde muy joven, dedicó parte de su tiempo para seguir dando el ejemplo y con muchos años encima se atrevió a retomar las aulas de clases para alcanzar el título de bachiller y posteriormente inició estudios de derecho, que por problemas de salud no pudo continuar, pero quedó en él la permanente necesidad de cultivarse a través de la lectura que ha sido su invariable compañera en la vida, con el mismo amor que profesó a su familia, “por encima de todas las cosas de ésta y otra vida”.

Retirado del diarismo y de la política, pero jamás de las letras y de los libros, se dedicó a estudiar, investigar y escribir, y una de sus obras relata con pasión la historia de Yaracuy “Leguas abajo”, así como “El signo de mis valles”, crónicas maravillosas de los primeros años de lo que fue el Gran Valle de Yaracuy, mientras que en la actualidad está dedicado a la redacción de dos libros más, en esta ocasión relacionado a las biografía de su padre, Trinidad Figueira y su obra gigante en el mundo de los valores y la educación yaracuyana, así como otras letras dedicadas a San Felipe.

Oriol, lúcido en sus pensamientos, en cada accionar de su mente siempre alerta aún a sus 82 años (6 de febrero), junto a su inseparable esposa Elena y a sus hijos Oriol Trinidad, Ángel Marcial, Rafael Tomás, Carmen Elena, Alfredo Román, Diana Beatriz y su amado Héctor Jesús (QEPD), “guerrero de luces, valiente e inolvidable, hoy en el cielo”, quienes les dieron la dicha de compartir el amor de sus nietos Ángel Alfonso, Oriol Alberto, María Elena, María Teresa, Gabriela, Daniela, Oriana, Héctor Oriol, Héctor Jesús y Alfredo Jesús, así como de sus bisnietos Stephany, Mariángel y ángel Alonso.

Oriol Ramón Parra, todo un personaje; un vecino del Barrio Zumuco cuya vigencia sigue hoy más efectiva que nunca, pues sus pasos dejaron claras huellas en el San Felipe de ayer, hoy y siempre orgullosos de nuestro gentilicio. Gracias Oriol por compartir tu experiencia de vida, por tu apoyo y tu amistad. La familiaridad nace desde hace muchos años por el lazo de hermandad que le unió a mi padre, don Amado Freytez Rodríguez, su hermano en la cofradía de la masonería.

No es fácil despedir a un buen amigo. La despedida deja el sabor amargo de la nostalgia, pero todos tenemos trazado nuestro destino y tarde o temprano se cumplirá. Lo bueno de todo es que su recuerdo será eterno. Oriol murió el 8 de marzo de 2015; un gigante del periodismo y de las letras, consecuente amigo y colaborador. A su familia, que amo, un abrazo de solidaridad y familiaridad, al rogar por el eterno descanso de su alma. QEPD.