63 años ofreciendo esas cosas que siempre hacen falta en casa 

Jorge Eustaquio MUjica, el oficio de bodeguero

Gracias al interés por el mundo del comercio un 23 agosto de 1951 en San Pablo, municipio Arístides Bastidas, don Jorge decidió habilitar un espacio de su casa para montar una pequeña bodega, la cual 63 años después contribuyó a levantar una numerosa familia conformada por 13 hijos, 48 nietos, 40 bisnietos y dos tataranietos.

Lorena Pulido / Fotos: Magaly Martínez 

Con cada puesta del alba, don Jorge Eustaquio Mujica abre las puertas de su remoto negocio, bodega “La Veterana” ubicada en el pueblo de San Pablo del municipio Arístides Bastidas en el estado Yaracuy, y que guarda un sinfín de anécdotas que alguna vez protagonizaron los habitantes de la región, quienes hoy por hoy certifican que la bodega de Jorge es la mejor de la zona, pues ha ofrecido por más de 60 años gran variedad de productos y enseres.

Hasta la fecha, se suman 63 años de ardua labor, tiempo en el cual don Jorge ha podido levantar a su numerosa familia, conformada por su esposa Eva María Martínez de Mújica y sus seis hijos. Además contribuyó en la formación de siete hijos más, 48 nietos, 40 bisnietos y y dos tataranietos, que hoy son el amor de su vida.

Su rol de padre de familia ha sido recompensado con el amor de su esposa, hijos y nietos, pues a pesar de atender la bodega para cumplir con sus obligaciones comerciales, jamás ha abandonado el calor del hogar. “Me siento orgulloso de la familia que Dios me regaló, han sido comprensibles y amorosos. A pesar, de que a los siete hijos que tuve fuera del matrimonio no los mantuve como haya querido, los ayudé en lo que pude. Los quiero y me gusta que me tomen en cuenta como su papa”, destacó.

“El 23 de agosto de 1951 compré la bodega y al poco tiempo me fui a pagar servicio militar a los 19 años, por lo que dejé la bodega a cargo de mi padre por un año, tiempo de duración pagando servicio militar, en ese tiempo se vendía todo tipo de todos víveres, ¡qué no se vendía!: alpargatas de gomas y de suela, sombreros, enjalma de burro, limas, machetes, alambre, clavos, cables, arepas solas; se detallaba medio de mantequilla, porque venían en una lata, también la manteca vegetal, la harina Pronto que costaba un bolívar, café El Viejito y Flor de Patria. La gente compraba las grapas, más que todo las personas que tenían potrero y se comerciaba algunos productos a cambio de huevos criollos”.

Negocio que pasará de generación en generación

A sus 85 años de edad y luego de haber levantado “de sol a sol” a su más preciado tesoro, don Jorge nos contó que uno de sus anhelos consiste en que su negocio siga en manos de la familia Mujica, pues con ello las nuevas generaciones seguirán incursionando en este ámbito y contribuirá en su crecimiento personal y sean ciudadanos de altura.

“Esta bodega me ha enseñado mucho, por ejemplo me ha ayudado a conocer la forma en que se debe tratar las personas, una de las situaciones más difíciles en la vida y muchas otras más. En estos momentos he tomado el negocio como un ‘hobby’  lo atiendo en la mañana y en la tarde viene un hijo a ayudarme, eso es lo que quiero para ellos, que sean muchachos de bien”, aseveró.

Estrategias gerenciales

Como todo un empresario, don Jorge nos explicó que una de las estrategias que empleaba anteriormente era el de “el vale” que consistía en la recaudación de granos de caraotas que luego se canjeaban por productos.

“Cada cliente tenía su pote donde depositaban un grano por compra y luego se cambiaban por algún producto en especial que ellos querían. A la gente le encantaba. También fiábamos pero debido a la situación ya eso pasó de moda”, manifestó.

