La pila bautismal del año 1748

Raúl Freytez / Foto: Magaly Martínez / Mariela León

Más de ciento sesenta años pasaron para ser rescatada del olvido. Después sería llevada a la Iglesia San Rafael Arcángel. Allí, luego de dos años, al limpiarle varias capas de pintura descubrieron la inscripción: “Esta pila se hizo día 17 de diciembre de 1748 aun siendo mayordomo señor Barquilla a devoción de los hermanos”.

La pila bautismal se encuentra expuesta a los elementos de la naturaleza desde el año 1973 en las ruinas del bautisterio de la Iglesia de Nuestra de la Presentación. (Foto Mariela León)
La pila bautismal se encuentra expuesta a los elementos de la naturaleza desde el año 1973 en las ruinas del bautisterio de la Iglesia de Nuestra de la Presentación. (Foto Mariela León)

En la entidad existe un valioso conocimiento de quienes fundaron la espiga de pueblos que hoy enriquecen la geografía yaracuyana, muchas veces injustamente oculto de no ser por el valioso aporte de los cronistas y escritores regionales que han volcado sus conocimientos para rescatar las tradiciones, leyendas e historia enriquecedora de nuestra esencia originaria; saberes esenciales que precisamente hay que rescatar del olvido.

Creemos esto de suma significación porque hemos estado escribiendo acerca de nuestros parientes originarios, así como de nuestros bienes patrimoniales y culturales y algo que hemos aprendido de esos escudriñamientos es la necesidad imperativa de seguir investigando, escribir y seguir escribiendo en la exigencia y obligación moral de conocer cada día más los maravillosos pasajes de nuestra historia para conocerla, aprenderla, apreciarla, difundirla e internalizarla como el modo más idóneo de conocer quiénes somos y de dónde procedemos para defenderla con el escudo de nuestra identidad, mejor conocida como yaracuyanidad, porque todo lo que nos rodea, lo que está próximo a nuestras memorias y vivencias, forma parte de nuestro modo de ser en tradiciones y cultura.

De ahí que por unos instantes, en alas del recuerdo retornemos al funesto día del 26 de marzo de 1812, atardecer en que el terremoto dejó secuelas de toda índole en la ciudad de San Felipe “El Fuerte”, y no solo por el inesperado gemido de la tierra, sino también por la avalancha de lodo y piedras que luego arrastraría días después la furiosa corriente del río Yurubí, sepultando a su paso las ruinas de lo que fue la floreciente ciudad colonial.

Ese mar de aguas empantanadas se precipitó con tal fuerza en las ruinas de la ciudad, que arrancó de cuajo la pila bautismal desguarnecida de las paredes del bautisterio de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación, para luego hacerla rodar barrio abajo y hundirla en el barro donde permaneció hasta que fue redescubierta durante la construcción del distribuidor de la autopista, muy cerca de lo que ahora es el Circuito Judicial Penal.

Es usual que algunos visitantes reposen sus manos y brazos en la pila bautismal, lo cual podría ocasionar en alguna ocasión el desplome de esta obra histórica. (Foto Magaly Martínez)
Es usual que algunos visitantes reposen sus manos y brazos en la pila bautismal, lo cual podría ocasionar en alguna ocasión el desplome de esta obra histórica. (Foto Magaly Martínez)

Más de ciento sesenta años pasaron para ser rescatada del olvido. Después sería llevada a la Iglesia San Rafael Arcángel. Allí, luego de dos años, al limpiarle varias capas de pintura descubrieron la inscripción: “Esta pila se hizo día 17 de diciembre de 1748 aun siendo mayordomo señor Barquilla a devoción de los hermanos", que cotejada después con los apuntes del Obispo Mariano Martí, se supo era la pila original de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación, que reinstalarían hacia el año de 1973 en las ruinas del bautisterio, sin actos especiales.

Desde entonces ha estado expuesta a los elementos de la naturaleza, siendo una heredad de incalculable valor para los sanfelipeños. Y esta realidad es lo que nos permite alegar la necesidad de proteger esta reliquia regional de los cientos de visitantes que sin querer perjudicar ese bien patrimonial afincan sus codos en esta pieza de mármol, y se sabe que en otras ocasiones sientan a los niños para tomarles fotografías, lo cual podría acarrear serios daños a su hermosa estructura.

Por tal motivo desde la Oficina del Cronista sugerimos protegerla mediante un cordón de seguridad con elementos decorativos que le otorguen realce a su vetusta estampa en el hermoso parque decretado Patrimonio Histórico de la Nación que alberga las ruinas por siempre santas de la ciudad de San Felipe “El Fuerte”; el lugar ideal que nos otorga ese grato sabor de identidad investida de yaracuyanidad para fortalecer nuestros corazones ante su majestuosa presencia, demarcada en una zona que disfrutamos como Parque Histórico Arqueológico que obliga a propios y visitantes a preservarlo como patrimonio fiel de gentilicio, al que entramos a través de un monumental portal que muestra en un nicho la imagen del Santo Patrono San Felipe.

Esperamos una pronta y positiva respuesta del Alcalde, de los ediles del Concejo municipal de San Felipe y de las autoridades de Inparques Yaracuy.