En busca del San Benito de jabón y su devoción

Los anhelos de conocer cómo sería el estilo en Jabón, nos emocionaba mucho más, ya de antemano por un amigo residente del lugar, quien por cierto sería nuestro “enlace” o “amarre”, como le llamamos culturalmente a los contactos comunitarios.

 Luis Alfredo Valles Silva

San Benito de Jabón
San Benito de Jabón

 

Tratando de conocer la tradición y devoción que le profesan a San Benito de Palermo, el Santo Negro, el Moro como también es conocido en algunas latitudes, el muy venerado en tierras trujillanas, merideñas y zulianas en el occidente de Venezuela, cuya devoción popular también se evidencia en un pintoresco pueblito escondido en el municipio Torres del estado Lara, un pueblo de clima muy fresco, casi que frío, pegadito a Trujillo, desde donde se asegura llegó la tradición.

Ciertamente se dice que de Carache de Trujillo, un devoto llevó esa expresión popular a Jabón; se sustenta el nombre que le dan a esta comunidad de Jabón en varias versiones, unos aseguran que el nombre se debe a que muchos años atrás, cuando aún no había llegado el pavimento o asfaltado al lugar, con las frecuentes lluvias sus caminos y laderas eran muy resbaladizos y en uno de ellos un sacerdote, de los primeros en llegar al recién fundado pueblito, resbalo y calló. Al levantarse tras refunfuñar comentó: “Este pueblo es de Jabón”; según a partir de allí comenzó a ser nombrado como tal; otros aseguran que es debido a la existencia en abundancia de árboles de parapara, cuyas semillas se empleaban antiguamente como jabón para lavar la ropa, de allí que se decía: “en el pueblo de árboles de jabón, el pueblo de Jabón…, hasta quedar popularmente llamado así.

A este pueblo de Jabón llegué acompañado del buen amigo Richar López, también amante de las festividades tradicionales de nuestra Venezuela folclórica, quien desde la localidad de Palito Blanco de la Trinidad, el día sábado diecinueve de octubre, antes de las nueve de la mañana pasó buscándome por mi residencia en Independencia de Yaracuy.

Al poco tiempo salimos en nuestra aventura, una de las tantas realizadas y que esperamos no sea la última; a las diez y media ya estábamos en Barquisimeto, desde cuya ciudad, específicamente del terminal de pasajeros salen los buses, uno que emprende su viaje directo a Jabón, sale a la una de la tarde, ya luego de esa hora es necesario tomar otros que salen con cierta periodicidad, pero los cuales solo llegan hasta San Pedro de Barbacoas, pueblo anterior algo distante y desde donde deben tomarse los rústicos que lo trasladan a uno hasta el propio pueblo de Jabón, en esa ocasión tuvimos la suerte que el bus comenzó a embarcar los pasajeros desde antes de las doce del mediodía y el mismo completó su carga incluso antes de la una, por esa razón salimos con bastante antelación, casi una hora ahorrada de tiempo.

Los creyentes pasean a San Benito de Jabón
Los creyentes pasean a San Benito de Jabón

El camino se nos hizo sumamente corto, ello debido a que íbamos amenamente conversando de asuntos relacionados con las festividades del Santo Negro San Benito, de quien hemos visitado sus festividades en casi todos los pueblos de nuestra patria en donde se le honra espléndidamente.

Los anhelos de conocer cómo sería el estilo en Jabón, nos emocionaba mucho más, ya de antemano por un amigo residente del lugar, quien por cierto sería nuestro “enlace” o “amarre”, como le llamamos culturalmente a los contactos comunitarios, tenía conocimientos de que la diferencia más significativa que tenían ellos con el vecino pueblo de Trujillo era que se hacían ocho sones o partes en secuencia y los cuales eran cantados todos, ello mentalmente me hacía ubicarlo en semejanza con la modalidad de los pueblos de la región Sur del Lago de Maracaibo, en donde se ejecutan hasta ocho sones pero no cantados lo que me llevaba a dudar enormemente, asimismo me ponía a visionar los ocho sones de San Antonio de Padua y me inducía a pensar si sería, por la razón de ser larense, similar a los son sones del Tamunangue?

Aquello me intrigaba enormemente, ante tal ansiedad el amigo Richar, me alentaba diciéndome que esperásemos llegar a la comunidad. Al llegar a la Plaza Bolívar del pueblo, lugar que habíamos seleccionado previamente vía telefónica con mi amigo Félix Edihtson Alvarado como sitio de encuentro, allí lo encontramos, estaba con un grupo de docentes investigadores, rato antes llegados desde el Estado Mérida, y quienes como nosotros andaban tras la pista de la festividad tradicional local; luego de los rigurosos saludos y de que el anfitrión nos ubicase en la acogedora posada, la cual por cierto está ubicada diagonal a la Plaza del pueblo, todos alegremente nos trasladamos hasta la residencia de la Familia del Señor que trajo la Devoción de San Benito de Palermo a Jabón de Lara; por cierto en dicha casa se encuentra la venerada imagen de San Benito de Palermo, una antigua talla en madera policromada de unos diez centímetros de longitud, no está elaborada en Jabón, como muchos creen; allí en un ameno compartir donde no faltó la ejecución, tanto musical como danzaria, de los muy anhelados sones, conocimos de la fuente directa, es decir de los propios cultores de la manifestación, quienes poco a poco fueron acercándose al lugar, todos o por lo menos casi todos los aspectos que le dan fisonomía particular al “San Benito de Jabón”.