la lectura reafirma nuestra idiosincrasia y cultura

Los escritores yaracuyanos ameritamos el apoyo contunde de las fuerzas vivas de la región, del gobierno regional, municipal y nacional, así como de la empresa privada; apoyo que permitirá la perpetuidad de la cultura intelectual del Yaracuy, por lo que seguirá siendo el norte de quienes nos hemos dedicado a la cultura de la escritura para continuar batallando por eternizar el sentimiento regionalista de nuestros niños, jóvenes y aún de los mismos adultos, atendiendo más a la formación que a la información para inculcar valores de alto sentido regionalista, de moralidad, solidaridad, responsabilidad y trabajo.

Raúl Freytez / Foto: Magaly Martínez

Portada del libro Aguas lejanas
Portada del libro Aguas lejanas

Cuando ameritamos la presencia de un buen libro nos viene a la mente el precio que éste pueda tener, porque para nadie es un secreto los altos costos que implica la producción de materiales impresos. Pero es tan fuerte la necesidad de la lectura para quienes sentimos pasión por disfrutarla, que el gasto mismo que esto pueda conllevar nos hace nada o poca mella. Peor situación atraviesa el autor, y no solo por lograr la publicación de su obra, sino también por la grave ausencia de nuevos lectores abstraídos, encandilados, casi subyugados por el influjo de la televisión, la Internet y las redes sociales, es por ello que -Dios no lo permita- los libros y por ende la lectura, se están transformando en un objeto completamente infrecuente para las nuevas generaciones.

Es lamentable reconocer esta realidad, porque sólo imagínense que esta crisis de lectura vaya acompañada de la carencia de nuevos escritores y por lo tanto de productividad impresa. Y si a esta realidad se suma la inexistencia de los maestros, padres y representantes lectores, de inmediato se nota la escasa efectividad en el desarrollo de este valioso hábito en el alumno(a).

Cualquiera puede pensar que escribir es tarea fácil, cuando la verdad dista mucho de ser así. La labor intelectual amerita en cualquier caso del conocimiento de la obra a emprender y la investigación que ello conlleva, lo cual se transforma en muchas horas, días y hasta años de ardua labor para lograr el efecto deseado. Requiere de igual forma de una serie de ingredientes que permiten sazonar el contenido conceptual a través de un mensaje fresco, real o imaginario, del género que trate, bien sea literatura infantil, cuento, ensayo, novela, historia, crónica o poesía, pero fácil de entender con el aditivo que le otorga la belleza del diseño gráfico, desligándolo de esta forma total y absolutamente del vocablo “aburrimiento”.

En este aspecto vale destacar la acertada afirmación de Guillermo Morón en cuanto a que “el hombre dedicado a la faena de escribir pone en ella una de estas tres intenciones: 1) recordar; 2) recrear y 3) pensar. La significación de los tres verbos toma en ese orden hasta un rango valorativo en lo que  se refiere a la  labor  intelectual.  En  el primer caso –recordar-, se hace historia; en el segundo, se fundamenta literatura y en el tercero se aboca el escritor a la filosofía. La historia, la literatura y la filosofía son, efectivamente, los tres campos del quehacer más propicio para un escritor”.

Más que un pasatiempo es un oficio serio

Por tanto, escribir, más que un pasatiempo es un oficio serio, una tarea agradablemente fértil que ya nadie quiere asumir, y que, aunado a los actuales costos de edición, inciden en forma notable a que paulatinamente muchas obras se mantengan inéditas, escondidas en los cajones de sus creadores. En alguna ocasión el Ateneo de San Felipe, el Centro Experimental de Talleres Artísticos (CETA) y el Instituto de Cultura del estado Yaracuy (ICEY), apoyaron la publicación  de valiosas obras literarias, lo cual impidió convertirnos en huérfanos de apoyo financiero, pero aún así ha sido insuficiente. De modo que hacer un libro no es cosa fácil, e impedir por mandato del intelecto que las manos tecleen presurosas con la fuerza del signo, es aún más difícil. De ahí la voluntad que muchos tenemos al continuar en esta dura lucha porque no desaparezcan los libros de grata lectura, y menos aún aquellas obras cuyo contenido tenga relación directa con nuestra identidad regional.

Por suerte, Yaracuy cuenta con aquilatados talentos en la versada pluma de Cruz Ramón Galíndez, Horacio Elorza Garrido, Héctor Camacho Aular, Carlos Álvarez Amengual, Orlando Barreto, Lázaro Álvarez, Gabriel, Ennio e Israel Giménez Emán, Humberto Monserrat Díaz, William Ojeda García y Belky Montilla, entre muchos intelectuales.

En este aspecto permítanme referirme al libro de historia regional que titulé “Aguas Lejanas, el cual deseo compartir con ustedes dada la  significación en cuanto a que el coterráneo Gilberto Antolinez, en sus rastreos a lo largo de diversos dialectos indígenas emparentados con las lenguas primitivas de los que poblaban el Valle, indicó que Yaracuy significa “Coger aguas muy lejos”, mientras que Manuel Rodríguez Cárdenas manifestó que, según esa búsqueda, y en “esa contradicción de llamar aguas lejanas las que van por un río, ya se está viendo la índole caprichosa, aún en el origen racial de los yaracuyanos. Pero aguas lejanas o aguas próximas, nombre de indio, o de un río, sea cual fuere el sentido que se le quiera dar, Yaracuy pertenece no sólo a la geografía de Venezuela, sino que implica una dimensión emocional, señala una modalidad espiritual...”

