Horacio Elorza: “En el Parque Junín me fui formando entre juegos y costumbres”

Horacio Elorza nos hizo un recorrido por el pasado emblemático de San Felipe, el lugar de encuentros y costumbres, de vivencias de los diversos personajes alegóricos de aquellos tiempos en los que “los días rendían mucho”. 

Hendy Morales / Fotos: Eduardo Arriechi

Quinta Avenida de San Felipe frente al Parque Junin 1953
Quinta Avenida de San Felipe frente al Parque Junin 1953

El cronista y abogado Jesús Horacio Elorza Garrido, oriundo del municipio Sucre, nació en el año 1941. “Los días de mi infancia eran solamente ir a la escuela, en la mañana o en la tarde y aún así quedaba tiempo para ir al Parque Junín”. Dijo el cronista al inicio de este viaje por los recuerdos de una época que marcó su vida con una representación memorial.  

Nos trasladó hacia el Bar El Avión, el cual pertenecía a su padre, lugar que fue uno de los ambientes durante su adolescencia para relacionarse con la gente del pueblo.

“En esa época también comencé a hacer deportes y al saber de ellos se fue incrementando aquel nivel de comunicación con personajes de diversas categorías”.

Elorza se fue acostumbrando, con todos estos acontecimientos, a ser colaborador en diarios y revistas del círculo de periodistas deportivos, “cuando solicitaban a alguna persona para que se encargara de algo, uno estaba ahí, y si lo hacía bien se quedaba como colaborador, eso trajo como consecuencia que tuviera como maestros personajes como Amado Navas Miralles, Efraín Guevara, y otros tantos más de la AVP”.

Y así continuó esta carrera deportiva con la colaboración de Fernando Sedano laborando en El Diario Por qué y Barra deportiva.  

Lo que motivó a Elorza a escribir su primera columna

En este traslado por el tiempo el cronista nos cuenta que un día, un dirigente político, cansado u obstinado de los escritos del yaracuyano Cruz Ramón Galíndez, caracterizados por ser directos, lo agredió en el famoso Hotel Valle Verde, el cual quedaba en las adyacencias de la Plaza Bolívar de San Felipe. Toda esta escena motivó a Horacio a escribir su primera columna.

Fue en los años 60 cuando escribió un artículo denominado “Ayer fue Leo, hoy Cruz Ramón Galíndez, mañana quién será”. Donde hacía una comparación  entre la agresión contra el famoso periodista venezolano con la de Galíndez.

“Fue un bautizo y pareciera que me hubiesen inyectado la tinta en la sangre”. Asegura Elorza mientras recuerda su inicio en la crónica que lo llevó a contar los acontecimientos de actualidad de aquellos dirigentes políticos en diarios regionales como Yaracuy Al Día, El Yaracuyano y en la radio Yurubí 106.5FM con la compañía de Juancho Martínez  en el programa Bitácora, el cual tuvo mucha aceptación.

El cuaderno de recuerdos que iba a volcar a través de la Bitácora

Cansado de lo mecánico que se convirtió la política para Horacio, se apartó de ella para dedicarse a la crónica costumbrista, empezando a escribir en su cuaderno de recuerdos, una columna que también llamó Bitácora, publicada cada sábado en algunos diarios para ser recolectadas.

Luis Alcina, amigo ya fallecido del cronista, un día se acercó y le dijo “una vez leí que cada quien tiene un grado de inteligencia oculto, que lo consigue en cualquier momento y tú conseguiste el tuyo”; aquellas palabras llamaron la atención de Elorza y empezó a intercambiar ideas con su amigo, llegando a la conclusión de lo interesante que sería seleccionar aquellas crónicas que agradaban tanto.

El tremendísimo
El tremendísimo

Cada región tiene sus personajes

Muy pronto iniciará el recorrido por esos emblemáticos personajes populares; Horacio, con la frase de una publicidad de aquel tiempo “cada región tiene su nombre”, empezó a comparar, y pensó “cada región tiene sus personajes”.

“Los personajes son los mismos en cada región de Venezuela, lo que cambian son los nombres, pero los personajes populares existen en todos los rincones del país”, aseguró Elorza.

Julio Tota “cariñoso como él, nadie”

En la época de Elorza, desde su infancia, el personaje central fue Julio Tota, un hombre humilde, de contextura fuerte y alto, con pantalones “brinca pozos” (caquis) y franela.

Comenta Horacio entre risas y recuerdos, que Julio Tota, causaba impresión por todo el pueblo sanfelipeño gracias a su contextura; “pero era un hombre, de lo más humilde, con cierta discapacidad mental, muy cariñoso y acostumbraba a abrazar a  la gente, él me decía Chicho Chicho bendición, por un tío que tenía, llegaba y me daba un beso”.

