La fotografía es la crónica perfecta para revivir recuerdos

Las fotografías son hojas de vida que tienen su propia expresión en ópticas que pueden ayudarnos a entender la cotidianidad de los pueblos. Tienen una misión invalorable y todo ese cúmulo de recuerdos graficados es lo que por alguna razón merecen trascender en todos los tiempos.

William Ojeda García

La 6ta Avenida en el San Felipe de 1953 ya con la presencia de una que otra firma comercial
La 6ta Avenida en el San Felipe de 1953 ya con la presencia de una que otra firma comercial

Pequeñas y grandes historias pudieran encontrarse en fotografías de tiempos que nunca se olvidan. Son imágenes que graban vivencias  de la tierra que no se aparta de nosotros. Ni nosotros de ella. Son relatos visuales como tantos detalles sagrados de la ciudad y sus habitantes, porque en ellas se dibujan los recuerdos de la historia. Recuerdos, sentimientos y nostalgia en retinas que a pesar de las bravuconerías del tiempo expresan todo lo que tienen.

Nos damos cuenta que las fotografías forman parte del baúl de la remembranza y una de las mejores formas de contar la historia. El documento gráfico no miente ni engaña; es objetivo que no se esconde, es palpable y serio. Demuestran que tenemos derecho a la memoria, preservarla y enriquecerla. Ellas, casi diluidas pero no entregadas al olvido, soportan la corrosión de los años y están allí para enseñarnos y hacernos comprender muchas cosas. La fotografía es la crónica perfecta para revivir recuerdos.

Las bellas mujeres del San Felipe de todos los tiempos en el año 1957
Las bellas mujeres del San Felipe de todos los tiempos en el año 1957

Las fotografías son hojas de vida que tienen su propia expresión en ópticas que pueden ayudarnos a entender la cotidianidad de los pueblos. Tienen una misión invalorable y todo ese cúmulo de recuerdos graficados es lo que por alguna razón merecen trascender en todos los tiempos. Las imágenes se salen de las escondidas para irse volando como puñado de antologías para el reencuentro fraternal en cualquier lugar del mundo. Como ahora, a través de los hilos de la tecnología que ofrece este medio. Una inquietud para hacerla crónica en exposición de recuerdos porque San Felipe es la idea más exquisita para un relato en espejo de su propia vida. No la podemos sacar de nada, pues ni siquiera la hecatombe de 1812 la pudo limitar. Y aquí están en cuerpo presente, en algún momento captaron episodios para verse en los días. Son cuadritos de vivencias congeladas para siempre. No son mudas, hablan por sí solas. Ni tartamudean. Expresan reflejos mirándonos a los ojos. Tienen sus tristezas y tienen sus alegrías. Abordan un lenguaje permanente revelador de acontecimientos imborrables. Por eso viven, porque no queman los tiempos.

Seccion del Cuerpo de Policia en acto religioso frente a la imponente Iglesia Matriz de San Felipe en 1930
Seccion del Cuerpo de Policia en acto religioso frente a la imponente Iglesia Matriz de San Felipe en 1930

Y las imágenes sobreviven en la ciudad santificada por algún apóstol que aun espera la multiplicación de los panes en sus barrios pobres donde abunda el leguyerismo cabildante, hueco, en tiempos de zancadilla electoral donde elegidos o por meterse voltean el rostro ante la agonía del sufrido. Pero la ciudad se resiste a la vorágine hambrienta de la promesa inocua, tal como lo ha hecho contra toda tempestad intentando lastimarla que ni la furia de la naturaleza y menos la maldición de algún pastor loco pudo apagar su aliento de lucha.

Ya ni las serenatas ni los contertulios en zaguanes, solares, plazas o frente a humildes casitas como se acostumbraba desde hace rato, desaparecieron porque la plaga delictiva impuso su propia ley. Ni bajan de los cerros los arreos con los frutos de la tierra para hacerse vida y esperanza de los hombres pobres de ilusiones.

Están estas y tantas imágenes para compartirlas con cariño con nuestra gente, en cualquier lugar del mundo. Hay un patrimonio de cariño, de solidaridad. Con sus calles, casitas, sus paisajes, sus personajes y sus hermosas mujeres como flores de mayo podremos apreciar focos asomándose desde este rincón para que viajen con la brisa por todos los lugares posibles. En ellas estará la ciudad con su bondad que siempre nos ofrece. Y nosotros iremos hacia ella, estemos donde estemos, como la madre que todo nos entrega con amor. Y con gratitud, afecto y honor aceptamos ser sus hijos e hijas. No porque sea grande o porque sea pequeña, sino porque ¡es nuestra!  

Antigua Plaza Bolívar y Palacio de Gobierno
Antigua Plaza Bolívar y Palacio de Gobierno