La lectura aviva el sentimiento de identidad en la edad escolar y renueva el sentido de pertenencia de los valores y de nuestra cultura
La lectura aviva el sentimiento de identidad en la edad escolar y renueva el sentido de pertenencia de los valores y de nuestra cultura

Así pues que, cuando asumí la responsabilidad de escribir sobre los inicios del estado Yaracuy, basé mi apreciación en la necesidad que existe de este tipo de material impreso, toda vez que he observado con profunda tristeza cómo se ha ido debilitando el conocimiento de nuestra identidad regional. Eso me hizo escribir en la forma en que tuve la oportunidad de aprenderla, allá por el año 73 en mis estudios de secundaria con la profesora Carmen Dudamell. Recuerdo entonces que los 45 minutos de la Historia de Venezuela que impartía, se convertían en 90 minutos y más, por el tratamiento tan especial de enseñarnos los confines de la Historia Patria, semejando más bien una charla amena que obligaba a olvidarse del tiempo transcurrido, ensimismado cada quien en la historia que ella convertía en cuento agradable, y así quise contarla.

Realidad bajo el influjo de la imaginación

Debo confesar que quise emular en cierta forma ese positivo concepto a través de los signos que me son propios, a lo cual solo añadí mi óptica de escudriñador de libros viejos. Lo demás lo compaginé con la historia verídica envuelta en fábula, sin incurrir en alguna ligereza de afirmación contundente en mi manera de sentirla, con la pasión y el amor que le profeso a esta tierra, sumergiéndome en la historia misma de aquel Yaracuy prehispánico, en el que los indígenas de diferentes naciones autóctonas, vivieron disfrutando de las bondades que pródigamente les brindaba la naturaleza. Tiempo éste misterioso y encantado que dio origen a diferentes mitos y leyendas enriqueciendo el patrimonio de esta tierra por siempre bella. Una historia que versa sobre el cambio brusco en el proceso de la conquista a la llegada de Nicolás Federmann, entre otras incursiones invasoras, incluso mucho antes de que ibero alguno mancillara el vasto Continente Americano y que finalmente descubriera el almirante genovés Cristóbal Colón.

Y en este aspecto fui más ambicioso, porque quise penetrar el sentimiento de los personajes principales del libro, dándoles vida, animándolos a que nos contaran sus vivencias a través del influjo de la imaginación, eso sí, bajo un proceso de investigación y estudio donde la prosa compaginara con la historia en comunión literaria, sin dejar escapar detalles importantes, desvirtuar ni adulterar todo lo que tuvo y tiene que ver con nuestro gentilicio, en fiel testimonio a las futuras generaciones, para que una vez editado nos proyecte a través de la lectura como una región rica en leyendas, costumbres y mitos.

Eternizar el sentimiento regionalista

Aguas Lejanas nos presenta de igual modo a un Yaracuy colonial, mostrando cada región desde un punto de vista natural, con las costumbres y vivencias de cada rincón de sus pueblos; un libro presto a servir de embajador ilustrativo de nuestra historia, representando una obra de notoria necesidad por la poca bibliografía existente en la materia, envueltas sus páginas en una narrativa dinámica e imaginativa, agradablemente ilustradas con el prisma del diseño artístico de Amparo Garrido Rivas, autora de la bandera azul, blanco y rojo que nos identifica.

Su diseño se encuentra enmarcado en una presentación gráfica con portada en Kromocote, tapa rústica, formato 15 x 22 cms., en papel bond de 20 gramos; texto en fuente New York en tipo de 10 puntos y portadillas internas con detalles gráficos; capitulares al inicio de textos como referencia decorativa en perfecto equilibrio y consonancia con el tipo de letra escogida, hermoseadas sus páginas de tal forma que visualmente el lector sentirá atracción por la armonía entre los espacios blancos y las manchas de los textos, contando además con la garantía de excelentes fotografías en la lente de los premiados periodistas gráficos Wiston Durán y Rubén Anzola Martínez.

No concluiré sin antes destacar que los escritores yaracuyanos ameritamos el apoyo contunde de las fuerzas vivas de la región, del gobierno regional, municipal y nacional, así como de la empresa privada; apoyo que permitirá la perpetuidad de la cultura intelectual del Yaracuy, por lo que seguirá siendo el norte de quienes nos hemos dedicado a la cultura de la escritura para continuar batallando por eternizar el sentimiento regionalista de nuestros niños, jóvenes y aún de los mismos adultos, atendiendo más a la formación que a la información para inculcar valores de alto sentido regionalista, de moralidad, solidaridad, responsabilidad y trabajo. Pluma y lira, moral y luces; la historia impresa siempre viva. Con la lectura podemos reafirmar nuestra idiosincrasia y cultura, aún más si ésta tiene el tinte que otorga la hermandad de las aguas lejanas que nos identifican. El tiempo terminará dándonos la razón para continuar en nuestro oficio de escribir perpetuando en las letras, la historia de nuestro Yaracuy.