Cuando la gente le preguntaba cuál era su nombre, él decía: Julio Tota (Julio Sosa), porque “cambiaba la s por la t, él mismo porque no sabía hablar muy bien”.  

“Lo malo es que en ocasiones este personaje si se tomaba un trago de ron, se tornaba violento. A veces se necesitaban de cuatro a ocho policías para poderlo dominar, porque era muy fuerte; pero era gente malsana que sabiendo que el alcohol le producía eso, le daban para tomar, pero en líneas generales era un buen hombre”. 

Julio Tota
Julio Tota

“Ay Curuju, me picó el sancú”

Del mismo Parque Junín, Horacio nos contó de aquella mujer que moraba en la esquina sur: Aura Marina. El Lema coloquial de esta fémina,  “Ay Curuju, me picó el sancú”, era escuchado por la gente mientras ella se paraba en una pared de la casa de la familia Lucena.

Esta frase de Aura Marina se debe, nos dice Horacio, a que “como cada loca, se consigue su loco”, se consiguió a alguien con la misma condición que ella, y este la embarazó, de él poco se conoce.  

“Cuando ella se veía aquella barriga, no entendía muy bien lo que le había sucedido, entonces quería decir que le picó un sancudo, nadie sabe que sucedió con ese muchacho que iba a tener”.

La costumbre de esta mujer, era que le daban medio y se levantaba la falda sin usar ropa interior. “te podrás imaginar como los muchachos empezaban a buscar medios para que ella lo hiciera, pero por cosas de muchachos al fin, aunque también los adultos lo hacían, sin mala intención, solamente cuestiones de muchachos” aseguró el cronista.

“Otro tan popular como Aura Marina, era el Capitán Pisasela”

José Domingo Urrutia era el nombre de aquel andino que llegó al Parque Junín y pasó a ser un yaracuyano más, vendedor de billetes de lotería. “Pero uno muchacho, uno siempre se preguntaba, pero bueno ¿De qué vivirá el Capitán Písasela?, ¿Cómo vende un billete de loterías?, porque él pasaba por el Parque Junín y venía por la quinta avenida luego paraba en la cuarta y nadie sabía como llegaba en fracciones de segundo”.

Písasela es comparando la frase “pisa la chola” cuando se quiere que un carro corra rápido. “uno le decía ¡Capitán! ¡Capitán! y él seguía con su paso apresurado vestido con su paltó y sus billetes de lotería”.

No se sabe porque razón al Capitán Písasela le amputaron una pierna y empezó a utilizar muletas, “bueno el Capitán Písasela, si caminaba rápido con las dos piernas, con una lo hacía más rápido todavía, no se cómo hacía, pero con esas muletas, ¡volaba!” Elorza dice que eso contribuyó a que se formara una gran de popularidad.

Enma, La Mediecito
Enma, La Mediecito

El popularísimo Jai, Jai

“Era un hombre muy descuidado, con la ropa sucia, llegaba registraba en la basura cualquier cosa y se lo comía; y decía: “jai, jai, pupú”, sabía que estaba comiendo suciedades… y eso también le ganó el apodo”, dice el cronista en esta memoria, haciéndonos viajar a través del tiempo.

Bueno Jai Jai ese fue, popularísimo, uff” asegura Elorza; y nos sigue relatando que con el tiempo vino un hermano de Jai Jai al parque Junín que lo apodaron igual, y Jai Jai (el original) posteriormente se llamó el Camello”.

Jai Jai (hermano del original Jai Jai ahora apodado Camello), era prácticamente igual, pero lo llevaron a la recluta y “regresó totalmente transformado, corpulento, fuerte, y se hizo caletero, vivió siempre de eso, cargando cemento”.

“Pásame un  tremendísimo medio ahí”

El Tremendísimo es el apodo de aquel hombre de apellido Vadel, “le llamaban así porque llegaba al parque y decía pásame un tremendo medio, pásame un tremendo real, y todo lo adaptaba con el tremendo”, nos contó Horacio.  

Juan Rubén
Juan Rubén

Lo emotivo y amoroso del Parque Junín

Entre las palabras de Horacio, cuando nos cuenta acerca de estos personajes, no podía falta aquel que representó el aspecto emotivo y amoroso de este público lugar: Elvira, quien tenía más de 70 años, llegaba al parque para alegrar la tarde de niños y jóvenes que corrían hacia sus brazos para probar los pequeños dulces que elaboraba en una bodega de madera. “Elvira se enrollaba un paño y se montaba una bandeja de madera con los dulces criollos en la cabeza, se sentaba en la calle 15 con quinta avenida y salían los niños corriendo para comer suspiros, “era una viejita muy cariñosa, y nos contaba anécdotas de su vida”. Para el cronista ella fue el emblema amoroso del Parque Junín.