Los años no le pesan pues los ha vivido con orgullo y amor por su familia y sus acciones siempre han sido para el bien de sus semejantes lo que le ha hecho acreedor del aprecio de sus vecinos en San Pablo y le mantienen siempre activo con ganas de luchar, y así espera seguir adelante durante varios años más, pues la labor que un buen día emprendió le ha dado todos los frutos que siempre deseó.

Hasta la fecha, se suman 63 años de ardua labor en la Bodega La Veterana
Hasta la fecha, se suman 63 años de ardua labor en la Bodega La Veterana

De todo como en bodega

Las bodegas eran pequeños espacios mercantiles donde el dueño de la casa era generalmente el bodeguero, siempre amigo de todos y reconocido en el vecindario por mantener todo tipo de artículos de primera necesidad para el hogar y productos difíciles de conseguir en otros locales. Desde alfileres y botones hasta pastillas Commel para aplacar el dolor de cabeza, cuadernos Caribe doble línea, cuadriculado, de dibujo; lápices, sacapuntas, borradores, pega Ega, cera Stick para calmar el dolor de muelas; chicharrones frescos, cafenol, manteca de culebra ciega para curar la artritis; velas de sebo, mentol David y Vickvaporú, creolina, caramelos de coco; catalinas, papelón, pan canilla, canta y no llora, kerosén, gofio; cigarrillos Lido, Marlboro, Lucky Strike, Cónsul, Belmont; conservas de coco, cortaos, templón, caramelos saca muelas, pastillas Vic, chimó, tabacos, velas de cera, lavanda Atkinson; aceite de coco especial para combatir las liendras de los piojos, colita Dumbo y Green Spot, aceite de ricino para combatir las lombrices, chicha A-1; queso blanco de año, huevos, mortadela burrera, caramelos Vaca vieja, chicle Papaúpa; caramelos de barrilete, leche Klim y Nido; crema de arroz Polly, mantequilla Brum, Manteca los tres cochinitos y todo tipo de granos: caraotas negras, frijoles, quinchoncho verde y seco, garbanzos, lentejas, arvejas, así como verduras y aliños frescos. Aparte de todas esas cosas, vendían pelotas de goma, perinolas, trompos, triquitraques, metras, ligas para hacer fondas; peines, peinetas, brillantina para el cabello, máquinas de afeitar con sus respectivas hojillas schick o Gillette; shampoo de huevo, repuestos para bicicletas, cuadros y manubrios; tripas, cauchos, rayos y parchos. Y la transacción era: “buenas don Jorge, por favor deme medio de queso, una locha de pan y un real de mortadela. Ah, y me da la ñapa, mioyó?”.

“Hoy en día los asiáticos le quitan las ventas a las bodegas y la inseguridad obliga a los distribuidores a no despachar a las bodegas que se encuentran en los caseríos, tenemos que buscar la manera de salir a buscar la mercancía para surtir la bodega. Antes dejaban los víveres los lunes y venían los sábados a cobrar, ahora no se ve eso. A Jorge lo conocían mucho por la venta del queso. Anteriormente se vendía el queso de verdad”, aseguró Don Jorge.

Don Jorge Eustaquio afirma con orgullo que la bodega le ha enseñado mucho, “por ejemplo me ha ayudado a conocer la forma en que se deben tratar las personas, una de las realidades más difíciles en la vida para llevarse bien con todos bajo el respeto, el aprecio y la consideración”. Recuerda que “en esos tiempos se podía fiar a la gente porque todos pagaban a tiempo para que les volvieran a fiar y hacían compras de cuatro y hasta de diez bolívares de plata, un platero para entonces. Otra de las estrategias de venta que usaba era la del vale, que consistía en la recaudación de granos de caraotas que luego se canjeaban por productos, y era costumbre que los clientes exigieran la ñapa luego de hacer sus compras, pero ahora en estos tiempos eso ya no se puede hacer”.