“Chicha La Nieve”

El chichero de apellido Camacaro se acercaba al parque con su popular carrito con el nombre “Chicha La nieve”, lo cual trae a la memoria de Horacio los momentos en los que compartía y corría con sus amigos de infancia,  jugando con una pelota elaborada con los vasos de plástico de esta bebida, “los niños le decían la mía me la da sin hielo, para luego pedir una ñapa” comenta entre risas Elorza.

El Coquero

En la otra esquina se paraba el Coquero con su carro lleno de cocos de agua, era Juan Francisco Parra, quien vendía sobre todo en semana santa los cocos “para echar coco para la pega de coco, donde dos contrincantes, cada uno con su coco, uno debe aguantar y el otro, que es el atacante golpeaba, y así sucesivamente , hasta que alguno se reventara,  y el que reventara el coco gana; entre los mayores hacían sus apuestas por 1 bolívar, que era mucha plata para ese entonces, el atractivo era que te daban el coco para tomar el agua, te lo llevabas a la casa para hacer el arroz con coco en Semana Santa”.

Otros personajes que se hicieron presentes en este recorrido

“Por la periferia habían otras personas que las llamaban invidentes, ellos tenían sus mañas y problemas visuales”. Recordando una pareja que de vez en cuando recorría el Parque Junín.

“Apaga la vela”, fue Teófilo Tamayo, vendedor de billetes de lotería “lo compraban  en quinticos y hubo gente que hacía cuadros ciegos de 5 y 6 que elaboraba la asociación  de ciegos y la vendían a 5 para ganarle un bolívar”.

“El Chigüire” se dedicaba al cuadro ciego, tenía problemas de indigencia, ellos se iban a Caracas a vender cuentas de la venta, y una vez en la Plaza Miranda se paraba alguien le decían Chigüire y él respondía: “de San Felipe debei sé”.

“La señora de los Chivos”,  siempre estaba por el Hotel Valle Verde, “ella pedía limosna, alguien la delató diciendo ¿como es posible que tenga chivos, y pida limosna? Ya que decían que ella tenía un lugar donde reservaba los chivos, lo que representaba una buena situación económica.

En la bodega “Pedro Joaquín Rabán”

José Gregorio Alvarado, un caballero muy respetado que atendía la bodega de la calle 14 llamada  “Pedro Joaquín Rabán”, pero si bebía era trasformado, grosero y vulgar;  decía “si vienes armado… pele…” con un lenguaje grosero y ofensivo.

Horacio nos contó la anécdota de que José Gregorio bajo una vez por la calle trece diciendo que había estado con todas las mujeres de la cuadra,  gritando “a todas las mujeres de esta cuadra me las he pe…” en eso se encuentra la Señora Montañés, más o menos de 80 años, en la ventana diciendo “menos a mí José Gregorio” y él le respondió “usted fue la primera”, palabras que recorrieron las calles sanfelipeñas en ese entonces.  

Otro de los personajes folklóricos fue Valoís, hombre humilde, trabajador con su discapacidad mental, con una altura de 2 metros y muy fuerte; “él recogía perros muertos de la calle que eran envenenados.  Y decía “chol” en vez de Sol. Pronunciaba con dificultad las palabras que tenían s.  Un día bajó por la calle 13 y viene subiendo una Señora en estado y él dice “a buen cholazo”, (queriendo decir a buen solazo) y la mujer se molestó en gran manera, tanto que lo denunció, quedando éste preso por pocas horas”.

Pavo Relleno era el apodo de Santiago Brito, quien “tenía mucha barba, sombrero y paltó, trabajaba con electricidad  y le pegó corriente una vez. Debajo del paltó cargaba siempre flejes de hierro que reunía y se los ponía para contrarrestar la electricidad, pasaba cercano a un poste y se quedaba pegado, le decían pavo relleno por el hierro debajo del paltó”

“Todos estos personajes llegaron a recaer sobre Juan Rubén”

“El hobbie de Juan Rubén era ir a las calles boceando los acontecimientos, repitiendo todo lo que le decían por todas las calles de San Felipe caminando, luego lo hizo con un megáfono, que fue producto de un gesto por parte de Lorenzo (el del gallo)  un puesto de ventas de revistas y periódicos que habían en el Hotel Valle Verde; por la lengua de Lorenzo todos los del pueblo se enteraban de los acontecimientos”, así fue que este hombre decidió comprarle un megáfono a Juan Rubén… su apellido era Badel.

También se conocieron más personajes de esa época como El Culeco, El Turpial, Trino “Robe Gallina” Cielito  lindo, Enma la radiecito, quien siempre andaba con un radio. Y así culminó este viaje de memorias de Horacio Elorza Garrido.